Ed Barner observaba el edificio con rostro inexpresivo. La noche era fría y el viento soplaba en su contra. Sus rasgos de hombre de vida dura convertido en un vástago adicto a la sangre no develaban demasiado, más que un análisis profundo de la estructura, paciente, como el análisis del territorio propio de un cazador. No era la primera vez que iba en busca de un traidor al Príncipe, pero desde su nombramiento parecía que habían crecido las infiltraciones del Sabbat en la ciudad o simplemente que se había desatado una guerra lenta y silenciosa, quizás más interna que causada por el Sabbat.
Dentro del departamento, el recientemente abrazado Greg Olsen deambulaba de un lado a otro. Estaba nervioso. Tenía hambre, eso era bueno, ya que enfurecido tenía más probabilidades de sobrevivir que satisfecho. Sabía que lo habían seguido, sabía que lo iban a intentar capturar, lo que no sabía era que las órdenes del Príncipe eran más que simplemente capturarlo. El regente de la ciudad, el Príncipe Leonard Green había especificado que quería el cuerpo del joven “cainita” en un frasco, para mostrar sus cenizas en la próxima reunión y reafirmar así su mano dura contra el Sabbat, propia de un líder Ventrue que desea mostrar su impecabilidad al mando. Ed no se creía eso, pero seguía las órdenes a rajatabla, tenía humanidad, pero poco respetaba a aquellos que habían pasado a la no-vida. La compasión era sólo para los mortales.
Un Greg enfurecido lanzó un estante con libros contra la pared, aún con todo el ruido de la ciudad, afuera Ed pudo oír el golpeteo de los libros contra la pared y como caían uno a uno. Tenía su atención muy afilada.
Greg decidió salir del departamento y paseó ida y vuelta por los corredores del edificio. Las paredes estaban empapeladas o por lo menos parecían haberlo estado, ya que ahora solo quedaban colgajos de papel arrancado, amarillento, húmedo, manchado de centenares de historias oscuras. Los departamentos, en su mayoría nidos de depresión humana, oscilaban entre refugios de drogadictos moribundos, cocinas de metanfetaminas, hogares del abuso y solo unos pocos hogares de familias de muy mal pasar. Vivir ahí era un infierno. Morir ahí sonaba aún peor para el “infiltrado”. Debía encontrarse con su Sire, a quien solo conocía como “Alex”, él quizás podría salvarlo de su destino sin esperanzas.
Prefirió el techo, se sentía más libre, no tan acorralado. Ed supo que la acción comenzaba, vio la silueta a medio agachar de su presa y comenzó a acercarse más al edificio, avanzando con un paso silencioso, pero rápido. El viento agitó su piloto de lluvia grisáceo y dejó entrever unos pantalones de vestir algo gastados, zapatos negros y una camisa mal acomodada de color oscuro. Aún conservaba las manos en los bolsillos para que no se vea su revólver y para sostener un poco su piloto que se revolvía más a medida que el viento soplaba con más fuerza.
Ambos sabían que la cacería había comenzado. La esperanza del neonato en el techo, era que el otro neonato (solo una década más antiguo que él y con un par de décadas más de vida mortal) intentara subir y él pudiera aprovechar ese tiempo para perderlo ya sea metiéndose por una ventana o saltando al edificio de enfrente (un poco más bajo y accesible con un buen salto). Pero perdió de vista a su perseguidor. Miró desde la terraza hacia la calle y no lo vio en la entrada, se fue a cada esquina del edificio y la calle estaba desolada. Solo un vehículo iluminando temporalmente la vereda y las paredes del edificio, pero sin rastros de aquél vampiro que él sabía que lo había seguido y que lo observaba.
Se desesperó y decidió saltar al edificio de al lado. Le tomó un momento decidirse, pero la desesperación pudo más y se lanzó luego de una corta carrera, potenciando con su sangre el salto, poniéndose su piel roja por un instante y cayendo con fuerza. Sus rodillas crujieron, su pantalón se rasgó y por un momento se tendió en el suelo, lleno de dolor. Esa terraza también era un desierto, pero había hecho mucho ruido al caer, pudo contener el grito y solo rugió por lo bajo, algunas maderas y piezas metálicas fueron derribadas por su cuerpo en descontrolada caída. Volvía a estar pálido como la luna (aún más que antes) y no sabía si quedarse tumbado entre los escombros o salir corriendo tan rápido como le fuera posible. Dudó nuevamente, pero la desesperación ganó una segunda batalla y se echó a correr hasta la escalera de emergencia que oxidada y con partes faltantes recorría el extremo del edificio casi hasta la planta baja. Bajó tan rápido como pudo y llegando a la planta baja, se dio cuenta que la escalera estaba destrozada, así que tuvo que dejarse caer hasta el piso. Las rodillas le volvieron a temblar, pensó que como mortal no hubiera sobrevivido a la primera caída y eso lo reconfortó un poco.
Ya en el callejón lateral del edificio se sacudió la ropa (jeans gastados, rotos y una remera negra llena de suciedad) elevó la mirada y se enderezó dispuesto a caminar. Pero no pudo dar ni un solo paso.
Allí estaba él. Ed. De rostro inexpresivo. Pálido (aunque no tanto como él), con la mirada de ojos café, la piel algo rugosa, la cara algo redonda, cabellera despeinada color castaño y un revolver apuntándole directamente entre los ojos. ¿Cómo había llegado ahí? ¿Nunca había subido? Pero… ¿Cómo supo que iba a bajar justo por ese lado del edificio contiguo? Claro. La desesperación. Eso lo había llevado directamente a tomar estúpidas decisiones. Su cazador no había tenido que hacer nada más que esperar que la desesperación lo llevara a sus pies. “¡QUE ESTÚPIDO!” pensó y de nuevo la desesperación lo superó, temblaba de nervios.
“Dime por favor que no voy a tener que volarte la cabeza” –dijo Ed con una voz suave, tranquila y casi resignada-
Greg no respondió. Sus ojos se abrieron de par en par y mil cosas le pasaron por la mente: “Por qué a mí? ¿Cómo llegué a esto? ¿Realmente voy a morir? ¿Qué es todo eso? ¿¡QUÉ ESTÁ PASANDO!?”
Quiso responderle al hombre que lo apuntaba, pero no pudo decir palabra. No sabía cómo convencerlo de que no gatillara. Recién ahí tomó conciencia de lo que le había dicho ese hombre: “Dime por favor que no voy a tener que volarte la cabeza” o sea que no iban a asesinarlo.
“Q… Q… Qué d…. d… deb…. debo … ha… ha-hacer….” Le preguntó lleno de miedo, invadido por la bestia que se mantenía a raya solo por una mínima intención de supervivencia.
“Tengo órdenes de asesinarte, sin preguntarte nada, así que voy a darte una sola oportunidad, UNA SOLA oportunidad. No voy a preguntar una segunda vez… ¿QUIÉN te envió al Elíseo?”
Por un momento pensó en mentir, pero le importó una mierda el discurso de “Alex” (Su Sire) sobre la misión de libertad, las promesas de recompensas en dinero, poder, el fanatismo a un tal Caín y todo eso de que la opresión de la humanidad era algo llamado la Camarilla. En términos prácticos, estaba frente a un tipo que iba a volarle la cabeza, pero que le estaba dando la oportunidad y a él lo habían enviado solo a una misión suicida, con poca preparación y nadie lo estaba defendiendo. A esta altura no debía lealtad a nadie y el Sabbat había resultado más promesas que realidades, así que por un momento tomó una decisión sensata y habló.
“Un tal Alex. Juro que no se nada más sobre él, me dijo que me infiltrara, que me hiciera pasar por un vampiro abandonado por su señor y que intentara sacar fotos a todos los que pudiera. Le juro señor que no me importa la causa de la que me hablaron, no soy alguien que…”
¡¡CALLATE!! –interrumpió el Gangrel- “A mí tampoco me interesa tu causa, ni la de la Camarilla. Ni tu supervivencia. Solo me interesa que no invadan esta ciudad tus mierdas de amiguitos del Sabbat. Pero tampoco creo que asesinarte sea la solución. Vas a llevarme con ese Alex. ¿Es ahí donde ibas, no?”
De nuevo pensó en mentirle al Gangrel que le estaba dando una chance más de sobrevivir, pero era demasiado egoísta, independiente y desapegado de cualquier causa como para sacrificarse por un loco que lo había convertido en vampiro, golpeado con una pala y entrenado como a un soldado de reconocimiento. No importaba cuan buenos fueran sus discursos y promesas.
“Me dijo que si algo salía mal, fuera a su casa rodante…”
¿¡DÓNDE ESTÁ!? –interrumpió inmediatamente Ed, presionando el arma contra la frente del Toreador Antitribu que se asustó pensando que sus sesos bañarían las paredes de ladrillos a sus espaldas-
“¡En la parte de atrás del depósito de vehículos acarreados por la grúa! Ahí llegamos, me dijo que ahí iba a estar!” –contestó aterrorizado-
El arma bajó. Pero la mirada seguía clavada en él. Sus ojos celestes eran muy claros, como si la palidez de su piel se hubiera transmitido hasta sus ojos. Además del hambre, el miedo y el frío, había confusión y tristeza. No sabía por qué ni como había llegado a una situación tan extrema. Un día era un simple empleado de carga en el lugar equivocado con la gente equivocada y al siguiente, un vampiro sirviendo a una causa milenaria que ni le importaba, perseguido para ser asesinado (otra vez…) y ahora con un destino aún más incierto. Bueno, viéndolo de ese modo, las cosas no habían cambiado demasiado.
Solo para demostrar su poder, el Gangrel tomó de la ropa al más joven neonato y lo elevó hasta que quedó en puntas de pie. Le gruñó, le mostró sus colmillos y lo bajó, mientras le decía: “No voy a complicarme con el Príncipe, apenas hagas un movimiento que no me guste, me hagas levantar sospecha, intentes escapar o cualquier cosa que no sea lo que yo te indico, pienso volarte la cabeza, arrancarte las entrañas, arrancarte partes del cuerpo con mis garras… ¿Conoces a los de mi clan? ¿Cuál es el tuyo?”
“S…Soy T…Toreador. Toreador del Sabbat”
“¡¡YA SE QUE ERES DEL SABBAT!! ¡De la gran mierda mentirosa del Sabbat… ¡Cerebros lavados! “
El cainita agachó la cabeza. No sabía si sentirse ofendido, enojado, triste o ninguna de las tres. En realidad, esas palabras no lo ofendían. Su inducción a la Secta de Caín había sido muy corta, sospechosamente corta, como si hubiera sido apuntado solo para su misión. No era un Cabeza de Pala, pero estaba cerca de eso, aunque hubieran querido convencerlo de lo contrario. Hasta llegó a pensar que eso de “cerebros lavados” podía tener mucho de cierto.
Extrañamente el Gangrel le dio la espalda. Como si algo hubiera llamado su atención. El capturado Sabbat pensó por un segundo en huir, aprovechando los dones de su sangre, pero luego sintió miedo. Miedo a que lo atrapara su captor, miedo a que fuera una distracción actuada para ponerlo a prueba y volarle los sesos. Ya había muerto hace poco, no había necesidad de apurar una muerte definitiva.
“¡Vamos!” –dijo el vástago del revólver y empujó al cainita- “Te voy a estar apuntando, guíame hasta la casa rodante y no me obligues a pintar las calles con tu sangre por una causa estúpida, mi intención es otra, no asesinarte por nada…”
Caminaron durante unos cuantos minutos. El cainita permaneció en silencio, solo dando a entender la necesidad de sangre, que inquietó al enviado del Príncipe (pensó que el joven Sabbat perdería la cordura…) pero luego descartaron alimentarse en una situación tan tensa. Sin palabras, simplemente Ed no le dio lugar, apurándolo con empujones y susurros amenazantes.
Llegaron hasta la vereda frente al corralón de vehículos remolcados. Parecía desolado, pero había algún par de cámaras, luces y se veía un guardia en una cabina, perdido en la televisión, pero que podría molestar. Ed preguntó a Greg si conocía a aquel hombre, quien dijo que ese guardia parecía tener un acuerdo monetario con su Sire, por el cual lo dejaba vivir allí dentro. Observaron al horizonte y cerca de una de las paredes más altas (y como todas, rodeada de alambre de púas), al fondo del parque de vehículos, se encontraba la casa rodante. Era alargada y parecía robusta, no la clásica caja de metal, sino más bien algo con baño y quizás cocina. Por supuesto, las ventanas estaban totalmente cerradas y las luces apagadas. Sólo se vislumbraba una parte de la misma, por la poca luz de un farol muy alto que colgaba del muro.
Greg comentó que ese guardia jamás lo saludó y que quizás ni lo recuerde. Podría no dejarlo pasar, aunque le hubiera dicho su Sire que lo esperaría para recibir novedades ó si algo salía mal.
Ed no contestó, se limitó a observar alrededor y avanzó hacia la entrada con barrera y puerta de rejas del lugar. Observó las cámaras con detenimiento y parecían estar funcionando, por lo que se quedó de pie frente al parque lleno de autos, motos, camionetas, neumáticos y cajas. La reja era impenetrable en primera instancia.
Pero al viejo cazador de la Camarilla se le ocurrió una estrategia clásica, pero efectiva. Tomó una piedra de un montón cercano a un árbol y la lanzó contra la ventana de la casa rodante, que estalló en pedazos y aunque protegida con maderas, resonó en todo el lugar.
Una linterna se enciende y el flacucho guardia de seguridad, con lentes tan grandes como su cabeza, sale a observar que sucedió. La luz de la linterna pasea por la oscuridad de los carros, de las cadenas y latas de combustible.
Mientras el guardia vigila, también se nota que una persona sale de la casa rodante. Lleva ropa de vestir relativamente elegante, aunque desprolijamente puesta, su rostro es pequeño, rectangular y su corte de pelo al ras, estricto resalta unos afilados rasgos. Sale con cautela solo hasta un par de pasos más lejos de la casa rodante y parece hablar con el agente de seguridad privada, a quien parece dar órdenes de que se dirija a ver la dirección en la que vino la piedra. Luego el haz de luz apuntó hacia Ed y Greg, por lo que se ocultaron detrás de la pared justo al lado del portón de entrada, antes de ser vistos.
Por la luz de la linterna, era claro que el guardia se estaba acercando. Ed le tapa la boca al neonato Sabbat y con mirada amenazante le indica que mantenga silencio, cruzando su dedo índice sobre su boca.
El guardia sale y como un animal salvaje el Gangrel le tapa la boca con una mano, con la otra le inmoviliza un brazo y lo lleva detrás del paredón donde estaban ocultos junto al cainita, quien realizó movimientos como si pensara aprovechar la ocasión para escapar, pero de nuevo, la mirada amenazante del Gangrel quien además mostraba sus colmillos relucientes lo dejó quieto en su lugar. El guardia pataleó un poco y con sus piernas haciéndole una llave el Gangrel lo inmovilizó, hasta poder sacar su arma del bolsillo y poniéndosela en la cabeza le susurra: “Muévete un milímetro más y decidiré finalmente volarte la cabeza… lo hubiera hecho ya, pero prefiero no empezar así…”
Mientras apunta con el arma al guardia, señala con dureza al confundido Sabbat y vuelve a hablarle: "Ayúdame y yo te ayudaré... las noches eternas son terribles si uno no aprende a manejarse en la no-vida… “ y luego de una corta pausa, susurrando aún más termina: “entraremos…”
Caminando despacio con la pistola en la cabeza del guardia y con el cainita detrás, Ed anduvo a paso lento, aprovechando las sombras hasta acercarse a la casa rodante.
Intentó oír movimientos en el interior, pero en cuanto apoyó su oreja sobre la puerta de la casa rodante, la puerta se abrió de repente, golpeándolo con tanta fuerza que el metal de la misma se abolló, el vidrio volvió a chasquear y el ruido a metal hizo eco en todo el lugar. Ed cayó con un profundo corte en el costado de su cabeza, mientras que se asomaba por la puerta el Sire de Greg, el hombre de rasgos afilados, quien había pateado la puerta al percibir la cercanía del vástago sobre ella.
Ed intentaba reincorporarse, el guardia intentaba escapar, el joven Sabbat y su sire se miraban frente a frente. Pero eso duró poco, ya que con un veloz movimiento el hijo de Caín se adelantó hacia el Gangrel y le pateó la cabeza, lanzándolo contra las latas de gasolina vacía que hicieron exagerados ruidos al caer y rodar.
“¡No te quedes allí! ¡¡AYÚDAME!!” - Le gritó el Toreador a su progenie, quien permanecía inmóvil, solo mirándolo a los ojos, intentando leer si las palabras del Gangrel podrían haber sido acertadas, su adoctrinamiento no lo había vuelto un fanático Sabbat, todo lo contrario, lo había vuelto aún más dubitativo que cuando era un mortal, su mente era fuerte pero había quedado destrozada y llena de miedos. Siguió sin reaccionar.
El guardia de seguridad tomó la pistola del Gangrel, que se había caído cerca de la casa rodante y apuntó al golpeado vástago, que se levantaba lentamente de entre las enormes latas.
“¡¡DISPARA!!” –Rugió el Sire de Greg y no dió chance al mortal de decidir-
Tres disparos resonaron en todo el lugar y algo de humo se mezcló con la oscuridad y exageró el caos provocado por las latas derrumbándose, recibiendo un disparo, el Gangrel rodó chillando entre todos los escombros de metal y neumáticos y desapareció, como tragado por la mugre y la confusión del lugar.
Para cuando el caos cesó, el Toreador Antitribu que habitaba dicho lugar dejó de taparse los oídos y miró a su alrededor. Su progenie, Greg, había desaparecido también.
“El muy bastardo…” –pensó su Sire- y luego avanzó con cautela hacia donde debía yacer la bestia de la Camarilla, al menos más cerca de la muerte definitiva de lo normal. Mientras se desplazaba, hizo un gesto con la mano para que el guardia de seguridad mantuviera la pistola arriba por sobre su hombro, sabía que su enemigo era un Gangrel y sabía los resistentes que eran esos animales.
Pateó las latas, movió los neumáticos y le pareció extraño, pero finalmente se dio cuenta que la bestia no estaba más. Había huido también.
Agudizó sus sentidos, hizo callar con un gesto al guardia y percibió su entorno… todo en silencio. Ambos se habían ido bastante lejos como para que él no pudiera percibir sus pasos, sus movimientos. Por las dudas, envió a su guardia a recorrer todo el perímetro del lugar, le obligó a llamar a más compañeros de su empresa de seguridad (prometiéndoles un pago extra) e indicó que si veía a cualquiera de los dos atacantes, que disparara sin piedad a la cabeza. Grabó esa orden en la cabeza del mortal, para que no dudara a la hora de hacerlo, repitiéndoselo varias veces y obligándolo a asentir hasta que luciera convencido.
Pero jamás se percató que su progenie lo había escuchado. Él también tenía sentidos más sensibles que el resto, pudo escucharlo y ahora sabía que no debía lealtad a nadie. Era un paria otra vez, libre de hacer lo que quisiera… y desapareció en la oscuridad de las calles.
Un marchito murciélago voló hasta el techo de un edificio. Era el Gangrel, que con dificultad volvió a su forma humanoide. Pero se sentía mucho menos humano de lo normal. Sangraba, su carne humeaba y olía a hierro por doquier, así como a basura de depósito. Los agujeros comenzaban a cerrarse, pero la sangre seguía brotando. Si bien su resistente piel soportó la mayor parte del impacto, hacía mucho tiempo no era lastimado de tal manera. Dolía.
Se sentó unos minutos hasta que las heridas se cerraron. Luego se levantó con seguridad, se quitó el piloto manchado y destrozado. Bajó las escaleras del edificio y salió de allí, por las calles.
Ahora tenía dos vampiros sueltos que sabían que él los buscaba. ¿Volverían a su ciudad de origen o se quedarían a esperar que él retornara? ¿Lo irían a cazar o se matarían entre ellos?
La noche terminó con tranquilidad. Se alimentó de su clásico rebaño cuasi ebrio de la zona industrial y volvió a su departamento en un amplio edificio de la misma zona.
La noche siguiente habló con el Príncipe, a quien comentó la resolución del conflicto, intentando no mentirle ya que el líder de la ciudad siempre percibía su evasiva mirada y sabía arrancarle la verdad.
“El Sabbat intenta probar nuestras defensas. Uno de ellos se escapó, sospecho que para su ciudad de origen para avisar de lo poco que se pudo enterar aquí. El otro Sabbat que me atacó ya se debe haber ido de aquél refugio, pero antes de ser atacado logré colocar un receptor GPS en su casa rodante, que según el neonato era con lo que siempre se trasladaban. Vamos a dejar que se asienten, nos develen su ubicación y vamos a cazarlos”
Luego abandonó el lugar para reunirse con Frank, un Nosferatu bastante antisocial, pero que gozaba armando planes de caza, estrategias y defensas para la ciudad. Era un tipo bravo, pero se llevaba bien con Ed. Ambos debían reunirse para planificar el ataque a la casa rodante, pero el Gangrel sabía que había algo más, que el Príncipe no develaba, que ese neonato del Sabbat había ido a IDENTIFICAR a alguien en particular y que la única intención del Príncipe no era defender la ciudad ni limpiar cualquier rastro del Sabbat, sino silenciar a los espías. ¿Qué sabían? ¿A quién había ido a identificar?
Como un idiota había perdido a Greg, pero si volvía a encontrarlo quizás podría acceder a algo más de la información de la secta enemiga.
Había una conexión entre el Sabbat y la Camarilla, algo que ambos estaban intentando obtener en silencio y él debía averiguarlo.
Capítulo 2: Los opuestos se tocan
El horrendo Nosferatu, con la cara derretida y con huecos en la piel que permitían ver su carne, señalaba el mapa de la zona por la cual podría estar la casa rodante estacionada según el último informante ghoul que había pasado con una moto durante el día, fotografiando el lugar donde supuestamente las cámaras de vialidad habían detectado la casa rodante entrando a un garaje para tractores a las afueras.
“Ese es territorio de los tuyos” –dijo el Nosferatu mirando al Gangrel-
Ed difícilmente podía concentrarse, por mil pensamientos que cruzaban su mente, pero intentó enfocarse en el plan.
“Sí, mi clan tiene libertad allí, pero realmente no estamos en comunicación constante como para organizar nada con ellos. Solo los convocaría para decirles que vamos a incursionar en la zona, pero nada más”
“Jajajaja” –rió el monstruo- “Sí, sí…Sé que son territoriales tus colegas… ¿Llegamos, rompemos la puerta cada uno por un lado distinto y lo empalamos para llevarlo tieso como una tabla?”
Ed esbozó una sonrisa. Aquél Nosferatu le caía bien, pero no estaba utilizando todo su potencial estratégico.
“¿No se te ocurre nada mejor? ¿Qué pasa Frank? ¿Ya te aburriste de complejos planes para defender ciudades?”
El Nosferatu rió y luego su rostro se volvió algo nostálgico: “Mira Ed, aquí hace ya mucho tiempo que no hago uso de mi liderazgo militar, esta tensa paz constante no ha hecho más que oxidarme..:”
Su colega lo golpeó apenas con el codo y le dijo “Olvídate de eso, ahora necesitamos capturar a este tipo tan intacto como sea posible, es importante ya que quizás sea el único que sabe por qué Greg estaba aquí y cuáles eran las intenciones del Sabbat…”
El Nosferatu entrecerró los ojos y observó a Ed. “¿Llamas ‘Greg’ al que se te escapó? Parece como si hubieran sido amigos… JAJA!”
Suerte que el monstruo se había reído y con eso había descomprimido la pregunta, relajado una posible torpe respuesta. El Gangrel bajó la mirada y dijo: “Estoy seguro que los encontraremos juntos si vamos, así que quizás ese neonato deba ser asesinado, aunque sé que es solo un peón, sabemos a quién responde y eso es más que suficiente para eliminarlo”
Luego eligieron al equipo que utilizarían de la oxidada despensa de guerra del principado y revisaron un poco más las fotos y un posible plan. Habían decidido rodear el lugar y esperar a que el cainita saliera, quizás con un cebo ghoul o mortal. Era un detalle que no les gustaba, pero se habían desacostumbrado a pelear en esa ciudad y no podían arriesgarse a una entrada directa.
Convocaron en el Elíseo al resto del equipo. Además de Frank el Nosferatu líder de guerra y Ed, el Gangrel sheriff de la ciudad, estaba Palmer un guardia de elíseo Brujah, que cuando joven había abusado de los entrenamientos de gimnasio y las pesas, Van Holme, viejo decrépito pero elegante, que era Sire de Palmer, además era otro de los líderes de guerra de la ciudad y Leyla, una Ventrue que administraba la justicia y supervisaba cualquier movimiento militar en la ciudad. Era los ojos y oídos del príncipe en todo lo referido a la defensa de la ciudad o acciones militares, cacerías, etc.
Ella, como siempre, habló primera: “Ya sabemos por qué estamos aquí. Hay una cacería contra un Toreador del Sabbat… aun no entiendo como los dejan entrar a esa secta… ¡Ni a esta!” –dijo gritando y festejando su propio chiste- ella era bromista y carismática, era de los pocos Ventrue que no caían mal del todo, pero a veces llamaba demasiado la atención y era cargosa para todos.
Van Holme sonrió de forma cortés con su elegante pelo engominado hacia atrás y luego siguió, diciendo: “Cada uno conoce sus posiciones, necesitamos que haya algunos ghoul en vehículos en la parte más externa del perímetro, por si se nos llega a escapar”
“Buena idea” –acotó Frank- “Eso podría provisionarlo Leyla”
“Dalo por hecho” dijo la Ventrue y continuó “Hagámoslo hoy mismo. Yo he conseguido los recursos, armas, tele-comunicadores y conseguiré los vehículos. No perdamos más tiempo. Podría volver a alejarse”
El grupo asintió. Revisaron el equipo, Leyla hizo algunos llamados. Coordinaron un par de veces más quienes entrarían primero en caso de tener que hacerlo, quienes cubrían cada extremo del garaje y como pelearían para no destruir al cainita.
De pronto, imponente y vestido como un niño rico, llegó el Príncipe, Leonard Green. No parecía muy conforme con la estrategia. Ninguno pudo evitar doblar sus rodillas para saludarlo, agachando su cabeza, otros inclusive se fueron de rodillas al piso.
Ed solo flexionó apenas las rodillas y miró al piso, para luego volver a ver al joven y delgado hombre, que parecía muy indefenso y frágil hasta que se lo miraba a los ojos. Ahí se podía ver el poder del Príncipe de la Ciudad.
“Aunque no estoy de acuerdo con esta misión de captura, los apoyaré solo porque dicen que puede tener información de un plan a mayor escala. Pero yo lo quería en un frasco para presentarlo en la próxima reunión de Elíseo. Lo quiero a él capturado pero a cualquier otro colaborador destruido, que se entienda el mensaje de que en MI ciudad, NADIE se mete, ni a espiar, ni a conversar, ni a esconderse. El Sabbat debe entender que aquí la paz nos ha costado sangre y seguirá derramándose para mantenerla, no hay grises. Una vez torturado y confesado, quiero que me entreguen a ese ‘hijo de Cáin’ –revoleó los ojos burlando dicho título- empalado para poner al sol en nuestros próximos festejos, ¿ENTENDIDO?”
Todos asintieron al unísono y se prepararon para salir hacia los campos del norte, que tenían una pequeña zona comercial donde estaba dicho garaje más para camiones y tractores que para autos.
Anduvieron en los vehículos prestados por el Príncipe hasta llegar a la zona cercana. Iban Frank, Ed y Palmer en uno de los vehículos y Van Holme junto con Leyla en otro. En ambos iban además dos ghoul que eran guardias de distintas instalaciones del Príncipe, ellos habían sido prestados para custodiar el perímetro en sus autos, mantenerlos encedidos y listos por si debían perseguir a alguien o huir de allí (aunque nadie consideraba esta última opción como viable).
El viaje fue en silencio, solo interrumpiéndolo para comentar puntos precisos del plan, como que posiblemente haya al menos un guardia mortal en el garaje y que debían reducirlo o sobornarlo. Prefirieron sobornarlo con una buena suma de dinero para que se ausentara por algunas horas e hicieron eso.
Uno de los ghouls se acercó al guardia de seguridad del garaje que estaba cerrado con una puerta eléctrica. Luego de hacerle una seña diciéndole que tenía un problema con su auto, la puerta se abrió por control remoto y el ghoul se acercó al guardia y ofreció el dinero. El guardia dudó, pero inmenso matón del Príncipe le insistió en que eran tan solo unos minutos que necesitaba que lo ayudara con su vehículo y que no había nadie más alrededor para ayudarlo. El guardia le dijo de forma terminante “Solo 5 minutos, señor, por favor, no me puedo ausentar de mi puesto para nada…”. Cuando salieron del lugar, el guardia salió con las tarjetas de acceso para poder volver a entrar y con su cachiporra en la cadera. Pero ya lejos del Garaje, llegando a la posición de los vástagos agazapados, el ghoul golpeó al guardia en la cabeza y lo desmayó. Allí lo ataron, amordazaron y vendaron, mientras que el ghoul del Príncipe se encargó de las cámaras, desactivando el modo de grabación desde el ordenador del agente de seguridad. Ni el guardia ni las cámaras molestarían hasta que se fueran.
El silencio fue eterno. Ahora solo era cuestión de esperar a que el cainita saliera del lugar, quizás paranoico por no encontrar al guardia, pero había solo dos salidas así que no importaba mucho, si salía a cazar o a ver qué había sucedido, lo atraparían.
Más de una vez pensaron en entrar, utilizando la tarjeta de seguridad del guardia, pero temían que el laberinto de vehículos fuera a jugarles en contra, en cambio en el descampado que rodeaba el garaje, era más fácil capturar al Toreador Antitribu.
Sabían que el Toreador utilizaría sus sentidos agudizados para intuir qué estaba sucediendo, por lo que procuraron mantenerse a mucha distancia y absolutamente en silencio, excepto por el motor de los autos estacionados, que estaban aún más lejos y no estorbarían.
Finalmente y luego de más de una hora de espera, el Toreador se asomó a la puerta del garaje. Era una puerta de metal simple, pero gruesa, que se abría desde dentro y a su lado estaba el portón gigante para la entrada de camiones, autos y tractores. El crujido de la puerta hizo que el cainita se paralizara. Luego se relajó y observó a su alrededor.
Esos rasgos afilados eran los mismos que Ed había visto. Era él. Así que el Gangrel avisó con un susurro por radio al resto del equipo.
Había que correr de forma sincronizada desde las tres direcciones hacia él, lo lógico sería que se asustara e intentara entrar, por lo que parte del plan incluía esperar a que el Toreador cerrara la puerta (que no se abría sin la tarjeta de acceso y sin el guardia para abrirla desde dentro). Pero el maldito Sabbat no soltaba la puerta, no dejaba que esta se cerrara… así que el grupo aún no podía actuar.
De pronto, el Toreador volvió a entrar. El grupo comenzaba a desmoralizarse y Palmer empezaba a insistir junto con Leyla para que entraran a sacar al enemigo ellos mismos. Ed pidió silencio y paciencia, entrar podía terminar siendo una trampa y no podían correr riesgos, era sabido que los Sabbat eran bravos guerreros. Confiaba que saldría definitivamente cuando entendiera que habría peligro, pero al mismo tiempo supiera que debía irse de allí.
El correr de los minutos trajo un nuevo cambio de planes. El portón del garaje se abrió y la casa rodante salió a toda máquina, casi raspando el techo con la puerta aun abriéndose del garaje. Había sido buena idea llevar los autos, después de todo.
Corrieron a los vehículos, distribuidos tal cual como habían llegado y la persecución comenzó. La casa rodante no tenía mucha velocidad, pero estaba siendo exigida al máximo y encerraba a los dos autos cada vez que querían ponérsele al lado.
Mientras pensaban como harían para detenerlo sin asesinarlo, escucharon disparon provenientes de la ventanilla de conductor de la casa rodante y los autos tuvieron de bajar la marcha y salir de su costado. El Toreador estaba desesperado y había comenzado a disparar contra ellos. Uno de los autos tenía ahora dos orificios en la puerta y ventana lateral, mientras que el otro auto intentaba acercarse a la esquina trasera, para acertarle con una bala a los neumáticos traseros y mantenerse fuera del alcance del desesperado conductor del vehículo, debían pensar alguna solución antes de llegar a una zona más habitada de la ciudad.
Los disparos de ambos autos acertaron a las ruedas y la casa rodante comenzó a zigzaguear, se escucharon más disparos e inmediatamente el vaivén del gran vehículo se convirtió en una violenta sacudida, hasta volcar hacia la izquierda, contra el barro de los laterales de la ruta. Los estruendos fueron muy fuertes, todo lo que estaba dentro de la casa rodante se destrozó y algo de humo comenzó a poblar la noche. De entre el humo, se vio la silueta del Toreador, escabulléndose hacia una arboleda cercana.
Pero no logró ni acercarse, a medio camino la balacera aumentó y el cainita cayó al piso, sujetándose una pierna. Su rodilla había estallado con un disparo de la .357 de Ed.
Lo rodeó el séquito de la Camarilla y además de golpearlo, tomaron una estaca y lo empalaron, pero en medio de la confusión, Leyla gatilló su rifle y le destrozó el cráneo al cainita.
“¡¡NOOOOOOOOOOOO!!” -gritaron Ed y Frank- “¡¡MIERDA!!” –Gritó Palmer, salpicado por la sangre del vampiro asesinado-
“¡¡ARRUINASTE TODO!!” –Le gritó Ed- “¡TODO el esfuerzo que hemos estado haciendo!”
“¿POR QUÉ HICISTE ESO?” –Habló con tono intimidante el Nosferatu-
“N… no.. N… no sé… digo, estaba luchando, veníamos por él… ¡NO sé! ¡Me asusté! ¡Pensé que se seguía resistiendo!” – La obesa Ventrue enfundó su arma y se tomó la cabeza, estaba confundida por las acusaciones -
Los ghouls hicieron luces desde los autos. La policía se aproximaba.
“Vámonos de aquí” –dijo Frank-
El camino de regreso fue todo llamados telefónicos para “persuadir” a la policía, limpiar la escena del crimen y silencio sepulcral por el error cometido por la Ventrue.
Ed no dejaba de menear la cabeza. Habían perdido la única oportunidad de saber por qué el Sabbat había enviado un infiltrado. Lo único que le quedaba era eso… el infiltrado. Pero Ed pensaba que Greg no sabría nada realmente. “Solo una maldita herramienta… “ –pensaba el Gangrel-
Al llegar al Elíseo, fueron atendidos por los guardias ghoul y otros sirvientes del Príncipe, quien escuchaba el relato sin decir palabra, sentado de espaldas a la pared llena de obras de arte, en un sillón antiguo pero elegante, reclinado de costado con una mano que utilizaba de apoyo a su cabeza, tapándole la boca con algunos de sus dedos. No quitaba la mirada de todos los presentes, pero su mirada no parecía ni abatida por el fracaso de la misión, ni contenta con el asesinato.
“Bien…” –dijo haciendo una extensa pausa a la que todos respetaron en silencio- “Entiendo que lo bueno es que dejamos claro el mensaje, pues esto se sabrá en el bando enemigo. Pero hemos perdido la oportunidad de conocer más sobre la presencia de estos esbirros aquí…”
Ed masculló por lo bajo, estaba cada vez más convencido de que Leyla no había actuado tan accidentalmente como ella decía.
El majestuoso Ventrue que lideraba la ciudad lo observó y sonrió:
“Te pido disculpas Sheriff por la brutalidad de nuestra mejor guerrera” –Leyla no miraba a nadie, parecía ida, como culposa por lo sucedido- “Ella es así, impulsiva, devastadora, una guerrera naturalmente decidida a ser la espada de la justicia en esta ciudad”
Ed se sentía insultado por Leonard. Sabía que estaba ocultando algo y sabía que ese maldito sabía que él sabía… pero ¿Cómo iba a probarlo? ¿Cómo iba a desafiarlo? El Gangrel asintió con la cabeza esbozando una obvia falsa sonrisa y se dio media vuelta. Que hurgaran en sus pensamientos no lo atemorizaba, lo enfurecía.
Se fue de allí sin decir palabra, solo ofreciéndole una mirada cordial a modo de saludo a Frank, su colega Nosferatu, quien lo observó también de forma profunda, investigándolo en un segundo.
Llegó a su departamento. Puso toda su ropa a lavar en la ruidosa lavadora del baño y se quedó allí en ropa interior, con la televisión prendida, observando por las débiles rendijas de la ventana tapiada hacia la calle. ¿Dónde podría estar ese bastardo Greg al que dejó vivir? ¿Dónde se estaría ocultando? En el poco tiempo que habían estado en contacto, Ed supo que Greg no quería volver con el Sabbat… no pertenecía allí y jamás se sentiría parte de eso. Pero tampoco de la Camarilla. Además, mejor si no aparecía, en cuanto CUALQUIERA lo viera, avisarían al Príncipe o lo eliminarían allí mismo.
Ese pensamiento lo sobresaltó. Como si despertara de un trance, miró a su alrededor con los ojos abiertos de par en par y lo comprendió. Alguien debía estar cazando a Greg en ese mismo instante… y él estaba ahí perdiendo su tiempo y su única oportunidad de demostrar su teoría contra el líder de la ciudad.
Se vistió desesperadamente rápido, con unos jean negros, suficientemente anchos para que le sea cómodo agacharse, una remera gris con la estampa de alguna banda de los 90s, pero muy gastada como para que sea reconocida. Se calzó zapatillas cómodas, una campera corta y oscura, en la cual hundió su revólver y luego salió a la calle, la cacería volvía a empezar.
Capítulo 3: Lealtades
El perro callejero estaba algo polvoriento, pero movía la cola con cariño y alegría. Él podía ser un animal no-vivo, pero era un animal también. Una bestia, un líder de manada renegado. Cook lo sabía. Cook era el mejor perro con el que Ed había compartido su tiempo. Era aventurero, amable, compañero, guardián y valiente. Era lo que más nostalgia le causaba a Ed, el no poder sentirse jamás cercano a ellos, a sus animales.
Lo llevó a su lado hasta el último lugar donde había registrado al joven Sabbat. Lo hizo oler la pared donde se había apoyado. Era difícil, ya que los vampiros no emanaban olores como lo hacía un humano. Su piel no tenía esos aceites, su cuerpo ya no generaba nada, estático… muerto.
Pero Cook sabía rastrear cualquier cosa e intentó empañarse de todos los aromas. Lo miró al Gangrel a quien adoraba y con un pequeño sonido casi como un ladrido, le indicó que estaba listo para seguir el rastro y comenzó a avanzar.
Con cuidado recorrieron las calles, los pasajes, callejones, pasaron por la estación de tren que estaba apenas iluminada. El can pareció perder el rastro allí, pero luego de andar por las vías pudieron seguirlo. La noche estaba casi terminada, pero su fiel rastreador logró darle una dirección aproximada. Ed durmió bajo tierra, Cook se acostó sobre él.
La noche siguiente Ed emergió de entre las tinieblas del patio trasero del colegio donde se había hundido a dormir. Al rato su fiel compañero se le unió, moviendo como siempre su cola de un lado a otro. Se miraron y de nuevo se dirigieron al lugar donde el rastro terminaba según el perro: Un hotel de mala muerte en la zona más podrida de la ciudad. Hasta él mismo como vampiro tenía que tener cuidado allí. El abuso de drogas hacía que un pequeño robo se convirtiera en una balacera en cualquier momento. Era una zona peligrosa e impredecible.
Cuando Cook ladró, Ed lo silenció con un gesto de la mano en alto y luego le hizo señas para que se fuera, bien lejos. Pero lo hizo con una sonrisa. Si aún tenía algo de humano, era gracias a sus perros callejeros.
En el lobby del hotel (un cuarto rectangular con sillones marrones de los años 50’s, deshilachados y gastados) estaba la barra con el pelado recepcionista. Cachetón y con cara de borracho, trasnochado. Llevaba una remera azul de un club de pesca.
Ed se le acercó y le preguntó por “su hermano Greg” que probablemente se había hospedado allí y procedió a describirlo. El recepcionista entendía poco y nada de lo que le estaban hablando, sus ojeras eran bolsas rojizas, sus ojos estaban llenos de venas rojas como si le hubieran estallado los ojos por dentro. Su nariz despedía algunas gotas traslúcidas de sudor o mucosa y la boca estaba reseca, apenas podía respirar. Se dio cuenta que no era solo alcohol lo que tenía en sangre el (quizás) joven recepcionista, sería solo buen alimento para una noche de nostalgia. Pero no para esta.
Por un momento Ed se sintió más humano que aquél “hombre”. Le pidió amablemente permiso para pasar, pero el recepcionista confundido simplemente se lo negó, por lo que el Gangrel acudió a los billetes que tenía en su bolsillo. Cincuenta y cinco dólares. Era todo lo que tenía excepto por un billete de cincuenta dólares en su pantalón, pero pensó que los necesitaría quizás para más tarde o quizás para continuar sobornando a aquél imbécil.
Pero el pelado hombre sonrió de oreja a oreja y tomó el dinero, dejándolo pasar, ya imaginando lo que haría con aquellos billetes. Se arruinaría un poco más.
Tomando el arma aún oculta en su campera, prosiguió a paso lento por los pasillos del edificio. El recepcionista había dicho que estaba en el segundo piso del edificio, departamento “C”, así que solo podría subir o bajar por la única escalera de madera que tenía el lugar. Apestaba a orina de gato y humana, se oía el andar de las ratas por el entretecho y gritos y sollozos de los departamentos. Había más horror en aquél edificio que en una prisión.
La escalera crujía, pero Ed no se inmutó, ya que ruidos en ese lugar eran la regla y silencios eran quizás la excepción. Si es que alguna vez había.
Llegó al segundo piso luego de subir una segunda escalera y notó que algunas de las puertas del pasillo estaban abiertas los departamentos A, B, E y F estaban abiertos. El C y el D (enfrentados) estaban cerrados. Caminó con cuidado ya que oía voces provenientes de los departamentos con las puertas abiertas. No solo voces, oía la televisión, oía el llanto de niños, oía conversaciones sin sentido o murmullos de todos lados. ¿Cómo hacía un Toreador con sentidos tan refinados para soportar toda esa avalancha de estímulos? Pensó que quizás eso era una ventaja y prosiguió algo más optimista, como un cazador con buen lugar para camuflarse.
Tomó más firmemente el arma y se dio cuenta que no debía sacarla aún, porque había personas desde los departamentos, mirándolo. Las personas comenzaron a llamarlo “¡Hey tú!” “Oye, ¿Tienes dinero…?” escuchó que otro murmuraba “Este debe ser policía…vamos, vamos”. Tenía que actuar rápido o intentarían robarle o matarlo y se armaría un terrible enfrentamiento allí.
Avanzó más rápido hacia el departamento C y pateó la puerta, entrando rápidamente. Pero allí no había nadie, solo demasiada mugre, una mujer durmiendo (o ¿Desmayada?) en un colchón en el piso, una tele prendida con avisos de compras por televisión. Atrás escuchó murmullos y pasos rápidos. Se dio vuelta, saliendo al pasillo y pudo ver a Greg corriendo escaleras abajo.
Se le cruzó un tipo con un cuchillo preguntándole si era policía, pero apenas le prestó atención y le pateó el abdomen, dejándolo en posición fetal tirado en el piso. Corrió hacia la escalera, persiguiendo al rápido Toreador que ya casi salía del edificio.
Ed chifló con fuerza. Cook salió de la nada y sorprendió al Toreador justo en la escalinata de salida del hotel. El vampiro rugió de dolor por la mordida e intentó golpear a Cook, que se ladeaba y tironeaba de su pierna, hasta que llegó Ed y lo tomó del cuello con fuerza brutal. El Sabbat sintió que se le partía el cuello.
“Mira Greg, no entiendo por qué corres… no puedes volver con los tuyos, no puedes estar solo en esta ciudad por mucho tiempo, deberías confiar en mí. No sé si podré salvarte, pero sí estoy seguro que hasta que no descubra qué está pasando en la ciudad, tendré que evitar que te suceda cualquier cosa… así que confía en mí. No te queda otra opción”
De pronto los ladridos de su fiel compañero lo alertaron, alguien los vigilaba. Estaba ladrando al edificio de enfrente. Todo estaba demasiado oscuro. Greg no respondió, no miraba al Grangrel y solo miraba al piso. Sabía que iban a ir buscarlo, pero no sabía tampoco a donde ir. Se le había ocurrido que podía escapar con estrategias como la de reservar una habitación y luego cambiarse a otra, pero no había sobrevivido ni una noche, así que quizás su cazador, ahora su guardián, tenía razón. Debía confiar en el él para sobrevivir aunque sea algunas noches más.
Cook dejó de ladrar pero su mirada seguía clavada en el edificio de enfrente. Los ojos de Ed se encendieron con un fulgor rojizo brillante, que le permitió ver en la oscuridad, sobre todo las ventanas a las que se dirigía el hocico de su fiel compañero. Vio lo que parecía ser una silueta, que desapareció de inmediato. Cook miró a Ed. Ed miró a Cook.
Se fueron tan rápido como pudieron, hasta llegar a la avenida, donde aprovechando los cincuenta dólares que le quedaban, el Gangrel pagó un taxi que fuera tan rápido como pudiera a su departamento, haciéndolo tomar calles en contramano y algunos atajos para perder a cualquier posible perseguidor. Sabía que alguien lo había seguido hasta allí. Que estúpido no haberse dado cuenta. Pero… “Un momento” –pensó- “Si me seguía de antes por qué Cook no lo registró hasta que salimos del hotel”
“¿Alguien sabía que estarías en ese hotel?” –le preguntó al Toreador que no había dicho prácticamente nada en todo el viaje y ahora solo miraba al departamento como investigándolo-
“No, mi misión era sencilla. Debía infiltrarme, sacar fotos a todos los presentes a una reunión del Elíseo e irme, para nunca más volver. Era una sola noche y la recompensa era enorme. Pero todo salió mal, eso es TODO lo que era mi papel en el Sabbat…” –dijo casi con furia el neonato-
“Entiendo” –dijo Ed con voz compasiva, pero firme- “Pero si sabes alguna cosa más, no me la ocultes, eso podría marcar la diferencia entre la no-vida y la muerte definitiva…”
“Dijeron que había un infiltrado que nos había traicionado y que yo debía fotografiar a todo el Elíseo para saber si aún estaba allí con el Príncipe”
“¿UN INFILTRADO?” –Ed se sorprendió, pero por otro lado confirmó sus sospechas- “¿Originalmente estaba con ustedes, vino a espiarnos y luego se quedó con nosotros, eso es lo que quieres decir? –Su tono se ponía cada vez más duro-
“Sí, pero realmente no presté mucha atención a los detalles del plan, fueron momentos confusos, había sido enterrado, drogado, golpeado y no se que mierda más... Solo me dijo que fuera, filmara o fotografiara de forma secreta y luego volviera con mi sire”
“Asumo que tu Sire es el ahora destrozado Toreador cuyas cenizas decoran el escritorio del Príncipe… “ –e ignorando adrede los ojos que se abrían de par en par del Toreador continuó- “…¿Pero sólo él sabía sobre este plan?”
El joven Sabbat pareció dudar un momento. Su poca lealtad al Sabbat le decía que debía callarse, pero no pudo aguantar la presión de la mirada de Ed y le respondió: “Alex siempre dijo que este plan era solo entre él y yo y tan solo unos pocos cainitas que estaban a su lado… me dijo que no lo hablara con ninguno de los líderes de la secta en mi ciudad. Eso me sonó raro, pero entendí que era para evitar que se metieran en nuestro plan o porque Alex tenía algún plan por su cuenta, para obtener una ganancia personal. Pensé inclusive que por eso me había ofrecido tanto dinero y recompensas…”
“¡Te ofreció eso porque te engañó! ¡Porque eres un idiota!” –rugió el Gangrel mostrándole los colmillos a Toreador que se asustó y bajó la cabeza- “Pero entiendo que te engañó pensando que si el plan salía bien, podrían obtener alguna ganancia bastante suculenta, por eso se animó a ofrecerte aquello…además eso implica que no estaban trabajando por su causa… sea cual sea su absurda y monstruosa causa, sino que esto funcionaba quizás en un plano más personal… por qué lo mantendría solo dentro de un grupo limitado y ofrecería una ganancia… si yo fuera un sectario enfermo y fanático como lo son la mayoría de ustedes, no necesitaría una motivación material para un objetivo superior, ¿No?”
El Antitribu lo meditó un segundo y se dio cuenta que no lo había pensado antes, pero que era cierto. Le habían ofrecido aquello como para que hiciera pocas preguntas, ni siquiera le habían hecho el clásico discurso “por Caín”, “Por la libertad”, “Por la supremacía de los cainitas” ni nada de eso, simplemente le habían ofrecido esto, como un pacto secreto.
Entonces… ¿Qué ocultaban esos miembros del Sabbat? ¿Qué ocultaba el Elíseo? O más importante… ¿A quién trataban de exponer con esas fotografías? De pronto Greg recordó: “¡Las fotos!”
Palpó sus bolsillos y encontró su celular. Allí tenía las fotos y la pequeña filmación donde se mostraba a todos los reunidos en el Elíseo aquél día. Jamás las había visto luego de tomarlas, pero buscaron cables y conectaron a la vieja computadora aquel celular.
Allí se podía apreciar todo, como de forma muy astuta se asomaba el celular, que él decía que tenía apagado y sin batería y mientras lo hacía jugar entre sus dedos iba fotografiando e inclusive luego filmando a los vampiros allí reunidos.
Ya tenían las imágenes, ahora necesitaban saber cuál de los filmados era el supuesto infiltrado. Pensaron que alguna evidencia podría haber en la casa rodante, pero seguramente estaba en custodia de la policía, luego que volcara en plena ruta al norte de la ciudad. Debían ser ingeniosos para tomar cualquier agenda o fotografía que les indicara quién era el infiltrado.
De pronto, se oyeron ladridos fuertes que venían de muy lejos. En la vereda, Cook les había estado advirtiendo algo, pero lo habían ignorado, por concentrarse en la grabación del video y en las fotos.
La puerta estalló en astillas cuando perdigones de escopeta llovieron desde el pasillo hacia el interior del departamento. Ambos se tiraron al piso, pero Ed fue rápido y rodó hasta su abrigo, donde aún tenía su arma. La computadora recibió varios disparos, resultado destrozada, pero el Toreador también fue astuto y guardó la tarjeta de memoria rápidamente mientras se escondía tras una pequeña biblioteca de madera, inundada de ropa y objetos inútiles apilados.
Dos escopetazos más resonaron y algunos perdigones destrozaron parte del mueble, rozándole el brazo al Toreador, que chilló de dolor y contuvo el frenesí casi al límite. Ed había comenzado a disparar hacia la puerta, lo que hizo retroceder el decidido avance del atacante, que llevaba ropa de militar, pantalones camuflados, botas y una remera blanca. Pero no parecía realmente un militar, sino más bien un mercenario, que ahora se ocultaba tras el marco de la puerta.
Las paredes no eran demasiado gruesas, así que de las cuatro balas restantes, Ed dedicó dos a la pared que debería coincidir con la espalda de su atacante. Uno de los disparos alcanzó a lastimar al agresor, que cayó hacia el costado y por un momento soltó la escopeta de gran calibre que llevaba.
Ed aprovechó, tomó de un brazo al Toreador herido, salió al pasillo, pateó en la mandíbula al agresor que estaba reincorporándose y salieron de allí corriendo. Ninguno de los dos sabía cómo robar un auto, así que tuvieron que correr por las calles, hasta la avenida más cercana. Cook se les unió en un tramo, que sirvió para que su “amo” le agradeciera y luego le dio la orden de irse y de encontrarlo más adelante, igual que habían hecho antes.
Una vez en la avenida, escasamente iluminada y con algunos pocos vehículos pasando, el Gangrel se ubicó y encaró dirección al tren subterráneo, mientras sacaba su viejo celular para llamar a un colega. No sabía si podía confiar, pero sí sabía que era su única alternativa si lo estaban persiguiendo.
Del otro lado, Frank atendió con sus manos huesudas:
“¿Quieres entrar? Eso va a costarte, ¿Sabías? Bah… todo esto va a costarte”
La entrada al subterráneo estaba enrejada, pero gracias al Nosferatu, alguien vino a abrirles y les indicó por dónde ir. La reja se cerró y por un momento se sintieron seguros. Aunque los sentidos agudos del Toreador en aquella cloaca estaban sufriendo un ataque durísimo, difícilmente alguien podría seguirlos allí.
Los pasillos eran tremendamente confusos, crípticos. No había señalizaciones, todos los caminos parecían iguales y el espacio era pequeño y el olor, horrible. Los guiaron algunos vagabundos, así como personal de “sanidad” que parecía estar al tanto de todo lo que ocurría allí. Algunos de los tantos ghouls que servían al Clan Nosferatu en su dominio.
Llegaron finalmente a una serie de oficinas incrustadas en las paredes del laberinto cloacal. Eran pequeñas, pero parecían tener puertas bien reforzadas y vidrios gruesos (las que tenían).
En una de esas, estaba Frank, rodeado de planos, teléfonos celulares, algunos cuchillos, ratas yendo y viniendo y al menos tres computadoras portátiles, más algunos radios o dispositivos electrónicos que para los recién llegados eran más que un misterio.
Las heridas del cainita habían sanado casi en su totalidad y Frank sin mirarlos les indicó donde sentarse, en un rincón de la oficina. Algunos teléfonos sonaban, algunos dispositivos electrónicos zumbaban o enviaban extensos “beep” durante varios minutos. Era difícil entender qué sucedía allí. El Nosferatu observaba diferentes planos y hacía anotaciones en una de las computadoras.
Los miró con aire lejano y volviendo la mirada a los planos, comenzó a hablar: “¿A quién ser leal en estos tiempos tan revueltos? Ya el Sabbat no es una secta de jóvenes fanáticos enfermos, pues muchos de ellos ya llevan algo más de una centuria y ya no pueden actuar como chiquillos, a veces poniéndose en conflicto contra sus propios ideales, concebidos cuando aún pensaban que vivir eternamente era mucho más divertido… el tiempo le quita la diversión a todo. ¿A quién es leal la Camarilla? ¿Aún busca protegernos de la mirada humana? ¿O una vez constituida se volvió una máquina manipuladora y depredadora de la humanidad? ¿A quién es leal cada Clan ahora que sabemos que todos estamos seguros y que la inquisición no llegará? ¿Seremos leales a los intereses del Clan? ¿A los de la secta? ¿A los personales? ¿A quién le son leales ustedes? Eso me responderá la siguiente pregunta… ¿Puedo confiar en ustedes o debería eliminarlos ya mismo?”
Capítulo 4: Declaración de guerra
La mirada de Greg era puro terror. Entre paredes impenetrables, solos en un laberinto de inmundicia propio de los Nosferatu, frente a uno de ellos y quizás rodeados de muchos más, amenazando su no-vida. El Sabbat veía su triste final en una cloaca, tan real como el hedor pútrido que reinaba allí.
Ed en cambio sabía que era la manera del Nosferatu de ver las cosas y de ser frontal, pero no lo consideró una amenaza. En cambio, se irguió y le respondió con seguridad:
“Soy leal a mi supervivencia, la supervivencia de mi clan, la supervivencia de la Camarilla y de mis hermanos en ella, los de sangre y los que no, pero que considero mi familia inmortal. Soy leal a la madre naturaleza, tanto como a la humanidad… tanto como me permita mi alma condenada”
La respuesta hizo sonreír a Frank, quien detuvo sus operaciones entre teclados, pantallas y planos.
Se giró y los cuestionó con un aire más relajado, pero aún firme:
“¿Qué es entonces esto que está pasando? ¿Por qué venías huyendo?”
El Gangrel se apresuró a hablar, como si hubiera estado esperando toda la noche para contarle lo sucedido y la ansiedad le ganó, adelantándose a todo:
“Tengo la sospecha de que el Príncipe nos ha enviado a matar” – y antes que el Nosferatu que ya estaba elevando su ceja extrañado pudiera decir palabra, continuó – “Fui a buscarlo a él. Es el otro neonato Sabbat que se infiltró y que me enviaron a destruir… por favor, déjame continuar… lo hice que me llevara con su sire, el que asesinó Leyla, porque sospeché desde un principio que las decisiones habían sido tan rápidas y determinantes por una razón y sabía que esa razón no era buena. Sentía que me estaban haciendo buscarlo para silenciarlo. Así que preferí ir al fondo del asunto…”
“Entonces traicionaste un mandato del Principado” –murmuró cínicamente el monstruo-
“¡NO!” –Elevó el tono Ed-
“¡SÍ! SI LO HICISTE” –el Nosferatu se puso a su altura- “Y NO TENGO PROBLEMA CON QUE LO HAYAS HECHO” –y bajando el tono ahora que tenía su total atención siguió- “No me importa ni este príncipe ni el resto de su séquito de lame-bolas… lo que me importa es que seas sincero con tus acciones. Te dijeron que lo vieras y lo asesinaras y fuiste y lo dejaste sobrevivir para que te llevara con su sire, para seguir un impulso tuyo, una corazonada…”
Ed bajó la vista. Furioso. Frank continuó.
“No tengo problema con que hayas hecho eso. Como uno de los representantes de la seguridad integral de esta ciudad, creo que hubiera tomado la misma decisión. La apoyo por completo. Pero… ¿No ves? Eso define cuál es tu lealtad. Cuál es tu lineamiento. Eres fiel a lo primero que me dijiste, fiel a ti mismo antes que a tu propio clan, antes que a la Camarilla. Eso está bien. Así debe ser para los clanes rezagados como nosotros. Aun así, nos arriesgamos por nuestros compañeros de secta, por la integridad de la ciudad. Por frenar el avance de estos carroñeros” –dijo apuntando despectivamente a Greg, que observaba apoyado contra la pared del lugar- “Te arriesgaste. Perdiste a ambos. Luego recuperaste al Sire de este cobarde…” –Greg se irritó, pero Ed le puso una mano en el pecho, calmándolo inmediatamente- “… pero la Ventrue lo asesinó. Misteriosamente porque esa situación no ameritaba semejante desenlace, no había tanta tensión, estaba acorralado”
“¡Exacto!” –dijo Ed emocionándose por primera vez- “Tengo dos teorías. O lo asesinó porque le habían dicho que lo hiciera o lo asesinó porque se lo dijeron, pero no le dieron opción a su libre albedrío. Cualquiera de los dos, es una orden de arriba. Leyla es solo un instrumento y no debe ser consciente de nada”
Los tres se quedaron mirando. Luego el Nosferatu se acercó con movimientos lentos al neonato Sabbat y preguntó a su colega Gangrel qué más podía saber el joven. Hablaron de las fotos y de la misión que le habían asignado. Greg colaboró cuanto pudo. Frank se encargó de humillar y hacer sentir mal al ex “cabeza de pala” tanto como pudo. Pero no lo pudo sacar de sus casillas. Tal parecía que se sentía seguro junto a Ed y más allá de eso, conservaba buena parte de su humanidad. No le había importado mucho la humanidad antes, pero al haber sido inducido a perderla por completo, pareciera que se aferró a ella aún más que antes. El monstruo se encargó de resaltar todos estos detalles tratándolo de niñita, sin mucho efecto más que miradas furiosas y algún que otro insulto cruzado.
“¡Basta!” –Gruñó Ed- “TÚ SABES cuál es mi teoría”
“Una conspiración del principado… comprendo. Pero… ¿Con qué fin mi peludo colega?” -El Nosferatu dijo eso y se propuso a oír, apagando algunos de los dispositivos que continuaban con molestos *beep* incesantes y luego haciendo que los otros miembros de su clan se retiraran para dejarlos hablar a solas.
“No sé si una conspiración, pero sí entiendo que el príncipe intentó tapar algo. Si intentó tapar algo utilizándome y fue capaz de enviarme un asesino a mí o a este neonato con mi presencia allí, significa que es importante… una mancha muy oscura”
El Nosferatu rio de forma exagerada y sarcástica para luego decirle con bruta honestidad:
“No puedes comprobar nada, ni que te haya enviado para callarlo, ni que te haya enviado él a ese asesino. Podría haber sido alguien del Sabbat, podría haber sido un ladrón. Cualquier cosa podría haber sido. Además, supongamos que hubieras capturado y torturado al tipo del rifle y él te hubiera dicho quién fue y por qué… ¿Crees que podrías utilizar eso en contra de un Príncipe que ha traído paz a esta ciudad durante décadas? No podrías. No hay manera. Quizás solo hayan querido eliminar cualquier resistencia para dar un mensaje, nada más”
Ed bajó la mirada. Parecía furioso. Abandonó la charla e insistió en irse. Frank le cuestionó al respecto, inclusive Greg lo hizo. Pero dijo que prefería irse rápidamente, recuperar todo lo que pudiera de su departamento y mudarse a un lugar más seguro. Otros guardias de seguridad, muy probablemente ghouls, los escoltaron hasta otra boca del subterráneo, tan lejos que no pudieran ser rastreados. Frank les prestó algo de dinero para un taxi y ambos viajaron rumbo al departamento. Ed y Frank acordaron encontrarse la noche siguiente en una dirección precisa para volver a discutir todo el asunto antes de declararle una guerra suicida al principado de la ciudad.
Una vez en el vehículo Ed estaba callado como nunca antes. Su mirada estaba perdida. Greg ya había desarrollado una cierta afinidad con el Gangrel, pero no se animaba a preguntar. Se notaba en el aura del Gangrel que algo lo tenía muy consternado. Muy preocupado y quizás hasta triste. Tamaña mezcla de percepciones áureas dio lugar a que el Toreador se animara y preguntara al respecto, con susurros para evitar que el somnoliento taxista se despertara de su trance de conductor:
“Hey… ¿Qué pasa? Si me dejas ir seguro dejarán de perseguirte… no creo que sea tanto como una conspiración, en mi opinión solo querían identificar cuántos eran en el Elíseo y para eso me enviaron, digo, es lo primero que se me ocurr…” –pero Ed lo interrumpió con una mirada violenta y casi lanzándole todo su cuerpo encima, amenazante-
“¿RECUERDAS LAS PALABRAS DE FRANK?” –La voz de la bestia resonaba furiosa, como si le doliera pronunciar aquellas palabras-
“Si… bah, digo, no sé, recuerdo lo que dijo… él tampoco cree en una conspira…” –y fue nuevamente interrumpido-
“JAMÁS le mencionamos que fuimos atacados con un rifle” –Dijo con tono grave y triste- “Jamás le dimos ese detalle…”
El Toreador comprendió todo en ese instante. Era cierto. Frank había mencionado un asesino con un rifle, pero ellos jamás le dijeron que había utilizado un rifle. Sí, podría haber sido una coincidencia, pero ahora ninguno de los dos creía que realmente lo fuera… lo había dicho con mucha seguridad, con mucha precisión. Greg se silenció por completo durante todo el resto del viaje.
Ed también, pero su cabeza daba vueltas a mil por hora. ¿Por qué los habrían dejado salir de aquél laberinto? Podrían haberlos matado sin hacerse el menor problema. ¿Por qué los habían dejado ir? ¿Sería que ahora la ciudad entera los seguía? ¿Sería que ahora que había contado su teoría al Nosferatu ante el cual se había presentado en la ciudad codo a codo junto a un Sabbat las cosas se habían dado vuelta y era la ciudad la que le declararía la guerra a él?
Pidió al taxista que cambiara el rumbo y fuera hacia otra dirección. Viajaría al dominio de su clan en el norte y rezaría para que no lo asesinaran las garras de sus propios hermanos.
Se sentía en guerra con la ciudad por completo. Guerra que quizás él mismo había incentivado.
Capítulo 5: Verdaderos hermanos
La manada se juntó. Eran solo cuatro Gangrel en aquella ciudad y allí estaban todos. Samantha Bloom, abogada y activista por la defensa de los animales y la naturaleza, era bonita, delgada sin demasiadas curvas y muy bien vestida. La bestialidad en ella estaba en su carácter y su mirada, allí se podía ver que era una verdadera Gangrel. Luego estaba Jeremy Giggs, a quien llamaban “Jem”. Era el típico joven grunge, desalineado, polvoriento, con el pelo revuelto, la mirada perdida y los peores modales. Más que el aspecto de amor por la naturaleza, él llevaba el espíritu errante y solitario de los Gangrel. La ciudad le había gustado porque era dentro de todo pacífica y había mucho verde a las afueras para pasar su tiempo escribiendo, lamentándose de su condena. Por otro lado estaba Frederick, el más antiguo de los Gangrel de la ciudad, era un ancillae que había huído de Alemania, perseguido tanto por Camarilla como por el Sabbat, por intentar seguir siempre su camino. No aparecía mucho en público porque era ya mucho el pelaje, los colmillos afuera, los ojos hinchados rojizos y su postura corpulenta y algo curvada. Pero en esta ciudad había llegado a un pacto con el principado y logró algo de paz y libertad mientras protegiera la frontera norte y mantuviera informado al Elíseo de actividades internas y externas. Cumplía su deber al mínimo necesario para que todos estuvieran satisfechos y luego desaparecía por largos períodos de tiempo. Frederick ó “Fred” como le decían sus hermanos Gangrel, había convocado al grupo luego que Ed lo llamara casi de urgencia.
Ed sabía que era un riesgo el que corría, contando su teoría. Pero también confiaba mucho en su clan. Mucho.
La arboleda era diminuta, pero permitía cierta cobertura en la espesa noche. El viento se arremolinaba y todos los animales allí vigilaban que no hubiera intrusos escuchando o alguien observando a lo lejos. Se había aclarado que era una reunión exclusiva del clan y el líder del mismo, tomó todos los recaudos.
“¿Cómo estás Ed? Hace tanto no te veía” –el lobezno líder intentó sonar amable y contenedor, aunque no era su especialidad, apreciaba al neonato-
“Quiero ser breve, sincero y directo con ustedes. Sé que corro peligro haciendo esto, más del que corro ya sin decirlo, pero es importante que entiendan que si tomé estos riesgos es porque estoy muy seguro de mi instinto…” –Ed sonaba preocupado, pero confiado de sus palabras -
El más antiguo de los vástagos allí lo detuvo con un gesto y cerrando los ojos le dijo: “¿Estás seguro de lo que vas a decirnos? Temo que vienes con problemas para tus hermanos, luego de tanto tiempo tu convocatoria sería solo para comprometernos. ¿Estás seguro que quieres hablar?”
El neonato continuó hablando sin preocuparse y para mostrar lo serio del asunto, arrancó por la peor parte: “¡Tengo escondido y refugiado a un neonato del Sabbat! Lo estoy protegiendo porque tanto a él como a mí nos quieren destruir por la misma razón: Encubrir una conspiración del principado”
Samantha y Jem se sorprendieron, abriendo sus ojos de par en par y con caras de asombro total, pero el más antiguo entre ellos, cerró sus ojos, como si le hubieran clavado una estaca a través de su pétrea carne.
Ed continuó y añadió todos los detalles de lo que había sucedido, incluyendo una posible traición también por parte de Frank y quién sabe quién más. Por eso el sólo confió en su clan para hablarlo.
Sus colegas neonatos lo bombardearon con preguntas, parecían decididos a rebelarse o irse de la ciudad, pero querían actuar. El antiguo entre todos ellos, calmó los aires y mientras la noche se volvía más y más fría, así también lo hacía el Gangrel cuyos ojos refulgían en rojo ardiente:
“Ed. Nos has puesto en complicidad a TODOS tus hermanos. No hay manera que hagamos algo. Lo mejor que podríamos hacer, sería dejar que el Príncipe se encargara de ti por desoír sus órdenes. Somos una secta trabajando en conjunto, con un liderazgo firme. Un Príncipe que aunque sea un imbécil, mantiene la ciudad bajo su control… ¿Qué le hace una mancha más a su oscuro mandato?”
El joven Gangrel se sentía desolado. Su propio antiguo le negaba todo apoyo y hasta lo trataba a él como traidor por involucrar a sus hermanos. Ed tartamudeó por primera vez, dudoso.
“P… p… ¡Pero Fred! N… no puedo creer que me digas esto… ¡Está aliado al Sabbat! ¡Estoy seguro!” –levantando un poco el tono de voz- “¡Está tramando algo! Quiso… quiso ocultar algo…”
El rugido del líder Gangrel en la ciudad corto el aire. La noche era ahora puro silencio. Silencio que solo terminó cuando este empezó a hablar, amenazantemente inclinado hacia Ed
“En lo que a mí respecta, Ed, el único aliado al Sabbat aquí ERES TÚ. Lo llevaste a las cloacas Nosferatu, lo llevaste a tu refugio, lo dejas oculto de todos, lo proteges… ¿CÓMO PODRÍAMOS SIQUIERA CONFIAR EN TI? ¿¡COMO HAGO PARA NO ARRANCARTE LOS BRAZOS Y PIERNAS AQUÍ MISMO Y DEJARTE SECAR AL SOL!? ¿¡COMO!? ¡¡DÍMELO!!”
El neonato cayó sentado al piso. Su líder se veía gigante, terrorífico, era un lobo monstruoso erguido frente a él, mostrándole sus colmillos y penetrándolo con sus ojos sanguinolentos. Titubeó, se levantó, miró a su alrededor, quiso gritarles “traidores”, pero tampoco creía que lo fueran, ni se animaría a pronunciar esas palabras. No podía estar tan loco, no podía haber sido así de engañado.
Se sacudió el pasto y retrocedió lentamente, sin darles la espalda a sus hermanos, que lo observaban aterrorizados, excepto por el poderoso antiguo que intentaba volver a estar erguido sin quitarle los ojos de encima.
Por fin estuvo lejos, se dio la vuelta e inmediatamente escuchó:
“¿¡A DÓNDE CREES QUE VAS!?” –su líder había vuelto a rugir-
Ed se paralizó, dándose vuelta de a poco, con rostro entre enfurecido, triste y confundido.
“Me dijiste…” – y fue interrumpido bruscamente-
“¡Lo que dije me tiene sin cuidado! Es lo que tú dijiste lo que importa y lo que NO DIJISTE, sin poder defenderte de mis argumentos… Nosotros tus hermanos te creemos. Pero… ¿Cómo vas a probarlo ante todo el Elíseo, suponiendo que todos ellos son inocentes, algo que no creo? ¿Cómo vas a probar todo lo que dices sin terminar como el otro Sabbat asesinado sin juicio? Tranquilamente podrían armar todo esto y hacerte ver como culpable…”
“Llevaría protegido a Greg conmigo. Diría que lo he capturado y…”
“…y le volarían la cabeza como se lo hicieron al otro Sabbat del que nos hablaste…” – interrumpió Samantha más tranquila de saber que el clan seguía unido y que el atemorizante episodio protagonizado por su antiguo solo había sido para dar a entender un punto válido (como abogada siempre valoraba los argumentos válidos, aunque se deba ser un poco duro para lograrlos)
“Sí, por eso quería obtener su apoyo, para protegerlo en este dominio y llevarlo escoltado ante todo el Elíseo… pero él tampoco tiene suficiente información como para probar algo allí. Sólo sabe eso que les dije, que él debía identificar a alguien, pero no sabía a quién. Entiendo que el Sabbat quería conocer a todos los que componían el Elíseo para identificar a alguien en particular, pero… ¿A quién?”
“Esa es sólo una especulación, podrían ser miles las intenciones del Sabbat, la más básica sería conocer nuestro lugar para saber contra cuántos lucharían y como es la estructura de nuestro Elíseo…”
Ed meneó la cabeza.
“Hay mejores maneras…estoy seguro que buscaban a alguien, quizás un informante, un espía, un infiltrado…”
El líder volvió a hablar.
“Ed, por mucho o poco que sepamos, no vale de nada si no podemos probarlo y dudo que podamos hacerlo. Si quieres hacer las cosas bien, elimina a ese Sabbat y olvídate de todo esto o si confías en él, hazlo volver al Sabbat y que te traiga la información que necesitamos… ¿Crees que realmente volvería? ¿Crees que podrías confiar en él?”
Dudó. Sabía que si liberaba a Greg en territorio Sabbat, ya no lo veía más, lo perdería y le habría otorgado la información de las cloacas Nosferatu, le había dejado las filmaciones y bastante información más. Estaba más que perdido, si quería sobrevivir debía llegar al fondo del asunto o destruir al neonato… aún peor, ahora pensaba en que lo había dejado en un refugio del cual podría haber escapado o donde podrían haberlo ido a destruir. Ahí pensó en Frank.
“Frank...“–dijo cabizbajo, dolido- “Aparentemente me siguió. Sospecho que fue él quien nos mandó a asesinar o por lo menos supervisaba a quien nos habían mandado a matar…”
El antiguo Gangrel frunció el ceño. Dudaba que el Nosferatu sirviera de sicario del Príncipe contra un colega suyo de los “bajos clanes”. Frederick había luchado un par de veces codo a codo con el hosco Frank y por su mal humor compatible se habían vuelto buenos compañeros para los momentos de guerra de la Camarilla, por el resto del tiempo, no se hablaban mucho, no se molestaban, no interferían el uno con el otro. Pero aun así sentía que lo conocía suficiente como para saber que era imposible que Frank fuera un sicario o un supervisor de un sicario. Con
“Eso me parece imposible Ed. Eso sí que no lo creo. Tuve la oportunidad de combatir codo a codo con Frank, él podría haberte eliminado sin que se dieran cuenta ninguno de los dos. No puedes verlo, no puedes percibirlo… es una maldita sombra cuando quiere. Además, fuerte como un caballo y un estratega natural. Un asesino disparando con una escopeta me suena más bien a una decisión desesperada de alguien desesperado que no te conoce mucho”
Ed se sintió aliviado de aquella reflexión. Quería pensar que Frank era mejor que eso y ahora parecía claro que jamás podría haber sido el Nosferatu o alguien enviado por el monstruo. Sería el Príncipe, por seguro.
“Mira” –dijo Frederick- “Si fue un asesino mortal o ghoul enviado por el príncipe, claramente fue un intento patético y fallido. Pero no cometerá el mismo error dos veces. La próxima vez, será letal y no te dejará opcioón”
“¡Por eso pido su ayuda!” –gritó Ed-
“¡PERO NO PODEMOS AYUDARTE!” –Rugió de nuevo el líder - “No así. Vamos a hacer lo siguiente. Si no se ha escapado aún, trae al neonato Sabbat a la feria abandonada de Riverfun. Refúgiense en cualquiera de nuestros lugares allí. Coordinen entre ustedes. Luego debemos idear un plan para utilizar a este neonato Sabbat para que nos consiga más información. Él es la clave para que tú sobrevivas en esta guerra que has armado…”
Ed quiso negar haber armado una guerra, pero la situación no ameritó hablar más. Agradeció inmensamente a su líder, quien ya no lo miraba, solo miraba al horizonte y su espesa noche y se retiró, despidiéndose con gesto afectuoso de sus hermanos de clan.
Llegó por un camino distinto al refugio donde estaban en plena ciudad. En su mente estaba preparado para lo peor, pero cuando llegó, abrió las múltiples cerraduras y candados que habían ubicado en todas las entradas y lo encontró a Greg mirando la televisión. La noche estaba cayendo y el sol estaría próximo a nacer, así que acomodaron todo y se dispusieron a refugiarse. Por las dudas que fueran atacados durante el día, Cook estaba con ellos custodiando el departamento y al mismo tiempo habían puesto alarmas portátiles de poca duración en las ventanas, con algunas trampas caseras de mala calidad, pero lo suficiente para ataques como el de la otra vez.
A medida que el sol comenzó a salir, se hundieron en el profundo sueño. La noche siguiente estaba helada, aunque ellos poco sentían el frío, se daban cuenta que Cook echaba vapor por su boca cuando respiraba. Él le lamía la cara a su amigo Ed para darle la bienvenida a una nueva noche. Cook parecía ser la criatura más compasiva que podía existir. Ed no se sentía merecedor de eso, pero lo abrazó con cariño, como si todo rastro de su humanidad estuviera en ese perro y quisiera aferrarse a él.
Greg se fue despertando de su improvisado escondite bajo una trampilla con llave, observándolos de reojo. Nunca hablaba mucho y esa noche empezó como siempre, solo miradas desconfiadas y de a poco, monosílabos hasta poder armar alguna oración. Sabían que podían confiar el uno en el otro, pero sus naturalezas y sus orígenes nos les permitía entregarse a esa confianza.
Decidieron ir a cazar con mucha cautela, Ed confió un revólver de bajo calibre (pero suficiente para defenderse) a Greg, que entregó en su mano observándolo a los ojos sin parpadear. Quedaron en volver a verse en una hora en un Radioshack para conseguir un celular para Greg. Necesitaban comunicarse entre ellos y tener donde reproducir el video que tenían en la tarjeta de memoria, en caso que lograran hablar con algún otro Sabbat y de paso hacer una copia de seguridad más, de ser posible.
Se reunieron luego de la cacería en el Radioshack y mientras Greg elegía su nuevo teléfono, Ed recibió un llamado. Era de uno de los asistentes y guardia del Príncipe Leonard. Lo llamaban urgente. Era todo o nada. Ed enmudeció.
“Puedo llegar a las 5 ó 6 de la mañana. Justo antes del amanecer, porque estoy ocupado hasta ese momento” –y esperó que le creyeran su mentira-
“Muy bien señor Barner, el señor Leonard lo espera en el Elíseo a las 5. Muchas gracias”
Antes que pudiera preguntar la razón de la convocatoria o quienes más asistirían, el asistente cortó. El Gangrel sabía que lo interrogarían y nada bueno saldría de ello. Era imposible mentir allí ante todos esos monstruos y arpías.
Greg volvió con un teléfono y de inmediato le puso la tarjeta de memoria. La activación tardaría unas 24hs, así que excepto para ver el video y las imágenes, el teléfono no le serviría de mucho.
El Toreador se preguntó nuevamente como era que se había metido en todo aquel problema y qué lo hacía seguir al lado de su enemigo de la Camarilla, siguiéndolo como un perro y peor aún, cada vez más cerca de ser asesinado. La situación claramente no tenía remedio. Notó a Ed preocupado y le preguntó al respecto.
“Vamos a robar un auto, nos largamos de aquí” –Ed lo dijo susurrando y mirando a su alrededor con paranoia- “Ayúdame”
Robar un auto había sido una decisión errada. Para dos inútiles en el robo como ellos, el robo consistió en engañar a un pobre hombre que conducía un buen auto, fingiendo que Ed le robaba a Greg a golpes, mientras este hacía uso de su poder de atracción para llamarle aún más la atención. El ejecutivo se bajó de su vehículo y le disparó al Gangrel, algo que ninguno de los pensaron que jamás sucedería, un disparo le rozó un hombro y casi lo hace sucumbir ante la bestia, pero se mantuvo sereno. Al hombre lo noquearon de un golpe en la mandíbula y obtuvieron un arma y un auto, pero ahora habían llamado demasiado la atención y sentían demasiada culpa por el ejecutivo… no sabían que suerte le deparaba ahí tirado en la acera.
A toda marcha tomaron la avenida principal, doblaron en el desvío de la autopista a la cual llegaron a buena velocidad para dirigirse a la ciudad regida por el Sabbat, con la que lindaban.
Los primeros minutos anduvieron bien, pero los sentidos del Toreador comenzaron a alarmarse, sentía una mirada clavada detrás de él por lo que volteó y ahí lo vio: Perdido entre la espesa niebla un vehículo que los venía siguiendo con luces de niebla muy bajas. Sugirió a Ed que aminorara la marcha para ver si los pasaba.
Greg sabía que en aquella autopista desolada, podrían aniquilarlos y ni policía ni nadie vendría a ayudarlos o sería ya muy tarde. Desesperó cuando notó que aquél vehículo imitaba su marcha, si ellos aminoraban, el vehículo aminoraba también. Confirmaron sus sospechas.
Con dos revólveres no lograrían hacer mucho, por lo que tomaron la más arriesgada de las decisiones y llevaron el vehículo a máxima velocidad. Era un buen auto, pero con tanto frío el motor resonó antes de poder subir tanto la marcha como le habían exigido. La dirección comenzaba a volverse difícil y el miedo a un choque en la niebla los volvió temblorosos. Aquél vehículo detrás suyo, también aceleró.
Desesperados, comenzaron a mirar en todas direcciones, pensaban que podía ser más de un auto el que los siguiera, pero no vieron otros. Iban a más de 120 kilómetros por hora cuando notó que la maniobrabilidad se había perdido casi por completo entre el frío, la niebla y la autopista algo húmeda.
Tuvieron que reducir un poco la velocidad y el otro auto parecía no haber aminorado, pronto, lo tuvieron cerca, lo suficiente como para ver a los conductores. El celular de Ed comenzó a sonar y le confirmó lo que veía por el retrovisor, que era lo mismo que tenía en la mira de su revólver Greg: Palmer y Leyla junto a otros dos guardias ghoul. Parecían excitados por la persecución, aunque el conductor y el otro ghoul como siempre, permanecían inexpresivos.
Ed atendió: “¿¡SON USTEDES!? ¿¡Qué hacen!?”
“¡Tú! ¡Tú dinos que está pasando traidor!” –gritó Leyla por el teléfono- “El Príncipe nos dijo que debías estar escapando o como rehén de ese bastardo Sabbat y que si te entregas ahora no declarará la caza de sangre contra ti, pero tiene al Elíseo reunido para declararla oficialmente, estarás perdido, pero ha decidido perdonarte si te entregas”
El Gangrel no contestó. Sabía que querían que él se detuviera y se entregara para destruir a Greg, por lo que tomó una decisión que marcó por completo su destino, les pidió que bajaran la velocidad, que él se detendría en una banquina y se entregaría, pero que debía cortar y acomodar el auto que aún se sacudía con viento en contra ya a más de 130 kilómetros por hora.
Sus perseguidores hicieron luces y aminoraron la marcha. Ed cortó el teléfono y mientras desaceleraba, calmó a Greg que gritaba y sacudía su revólver: “¿ESTÁS LOCO? ¿VAS A ENTREGARTE? ¡ME MATARÁN!”
“Cálmate imbécil. Cuando estemos casi detenidos, se tan rápido como puedas y vuélale la cabeza al conductor, nos vamos al demonio” dijo con una sonrisa llena de terror.
El vehículo del séquito del Príncipe encendió los faros altos, casi frenando. El auto de los fugitivos casi detuvo su marcha, pero en ese instante se escuchó el disparo del revólver de Greg, seguido de varios disparos más, ya que no pudo asestarle en el primero y remató con varios más al pecho. Los vástagos que iban en dicho auto, abrieron fuego, destrozando faroles, agujereando el baúl trasero y perforando el vidrio trasero, obligando al Toreador Antitribu a agazaparse en el asiento trasero.
Pero con el conductor muerto y Ed acelerando al máximo su vehículo baleado, los enviados del Príncipe Leonard quedaron muy atrás, disparando ráfagas en la oscuridad que tronaron en el metal.
Por suerte era un buen auto y adoptó buena velocidad en la vacía autopista, pero habían llamado demasiado la atención y cualquier descuido haría que los guardianes de la Camarilla, hace poco sus aliados, los atraparan y esta vez, los asesinarían sin piedad.
Por ello, no aminoró la marcha, solo aceleró y mantuvo buena velocidad. Parecían a salvo, así que se relajaron un poco y gracias a algunos sobornos evitaron dos controles policiales en el cruce de una ciudad a otra.
Luego de algunas horas, por fin, llegaban a la ciudad vecina…
Capítulo 6: Ciudad de bestias enjauladas
La urbe en sí no parecía muy diferente, las ciudades son ciudades y las personas son personas pero el ambiente político y social allí era distinto, había protestas, territorios tomados por pandillas donde la policía ni asomaba la cabeza y la corrupción se filtraba por cada institución, comercio, empresa, mecanismo de seguridad y en cada hogar. Era desoladora por la gente que allí vivía, aunque la ciudad sobrevivía durante el día, a la noche, era tierra de nadie, tierra del más fuerte. Si las ciudades de la Camarilla eran oscuras, las del Sabbat eran las sombras mismas de la oscuridad.
Estacionaron en un parque que parecía de cuento de terror. Los juegos de plaza estaban cubiertos de telarañas, sangre seca, grafitis y basura. Apenas entre el óxido de los caños y las maderas húmedas y carcomidas se podía apreciar algo de lo que alguna vez fue un ameno lugar para niños.
El auto hacía ya un largo rato lo llevaban con los faroles apagados, por lo que una vez ubicado entre el crecido pasto lo hicieron casi desaparecer. Quitaron las cosas de valor del vehículo y salieron, para su suerte, el desafortunado conductor había bajado a los disparos pero había dejado su billetera en el auto. El silencio era sólo interrumpido de tanto en tanto por algún ladrido, algún sonido misterioso de algún departamento o el viento empujando basura por las calles.
“¿Por dónde empezamos?” –Preguntó Ed al Sabbat que miraba a su alrededor intentando ubicarse en la que era ‘su’ ciudad-
“Tenemos dos opciones. Una es ir directamente los dos al refugio donde nos reuníamos con los pocos que conocí de mi manada. Podrían asesinarnos sin que pudiéramos siquiera decir una palabra. Los conozco poco y son impredecibles…”
“¿La otra opción?”
“La otra sería refugiarnos en algún lugar seguro, que yo vaya a encontrarme con ellos y si no me asesinan, intentar sacar la mayor cantidad de información y traértela. Pero no quiero ser tu soplón, quiero irme de aquí en cuanto tengas tu información y no verte ni a ti, ni a mi manada, ni a la Camarilla, ni a NADIE! ¿Entendido?”
Ed no contestó. Solo frunció apenas el ceño y miró a su alrededor. Luego de una corta pausa, lo miró e intentando hablar tan calmado como pudo respondió pausadamente:
“Yo no te impuse condiciones. A esta altura tú tienes un arma, tanto como yo. Me podrías haber volado la cabeza durante todo el viaje. Podrías ahora ponerte a correr y los tuyos me asesinarían en minutos… no me impongas condiciones. Trabajemos juntos y ambos seremos más libres que antes… tu al menos puedes volver, yo no, a mí tampoco me interesa la Camarilla sino las personas que viven en mi ciudad, nada más”
Greg rió y contestó rápidamente: “Primero, pensé en volarte la cabeza un par de veces, pero tienes tanta maldita suerte que pensé que la bala no llegaría a matarte y estaría en un problema doble. Segundo, pensé en ponerme a correr, pero no sólo podrías alcanzarme, sino que tampoco es seguro que no vayan a asesinarme a mí también, no llegué a conocer a muchos de mis colegas. Tercero, dudo que lleguemos a ser demasiado libres, excepto cuando nos llegue la muerte definitiva… ¿Entendido? Estoy contigo porque de todos los imbéciles que he conocido desde mi abrazo, eres el único al que he podido creerle… así que no me mientas y seguiremos trabajando juntos hasta que cada uno pueda seguir por su camino…” –hizo una pausa y continuó mientras Ed lo miraba con una mínima sonrisa- “Así que optemos por un refugio primero. Un punto de encuentro. A partir de ahí veamos como seguimos…”
Caminaron hacia una calle colmada de coches. Parecía un barrio de mucha gente y de casi todos los departamentos se oía el volumen alto de la televisión, el llanto de los chicos, los gritos de alguna madre, ladridos y algún que otro golpe o griterío. Las minorías que vivían en esos barrios eran coto de caza de las manadas más salvajes, pero al mismo tiempo de las menos organizadas, así que decidieron rentar un olvidado cuarto sin baño en la parte de arriba del domicilio de un par de ancianos. Al menos no habría fiestas ni intrusos y además, pasarían desapercibidos por allí mientras planificaban en secreto.
Tenían hambre por todo el desgaste de la última persecución, así que su primer alimento fueron los ancianos, a los que pusieron a dormir con su beso sangriento. Pero mientras el Gangrel se limpiaba la boca y acomodaba los brazos de la anciana, se dio cuenta que el Toreador parecía más concentrado en otra tarea, clavándole las uñas en el cuello al anciano y retorciéndole el brazo. Aunque el anciano permanecía paralizado por el beso y con la boca tapada, intentaba débilmente zafarse.
“¡Greg! ¡Greg! ¿¡Qué haces!? ¡GREG!” –El Gangrel lo miraba extrañado mientras le gritaba que se detuviera, pero el Toreador parecía hipnotizado en su tarea de torturar al anciano-
“¡Maldito seas! ¡Detente!” –El Gangrel lo pateó y el Toreador salió de su trance mientras caía sentado en el piso-
Se paró rápidamente y pronto se pusieron frente con frente, mostrando los colmillos como dos perros de pelea callejera. El Gangrel empujó más fuerte y luego retrocedió. Miró al anciano y se dio cuenta que este se había dormido o desmayado, quedando sentado, pero a poco de caerse al piso.
Miró al Toreador y le preguntó gruñendo furioso: “¿¡Qué demonios fue eso!?”
El Toreador parecía al principio confundido, pero luego intentó volver a la realidad y respondió convencido: “Es imposible no disfrutar como brota la sangre, como llega lenta la muerte igual que una buena cuchillada se filtra desde una punta bien afilada hasta lo más grueso de una cuchilla… es frío, tiene sabor metálico, es deliciosa y artística… la muerte es así y todo lo que la rodea es bello. A veces no puedo evitar disfrutarla… además, en este viejo no se hubiera notado la diferencia entre vivo o muerto…”
Se miraron los dos con desprecio. El Gangrel menaba la cabeza como cuestionándose si había decidido bien en meterse con semejante loco a una ciudad llena de tipos como él, intentó dar armonía a la situación, como era su naturaleza.
“Mira, me importa una mierda si te gusta comer cerebros, torturar o la mierda que sea que dices que es arte, no estoy aquí para juzgarte, pero si algo de toda esa mierda nos pone en peligro, juro que voy a destruirte sin miramientos, ¿Entendido?”
El neonato Sabbat lo miró y no respondió. Se sacudió la ropa donde había sido pateado y sin mirarlo se puso a cerrar la puerta de la casa y ventanas. Ambos se pusieron a acondicionar el lugar para pasar el día y luego Greg habló.
“No elijo hacerlo. Me surge. Es como inspiración. Puede más que yo. Puede más que la bestia inclusive. Si logro controlarlo, lo haré, pero no es algo que me parezca tan malo…”
El Gangrel se dio vuelta furioso y le contestó: “¡Por eso eres un Sabbat! ¡Algo de idiota debías tener para pertenecer a esa secta! ¡Ahí está!”
“¡Claro que sí! Pertenezco a una secta un poco más sincera que la tuya que se jacta de su humanidad mientras los utiliza como ganado en su guerra contra nosotros y para dominar al mundo. ¡Mierda! ¡Hipócritas! Eso es lo que son. Yo no te he juzgado, tú dijiste que no me juzgabas, pero esto me suena a un juicio, no me interesa mi secta, pero tampoco la hipocresía de la tuya, así que no me vengas a hablar de idiotas…”
Ed se dio cuenta que estaba volviéndose difícil la alianza temporal que tenían, por lo que decidió apurar los planes. Aprovecharon la larga siesta de los ancianos y aseguraron las puertas con llave y cerraron las ventanas, acondicionando por completo el lugar.
Subieron al piso donde tenían una gran habitación para ambos, cerraron esa puerta con llave, la bloquearon con un pesado mueble e hicieron arreglos para bloquear la única ventana que tenían.
En la oscuridad, prendieron un par de lámparas y tomaron un anotador y bolígrafo. Armaron un plano improvisado de la ciudad y con el celular nuevo de Greg (aún sin señal) aprovecharon los mapas digitales para marcar zonas a evitar, puntos de encuentro, zonas “seguras” y algunos otros puntos de interés para moverse tan a salvo como fuera posible en una ciudad peligrosa.
Se escucharon algunos disparos y ambos se tiraron boca abajo cubriéndose la cabeza, luego se escucharon sirenas de policía que pasaron fugaces y después, de nuevo el silencio y ladridos perdidos de algún perro desnutrido tirando de su cadena. Ambos estaban en silencio, mirando desde el piso, con los revólveres en mano. Pronto notaron que el incidente nada tenía que ver con ellos y se levantaron de a poco. Parecía que estaban a punto de estallar en risas por su paranoica reacción, pero mantuvieron la compostura, no estaban para bromas.
Al final de la noche, el plan había sido revisado de nuevo y estaba decidido. Era arriesgado, pero les parecía la opción más rápida para obtener aliados en su investigación. Irían ambos al refugio de la manada de Greg (llamada entre ellos “El pacto”), revelarían más o menos la verdad, o sea, que Greg y su Sire fueron descubiertos y Ed enviado a eliminarlos, pero que él los protegió porque sospecha que hay doble agentes trabajando para ambos bandos y aprovechándose de todos. Con este argumento, harán un acuerdo de no-violencia con Ed hasta que se resuelva el tema. Una vez expuestos los traidores, volvería todo a ser como antes y al Gangrel le darían tiempo para salir de la ciudad. Claro, que para eso primero debían lograr hablar con la manada sin que les saltaran al cuello y los mataran al instante.
Se acostaron sabiendo que la siguiente noche podía ser la más dura de sus no-vidas o simplemente la última de su existencia.
Al despertarse, se sentían cubiertos de polvo. Jamás se habían sentido tan cadáveres vivientes como ese día. Esa era la noche del miércoles y había más bullicio del habitual afuera. Aparentemente la gente del barrio había cortado la calle y había una fiesta nocturna, nada agradable para chicos y ancianos porque era obvio que la fiesta estaba auspiciada por las pandillas locales. Pudieron abrir un pequeño tramo de las ventanas tapiadas y por allí podía apreciarse como intercambiaban, hacían gala de sus ‘Glock’, ‘S&W’, ‘Beretta’, ‘Colt” y otros productos armamentísticos. Vigilaban que la fiesta saliera bien, que se vendiera lo suficiente, que la gente se divirtiera y los adorara como dioses. Esa cultura la impregnaban mucho las manadas del Sabbat, pero ninguno allí abajo parecía ser un vampiro, aunque era imposible confirmarlo con tanto movimiento y bullicio. Aun así, tuvieron cautela en correr el mueble, abrir la puerta, saludar a los confundidos y debilitados ancianos y salir de allí.
La vereda estaba abarrotada de gente y de coches, algunos clásicos otros de alta gama, todos puestos en forma de barricada cortando la calle y algunos otros servían de tribuna para los que observaban sentados sobre los capot o techos. Algunos bailaban, otros reían, la música aturdía al Toreador que hizo fuerza por no taparse los oídos aunque la música lo estaba aturdiendo profundamente.
Se alejaron de la muchedumbre, que los miró con desconfianza. Supieron de inmediato que no podrían volver allí sin que les hagan una visita de bienvenida, por lo que tuvieron que descartar ese refugio y buscarse otro. Aprovecharon para alimentarse de una pareja ebria que salía del festejo y también les robaron el dinero, con el cual rentaron por dos noches un departamento de mediana calidad, un poco más seguro que la habitación que tenían, pero suficientemente económico y reservado como para que no les pidan identificación alguna.
Ensayaron el discurso una vez más, aunque era la verdad, había detalles que preferían omitir o cambiar para no alterar a los “hermanos”. Luego, fueron hacia su destino, el refugio de la manada Sabbat llamada “El Pacto” que si bien pertenecían a la facción ‘lealista’ de la secta, eran bastante organizados (“aunque no por eso, menos salvajes”, según había comentado Greg a Ed, en forma de broma).
El refugio era un segundo piso en un bar bastante conocido en la ciudad, famoso por albergar drag queens, dominatrix, tatuadores y artistas del piercing, así como snobs propios del arte literario de Poe y otras yerbas oscuras. Si bien el lugar era de bastante nivel, con variada atención y vigilancia, las cosas que pasaban en los pasillos y salones varios lo hacían un lugar oculto, peligroso y que bordeaba la ilegalidad. De hecho, se sabía abiertamente de la venta de drogas y la constante presencia de criminales de todo tipo, pero el lugar estaba ya bastante acomodado en la ciudad y la policía recibía un buen bono por pasar el lugar por alto.
Al entrar, debían mostrar un tatuaje que solo los miembros de la manada poseían (ni siquiera otros Sabbat lo tenían, pero sabían de su existencia), el cual Greg mostró, sorprendiendo a Ed y al guardia de seguridad, que desconfió de inmediato. Ed fue revisado y su revólver sustraído, lo miró al Toreador, pero este no pudo hacer nada, sólo insistir en que era un invitado del club y que estaría todo bien. El guardia dejó pasar de mala gana al Gangrel y saludó cortésmente al miembro de la manada. Era un humano con el cerebro tan manoseado por los poderes del líder de la manada, que parecía un robot sin personalidad propia.
Al pasar entre toda la gente que se movía rítmicamente al son de la música oscura, el vástago que alguna vez perteneció a la Camarilla, sintió horror al ver las torturas, latigazos, cortes, gritos y gemidos que se mezclaban allí con alcohol, drogas, luces y música. En cambio su acompañante parecía deleitado, como si hubiera llegado finalmente a casa.
Subieron las escaleras poco a poco y enfrentaron una segunda puerta, a la que Greg golpeó con fuerza mientras un guardia los observaba desde abajo, al pie de la escalera. Si algo salía mal, sabían que ese guardia comenzaría a dispararles por la espalda o intentaría detener su escape al salir de esa estrecha escalera rodeada de paredes de cemento llenas de grafitis.
Del otro lado una voz grave pero muy sonora preguntó quién golpeaba y escuchó a Greg responder con su nombre. La puerta se abrió de a poco (recién ahí Ed notó que era de madera, pero bastante gruesa, casi imposible de atravesar) y la mitad del rostro de un hombre pálido como la leche, de ojos claros como el agua de mar y cabello rubio muy corto se asomó, mirándolos con el ceño fruncido, examinándolos de pies a cabeza.
“¿Quién es ese, Ed?” –Señaló con su ancho mentón el enorme rubio reconociendo al Toreador-
“Es el que me ayudó a escapar de la ciudad, dos idiotas de la Camarilla me seguían y gracias a él pude llegar… tengo buena información… asesinaron a...:” –fue interrumpido-
“A Alex… si, lo sabemos…creíamos que habías sido tu… pero que te presentes aquí es una sorpresa… estábamos decidiendo como arrancarte la piel y colgarte al sol. ¡Entren!” –…y les abrió la puerta de par en par-
En la mesa circular de madera había un par de equipos portátiles, varios celulares, un par de pistolas automáticas, un cuchillo y algunos otros objetos que ellos no alcanzaron a ver en un primer momento. Alrededor de la mesa se sentaban dos compañeros de manada que Greg ya conocía y también estaba el grandote, rubio, que les indicó donde sentarse pero se quedó de pie.
Greg se sentó, pero Ed prefirió quedarse de pie. Nadie se lo recriminó, pero la mirada del ogro ruso jamás se apartó de él, así como su siniestra sonrisa. El primero en hablar, fue Francis, un Toreador Antitribu de cabello negro, corto y enrulado, con barba puntiaguda y bigote también terminado en puntas, que si bien no tenía rango en la manada más que de abad proveedor, reinaba sobre ese bar, que era en gran parte suyo, por ello vestía de negro y tenía sus dos brazos poblados de tatuajes. Este saludó de buen humor a su colega y miró al Gangrel, diciéndoles luego:
“¿Qué haces aquí Ed? ¿Quién es tu compañero? ¿Qué le pasó a Alex?”
“Él es Ed. Es un Gangrel, tenía la misión de eliminarme, pero me defendió contra la Camarilla, creo que él tiene objetivos como los nuestros. Me salvó la no-vida, me ayudó a escapar, confío en él al cien por ciento… veo sus intenciones hermanos, por favor escúchennos…”
“¿Así que ves nuestras intenciones?” –Interrumpió el Lasombra de apariencia más joven, de cabello castaño largo, atado en una coleta, tan pálido como la luna y sin un bello en el rostro- “¿Qué ves en las mías? ¡Puedo decírtelo! Estoy a punto de destruirles el cráneo a ambos, para evitar que nos mientan y nos traicionen otra vez, como le pasó a Alex…”
“¡Claro que no!” –Gritó Greg golpeando la mesa- “Les estamos diciendo la verdad… no hemos podido ser más sinceros. Él pertenecía a la Camarilla, pero no volverá allí hasta que no sepa cuál fue la misión por la que me enviaron, porque tiene una sospecha que creo es como la que tienen ustedes…”
Los tres Sabbat que conversaban con los recién llegados, se miraron entre sí. Parecían divertidos con la situación, excepto por Francis que parecía el más dolido por lo sucedió con Alex y además hablaba con más espíritu conciliador que sus dos compañeros. El ruso, llamado Iosif, en cambio hacía gala de sus dones de Toreador Antitribu y provocaba e insultaba a ambos. Al Gangrel decía que había que asesinarlo ya mismo por ser un miembro de la Camarilla en un refugio Sabbat, al Toreador, por traidor y por llevar al Gangrel allí. Lo decía con su voz grave, en tono de burla, pero no tenía problema si la cosa terminaba en una batalla campal allí mismo.
El Lasombra se reía también para provocarlos y Francis solo sonreía, pero intentaba seguir dialogando. Luego de intercambiar algunos detalles más, entraron un poco más en confianza y fue cuando el Toreador Antitribu que quería creerle a su hermano Greg les preguntó a ambos:
“¿Quieren saber entonces cuál era la historia detrás de tu misión? No te vuelvas loco Greg, de verdad pensamos que era más sencillo colarse allí y luego volver. Debía ser una misión de una noche, pero la improvisamos demasiado rápido y no contamos con un plan de escape mejor. Suponíamos que tardarían más en descubrirte y para cuando lo hicieran estarías fuera…”
Ed no pudo contenerse y tomándose ansioso del respaldo de la silla de Greg les preguntó: “Entonces ¿Cuál era la razón del plan? Necesitamos saberlo, podría ayudarlos…”
“¡TÚ CALLATE MALDITO VÁSTAGO DE MIERDA! ¡NO TIENEN VOZ AQUÍ!” –gritó el Lasombra que oscureció el cuarto entero con su mera intención-
Luego de eso todos se pusieron de pie y empezaron a discutir a los gritos, era un todos contra todos, se levantaron cuchillos, se agitaron pistolas y se gritaban a centímetros de la cara, parecía que una guerra estaba a punto de estallar, pero Francis gritó con fuerza y extendió sus brazos hacia los lados para poner orden.
“Antes que nada detengan sus opiniones personales. Aquí se trata del bienestar de la manada y aunque Greg no ha participado de los Auctoritas Ritae tanto como el resto, sé que piensa igual. Debemos esperar al Ductus y que él decida como continuar. Ni él ni el sacerdote han regresado de la reunión con el Obispo….” –Francis habló con decisión, pero luego de esa última frase se quedó pensativo y un profundo silencio invadió la habitación-
El lugar tenía una ventana de vidrio blindado y polarizado desde el cual se podía ver la barra, a todos los que bailaban y algunos otros sectores del bar. Se vio movimiento extraño y todos se acercaron allí. Había una ‘columna’, entrando por el lugar.
“¿Quiénes son esos?” –Preguntó asustado Ed-
“Una columna de la mano negra… se los conoce por resolver asuntos internos de la Espada de Caín, eliminando traidores y disidentes extremos del Status Quo”
“Me cago en la libertad de la que presumen aquí…” –se le escapó a Ed y todos lo miraron agresivamente- Pero parecía que la amenaza que allí estaba arribando era mucho más importante que un insulto de un miembro de la Camarilla en sus propias caras, por lo que Ed comprendió de inmediato la gravedad de la situación.
Francis se apuró a hablar, mientras que el Lasombra y el otro Toreador Antitribu (el ropero ruso) tomaban sub-ametralladoras, cuchillos y cargadores. Era claro que habían comprendido que eran presas:
“Podrían estar persiguiéndolos solo a ustedes por haber entrado a la ciudad sin permiso, puede que solo lo busquen a tu amiguito… pero no me arriesgaré, no enviarían a tantos sabiendo que estamos aquí para resolver el asunto nosotros mismos. No tenemos mucho tiempo… te contaré lo poco que sabíamos nosotros, por transmisión del Ductus… Es así. Luego de la batalla por defender la Catedral, la cofradía más grande de esta ciudad, se nos acusó de querer desestabilizar el poder del Obispo Mabaue junto con otros lealistas. Nuestro líder de manada había descubierto una alianza entre el Príncipe Leonard y el Obispo Mabaue, pero no teníamos pruebas, hasta que descubrimos que el único punto de conexión entre ellos es un cainita traidor que presencia tanto nuestras reuniones como las de la Camarilla. Modifica su rostro, pero no lo suficiente como para engañar a las cámaras… por eso es que lo descubrimos aquí y sospechamos que podíamos descubrirlo también allí… casualmente en ambas reuniones el muy bastardo se mantiene en silencio, pero está siempre muy cerca de nuestro líder y de su príncipe. La idea era que Greg tomara fotos o filmaciones del infiltrado para exponerlo en la próxima visita del Arzobispo, que está por llegar en algunas noches…” –se escucharon disparos y el lugar retumbó, por la ventana al bar se podía ver que la gente corría de un lado a otro en caos, excepto aquellos que estaban encadenados, atados o demasiado drogados o ebrios como para reaccionar-
“¡Debemos irnos! ¡Están subiendo!”
El caos que siguió a esa frase pronunciada por Francis, no tuvo igual… La puerta estalló en astillas, Ed tomó a Greg (que apuntaba junto con su manada hacia la puerta hasta que fue arrastrado por el Gangrel) y reventando el vidrio con su fuerza sobrenatural cayeron sobre la histérica multitud. La música dejaba oír de tanto en tanto la balacera que había surgido en la habitación de la que recién habían salido y el Toreador Antribu dudó un instante porque quiso volver a defender a su manada, pero cuando miró hacia atrás vio que las balas, la sangre y los destrozos hacían imposible siquiera entender que estaba sucediendo allí. Se encaminaron hacia una de las salidas, pero Ed estaba muy lastimado por su encuentro con el cristal blindado, así que cojeaba y se tomaba un hombro.
Varios disparos barrieron en su dirección y uno le dio a Greg en el pecho, tirándolo al piso de espaldas, mientras que Ed levantó con dificultad su revólver y le disparó al gordo vestido de paramilitar, que exhibiendo sus colmillos disparaba su sub-ametralladora mientras reía a carcajadas. Ambos se dieron, ambos quedaron en el piso. Pero Ed tenía buena puntería, así que el miembro de la Mano Negra que cubría esa salida, tuvo que tomarse el ojo que había estallado por uno de los disparos.
Greg se acercó a él corriendo y pateándole en el mismo ojo (o el hueco que quedaba de él) luego Ed se le sentó encima y exhibiendo garras bastante rectas y afiladas le atravesó el ceño, terminando por arruinarle ambos ojos.
Pero estaba sin fuerza, así que cuando el dolorido Sabbat chillaba y se retorcía debajo suyo, él cayó al piso de nuevo. Un Greg herido le tomó la mano y lo arrastró hacia la calle mientras algunas personas observaban y a lo lejos se podía ver que la policía estaba llegando. El Toreador no tuvo más opción, puso el revólver (al cual le quedaban solo un par de balas) en la cabeza de un joven gótico lleno de piercing y le pidió las llaves de su auto, luego empujándolo con una patada al abdomen al grito de “¡Necesito llevar a mi amigo al hospital!”
Tomó el pequeño pero bastante moderno auto del joven (que encendió y automáticamente comenzó a sonar Nine Inch Nails) y luego de lanzar a duras penas a Ed al asiento trasero, aceleró hacia atrás y luego rápidamente hacia adelante, mientras sentía como algunos disparos daban en la cola del vehículo. Aparentemente alguien más los había seguido, así que con poca habilidad de manejo, aceleró tanto como pudo y dobló peligrosamente cerrado en una calle muy estrecha, que no parecía lista para el tránsito porque los vagabundos tuvieron que correrse para no ser asesinados. Aparentemente, nadie los seguía, así que siguió manejando a una velocidad más segura por largo rato.
Ed levantándose de a poco hizo frenar a Greg, para comenzar a conducir. No solo conducía mejor, sino que ya estaba un poco más curado y además, el Toreador aún estaba herido en el pecho. Eran un cúmulo de cabellos impregnados en sangre, olor a pólvora, suciedad y videos atravesados por doquier, sus rostros fruncidos solo acusaban dolor.
Cambiaron el mando y ahora ambos estaban sentados adelante, en silencio fijándose de perderse en alguna avenida con otros coches, donde pudieran deambular sin llamar la atención. Pero todo en aquella ciudad parecía peligroso, hasta las avenidas más concurridas.
Por lo menos ahora sabían qué estaba sucediendo. Tanto el Sabbat como la Camarilla, tenían ambos un sector corrompido por sus propios líderes. Había un intermediario que mantenía esa alianza (o al menos funcionaba como un comunicador dentro de la misma) que era la pieza clave para exponer a ambos traidores que dirigían la secta con relativa paz y el suficiente conflicto como para mantenerlos distraídos, pero jamás exponiéndose demasiado. Greg palpó su bolsillo para ver si la tarjeta de memoria seguía allí y así era, al igual que su celular, aunque quizás la pantalla ya no sirviera. También revisaron cargadores de sus armas, de los cuales solo le quedaban algunas pocas balas.
Acusarlo directamente a cualquiera de los dos culminaría con la destrucción definitiva de ellos y cualquier aliado de ellos. ¿Sería quizás por eso que el Ductus y el resto de la manada de Greg nunca habían llegado a reunirse o estarían detrás del ataque de la ‘columna’? No. No podía ser así, era líder de una manada lealista, que según había entendido el Gangrel, significaba que eran más rebeldes o más leales a los principios más “libres” del Sabbat. De todas maneras, más conocía sobre el Sabbat, más pensaba que era cierto todas las leyendas que había sobre su brutalidad, salvajismo y anarquía.
Se detuvo en una senda peatonal y vio pasar varios patrulleros con las sirenas encendidas. Decidieron ir a un restaurant de comidas rápidas, allí no importaba si entrabas sangrando, sin un brazo o con un lanzamisiles en tu hombro, solo les preocupaba si ordenabas algo y a veces, ni eso. Este era uno de esos últimos casos. Estacionaron bien escondidos detrás del restaurant y entraron, encaminándose al segundo piso directamente, donde podían ver toda la avenida porque el lugar estaba todo rodeado de ventanales.
“¡Perdimos todo! ¡Todo! Abandoné a mi manada, si no sobreviven, nos eliminará la columna de la Mano Negra, si sobreviven, me matarán ellos por traidor…”
“Baja la voz y tranquilízate” –Respondió firme Ed, mirando a su alrededor- “No perdimos todo. Aún tenemos la información necesaria para exponer a ambos líderes. Solo necesitamos alguien que nos crea o mejor aún, la misma información que tenemos en la tarjeta de memoria, pero recopilada por tu manada cuando el infiltrado estuvo en SUS reuniones… así tendremos ambas caras de la moneda y podremos poner en evidencia ante el Elíseo y ante los tuyos…”
“¿Dónde crees que podríamos conseguir esa información? ¿No se habrá perdido en la balacera? ¡Eso fue una maldita masacre!”
Ed meditó sobre las palabras del Toreador, intentando ingeniar un nuevo plan, reordenar las piezas y comenzar de nuevo.
“Bien. Hagamos esto. Ni a ti ni a mí llegaron a vernos esos sicópatas asesinos que atacaron el bar…podríamos asistir o podrías tú asistir a la llegada del… ¿Arzobispo? ¿Así se refieren a sus líderes?”
El Toreador revoleó los ojos, pues a él también le parecían estúpidos todos esos nombres, pero respondió:
“Sí, así le llamamos a los más altos líderes aquí. Pero como te dije, estuve muy poco tiempo en la secta, no llegué a conocer a ningún líder de esos, ni siquiera al Obispo Mabaue. Mi manada tampoco les prestaba demasiada atención, a Mabaue se lo conoce por su crueldad, su brutalidad, su sadismo, su falta total de diplomacia… además me lo mencionaban con cierto desprecio siempre… pero ¿Cuál es tu plan? No sé ni dónde encontrar al Arzobispo una vez que llegue, tampoco sabría que hacer… ¿Acercarme y decirle ‘ey tengo unos videos de un traidor, tienes una computadora y nos sentamos a verlo’? ¡Qué estupidez!”
El Gangrel asintió. Era una estupidez. Se quedaron en silencio, observando a su alrededor. Parecía que habían cavado su propia tumba. Ahora eran perseguidos en la Camarilla y en el Sabbat. Sin un lugar a donde ir, casi sin balas, casi sin dinero, casi sin fuerzas, en medio de una ciudad que ahora les era completamente hostil, en medio de una ciudad de bestias que ya no estaban enjauladas, sino sueltas, depredadores salvajes buscándolos.
Capítulo 7: Monstruo de dos cabezas
El Príncipe estaba sentado a la cabeza de una larga mesa de roble y mármol. Tenía algunos papeles frente a él y una habitación llena de cuadros a su alrededor. Algunos de los cuales valían cientos de miles. Una notebook un poco alejada de su mando marcaba números y tenía planillas, imposible de entender para alguien fuera de la economía. A su lado había un asistente con la cabeza metida en su celular, no dejaba de leer y escribir mensajes. Tampoco parecía humano, aunque excepto por su adicción a la sangre real de Leonard, lo era.
Por un intercomunicador circular negro con una pequeña luz azul, desde el parlante se oía la voz de alguien que pedía disculpas al regente de la ciudad.
“Entiendo que se haya escapado, hasta ahí era algo que podía pasar. No estaban preparados para una traición de tanta magnitud. Lo que no entiendo es por qué no los siguieron”
Desde el parlante la voz titubeó y luego dijo: “Señor, se fueron a la ciudad límite del sur. Territorio…”
“Sí, entiendo. Bien podrían haber intentado. Si no es un suicidio para ellos, no debería serlo para nosotros… pero bien. ENCUÉNTRENLOS”
La voz afirmó como un soldado raso, pero luego quiso continuar, para molestia del mandatario: “Señor. Nos llegó el informe por parte de Robert, Robert Chaim, de que el Nosferatu Frank, líder de guerra de la ciudad ha pedido las filmaciones del Elíseo. Todas o cuantas fueran posibles. Tenemos estrictas órdenes de no entregarlas, ¿Verdad?”
“¿Por qué las pidió?” –Preguntó tajante-
“Según él, quiere descubrir más sobre el infiltrado, identificarlo e identificar su dispositivo. Dice que puede llegar a hackear el celular y borrar lo que tenga dentro…”
El Príncipe sonrió sin despegar los labios. “Pues entonces no le den las filmaciones, pero déjenlo verlas, podría acceder a esa información, anotarla y luego irse, siempre bajo estricta vigilancia...”
“Sí señor” –respondió entusiasmado Palmer mientras cortaba su comunicación-
El Príncipe recorrió sus pensamientos uno a uno mientras miraba a la pantalla que mostraba sus pérdidas y ganancias. Parecía estar todo encaminado, aunque le gustaría tener servida la cabeza del infiltrado y de Ed para mostrarlas en la próxima reunión. Claro que ya hacía mucho que no le dejaban hacer eso. Hasta la sociedad vampírica se había vuelto más progresista, algo que a él lo disgustaba de sobremanera. Nada de cuerpos despellejados asándose al sol, nada de cabezas a los lados de su sillón. Está bien que él no había vivido en la edad media, pero sí lo suficientemente atrás en el tiempo como para haberse deleitado viendo como otros líderes hacían eso en su tierra natal europea. “Qué tiempos aquellos” –pensó queriendo poder suspirar-
En otro lugar, lejos de la vista de cualquier mortal, varios monstruos estaban reunidos en una de las húmedas y pestilentes oficinas subterráneas. En una ronda con varios equipos de computadora, módems, routers, firewalls, teléfonos y radios haciendo ruido detrás de ellos, conversaban sobre lo sucedido y sobre las acciones de Frank, que era quien hablaba en ese momento, moviendo sus labios deformes al hacerlo:
“Estamos en una situación delicada y complicada hermanos. Cuando traje a Ed a nuestro refugio, fue porque luché a su lado y confié en él. Tiene a su compañero por el que ustedes me han consultado… es una rata del Sabbat y se me escapó de las manos por confiar en ellos. Saben que no está en mi naturaleza confiar en nadie, pero le debía una a Ed de viejas batallas juntos. Ahora nos consultarán al respecto. Les contaré la verdad para evitar cualquier rumoreo que nos comprometa como clan… Ed me llamó desesperado por refugio y se lo di. No sabía que vendría con ese salvaje a nuestro refugio. Lo dejé pasar pensando que en el peor de los casos podría asesinarlo yo mismo y hacer entrar en razón al Gangrel… luego Ed me pidió ayuda, pero dijo que nos encontraríamos de nuevo. Yo sabía dónde se refugiaba porque lo había seguido una vez, así que decidí ir a emboscarlos, pero jamás fueron allí y por el contrario, se escapó. La situación fue muy confusa, porque cuando declararon la caza de sangre por ellos dos, a mí no se me invitó a esa reunión y de hecho, el idiota de Palmer casi me impide el acceso al Elíseo. Luego el asunto se aclaró, pero aquí hay algo raro… pueden hacerlos sospechar de mí, pero quiero que sepan que eso jamás sería así, soy leal a la mierda que está aquí abajo más de lo que soy leal a la mierda que está allí arriba, así que sepan defenderme, ayúdenme a investigar qué está pasando y juntos defendamos la imagen del clan que están intentando mancillar…. Un poco más de lo normal”
Luego de eso, vinieron algunas preguntas, otros gritaban obscenidades y el ambiente se revolvió un poco, pero en sí, todos habían entendido el mensaje, debían estar atentos a un nuevo intento por difamar al clan, nada nuevo para la mayoría. Uno de ellos, más que ningún otro, comprendió que debía actuar y se fue de allí, lejos de la mirada de Frank y mirando por sobre su hombro, todo el tiempo, con paranoia.
Llegó a su casa en un bonito barrio del centro norte de la ciudad y se bañó con agua fría, pero abundante jabón, luego comenzó el lento proceso de transformación, modificándose el rostro para parecer nuevamente un hombre normal y no la vomitiva criatura que rengueaba en los túneles subterráneos. Perfume, ropa de buena calidad a la moda y por supuesto, detrás de los cerrojos que guardaban su habitación secreta en la casa, moldeo de la carne de su rostro y miembros. Ya no era Robert Chaim el Nosferatu de bajo perfil, que había llegado a refugiarse en la ciudad hacía ya algunos años, sino Garrick Dunham, un Ventrue de rostro parco que siempre se sentaba cerca del Príncipe, de bajo perfil, pero para muchos, metido en demasiados asuntos de la ciudad.
Había estado siendo el nexo entre ambas ciudades, ya que tanto el Obispo Mabaue de la ciudad Sabbat, como el Príncipe Leonard querían conquistar la ciudad lindante del norte, la ciudad famosa por el lago, que era regida por un Príncipe que Leonard detestaba y el Obispo había intentado vencer cientos de veces, pero que ninguno había podido ni por el lado político, ni por el lado militar, vencer en una sola batalla. El Príncipe Werner tenía apoyo directo del clan en Alemania y siempre que había tenido problema, había sido enviado algún Arconte para defenderlo. Lo cual era debido al increíble beneficio político y económico que representaba Werner para la Camarilla en Europa.
Robert, ahora Garrick, pensó: “¿Qué tanto sabrá Frank? Sonó sincero, pero no se puede confiar en él… debería investigar por qué le interesan las filmaciones… o mejor aún, debería evitar que las logre ver, pues tengo un mal presentimiento al respecto… ¿El idiota que se infiltró me habrá llegado a filmar? ¿Por qué habría hecho eso? ¿Será que…”
Se subió a su Mini Cooper y salió a gran velocidad para encontrarse con Palmer y los ghouls que iban a mostrarle el video a Frank, debía presenciar ese evento.
En la ciudad del Sabbat, Ed y Greg encuentran un refugio temporal en una estación de tren abandonada junto con muchos adictos, algunos sin techo y otros frecuentes de ese lujoso hospedaje. Prefirieron abandonar esa noche de acción y guardarse hasta que pudieran recuperar algo de poder de fuego, dinero o al menos, salud.
Aún no había un plan claro y ambos sentían que estaban comiendo más de lo que podían tragar. Necesitaban involucrar a más personas, pero no podían confiar en nadie en ese momento. Era imposible moverse por la ciudad y mucho más imposible volver a su antigua ciudad, por lo que Ed se recostó entre los escombros de una pared, armándose un refugio cerca de la tierra, donde se hundió antes que la noche culminara. El Toreador en cambio, tuvo que ingeniárselas para esconderse entre las chapas caídas de los trenes que oxidados y descascarados, servían de refugio del sol, además añadió maderas y algunos escombros encima suyo para que vagabundos curiosos no pudieran encontrarlo. Se sentía patético, pero no le quedaba más.
En la ciudad de la Camarilla, Garrick llegaba al encuentro de Frank con los guerreros que solían seguirlo y admirarlo, Palmer y Leyla. Aunque más que a nadie respetaban y seguían al Príncipe, habían luchado en un par de ocasiones con Frank y este los había guiado siempre muy bien. Además tenía historia defendiendo la ciudad. Pero ahora el asunto era distinto porque Frank era amigo de Ed, quien era ahora un traidor. Así que los saludos fueron bastante formales y no como era habitual, más relajados.
Allí estaban de pie en el lobby del Elíseo dos de los ghouls que vigilaban la entrada, Palmer con su clásica musculosa ajustada y su musculatura prominente y Leyla, con su ropa suelta y moderna, de marcas muy caras, pero que le dejaban ver parte de su ancho viente pálido. Frank iba vestido de forma muy sobria, siempre de negro y con un sombrero muy de los años treinta, para tapar algo de su horroroso rostro.
Justo antes de dirigirse todos por el pasillo hacia la cabina de seguridad, llega en auto Garrick y se les une. Todos se incomodan, pero deciden entrar igual. Frank mira con desconfianza al recién llegado, mientras piensa una vez más como le había pasado ya muchas veces:
“Yo he visto a este tipo en otro lado… ¡Demonios! ¿Por qué siempre tengo esa sensación?”
Meneó la cabeza a los lados y siguió a todo el séquito que se dirigía a la cabina de seguridad donde estaban los monitores, cámaras y guardias-ghoul que vigilaban el Elíseo y al Príncipe.
Se detuvieron frente a la puerta de seguridad, donde un agente pasó una tarjeta que destrabó la misma luego de un corto *beep*, pero no entraron. Garrick se dio vuelta y encaró a Frank:
“ ¿Para qué es que estamos haciendo esto, Frank?”
El Nosferatu dudó un momento, pero no tenía nada que ocultar y respondió con su clásica cara de ogro: “Busco saber por qué era tan importante para ese pobre diablo infiltrarse en una de nuestras reuniones, sabiendo que tenía más oportunidades de ser destruido que de grabar algo nuestro… quiero ver a quienes apuntaba con su cámara…”
El falso Ventrue asintió pero su cara no mostró demasiado. “Bien, insisto en que es una tontería, pero te daremos el gusto”
Frank pensó: “¿Quién es este tipo para tomar estas decisiones si no tiene NINGÚN cargo aquí…”
Entraron al “cuarto de control” como decía una placa en la puerta de metal y no les permitieron mirar mucho a las demás computadoras y cámaras, pero Frank hizo un escaneo rápido de los recursos y posicionamientos de las cámaras, había algunas que inclusive él no había detectado.
Pusieron el video del día de la reunión en el Elíseo y todos observaron con cuidado como con gran sigilo el infiltrado (Greg) desde su posición de recién llegado hacía como que jugaba con su celular, pero en realidad los estaba fotografiando y filmando. En el momento nadie se había dado cuenta, pero finalizada la reunión, el Príncipe, quien sí se había dado cuenta, da la orden a su mejor sabueso, Ed ahora conocido como ‘el traidor’ para que lo siguiera, lo capturara y eliminara.
Al finalizar el video, tanto el impostor como los otros defensores de la Camarilla consultaron a Frank respecto a qué había visto en el video y si algo le había servido. Él respondió que no y se fue pensativo. No volvió a levantar la cabeza, estaba seguro que ahí descubriría algo, pero nada resultó como lo esperado. Su plan comenzaba a perder sentido.
Se fue turbado por la idea de que quizás Ed estuviera equivocado. Pero confiaba en ese animal bastardo y él mismo tenía sus propias sospechas. Si el plan no tenía sentido aquí, tampoco lo tendría en la ciudad Sabbat, por lo que quizás Ed y su acompañante Sabbat estaban en mayor peligro del esperado.
Recorrió sus pensamientos y no comprendió qué era lo que podía estar mal. Alguien había ido a filmar a miembros de la Camarilla. Él mismo había visto las cintas de seguridad y no había nada allí que inculpara a nadie… a menos que en el Sabbat hubiera alguien que pudiera reconocerlo como Sabbat y por ende sería un traidor NO para la Camarilla, sino para la secta rival… según Ed, el Príncipe sería consciente de esa traición, pero eso no lo hace un traidor. A menos que realmente sea alguien trabajando para ambos bandos… esa persona no podría engañar al Príncipe, sus sentidos estaban más allá de los imaginables, podía ver, oír y percibir cosas que ningún otro podría. Entonces era claro que el traidor estaba en alianza con el Príncipe. Quizás era solo un traidor del Sabbat, acomodado para que nadie en el Elíseo lo juzgue por su origen… esa sería una especie de traición, pero no demasiado grande como para semejante escándalo.
“No tiene sentido… ¡Esto no tiene sentido!” –exclamó por dentro y furioso se dirigió a su oficina/habitación privada dentro del complejo de túneles Nosferatu, donde la humedad teñía las paredes de verde y el constante sonido del flujo de agua generaba un ambiente casi onírico. Armó una buena mochila repleta de tecnología y otros accesorios, así como una pistola y un cuchillo de caza con un largo mango que solía utilizar para cualquier tarea, desde degollar a un intruso como desatornillar una placa de una computadora. Debía actuar, puesto que una gran batalla comenzaría y terminaría de forma injusta, dejando la verdad en la oscuridad.
Camino a la ciudad Sabbat, siguió lucubrando sobre la situación. Por fin, llegó a un refugio al límite con la ciudad enemiga y allí pasó el día enterrado bajo escombros, esperando la noche siguiente.
La siguiente noche, el destino se podía percibir en el aire, tanto para los recién levantados Ed y Greg, entre escombros, basura y vagabundos, como para Frank, que ya estaba emprendiendo camino en la fría y ventosa noche, adentrándose en la peligrosa ciudad regida por la Espada de Caín. Su andar era firme y seguro, confiaba en sus dones de ocultamiento, así como en su capacidad de combate, por lo que no tenía a que temer, al menos en principio.
Sus ratas le habían informado algunos olores familiares, así que iba a dejar a sus informantes ayudarlo y guiarlo por la ciudad hasta que él consiguiera un lugar seguro donde hospedarse.
El Toreador Antitribu y el Gangrel aprovecharon para alimentarse de los menos destruidos de entre los adictos que concurrían a esa desolada estación de trenes. Si bebían mucho de aquellos demasiado “idos”, ellos quizás sentirían algo de ese efecto, por lo cual debían tener cuidado.
Al término de su ataque a dos jóvenes que quedaron derrumbados en asientos de tren casi carbonizados, se dirigieron a la espesa urbe nuevamente, estaban decididos a encontrarse con el Sebbat de las facciones lealistas y unirlos para desenmascarar al infiltrado.
Las calles parecían todas iguales bajo la luz de la luna, el azul oscuro, el negro y algún que otro brillo de los faros callejeros hacían difícil ubicarse, pero intentaron seguir una lógica basada en los pocos lugares que Greg conocía por visitar con su manada. En ninguno había presencia de las manadas, pero por lo menos habían encontrado un viejo contacto de la manada, un Nosferatu Antitribu mercenario que vendía armas a cualquier manada y rumores. Se llamaba Ralph Yuei, alguna vez había sido un asiático-americano, pero ahora poco quedaba de eso, las deformidades del clan lo habían convertido en una masa pálida casi sin rasgos, con apenas una línea como boca y dos líneas como fosas nasales, así como dos líneas hinchadas para sus ojos.
“Ralph. Necesito tu ayuda. Ahora no puedo pagarte, no tenemos más que lo que te hemos dado para las armas, pero necesito saber qué es lo que se sabe sobre un infiltrado en la ciudad…”
El Nosferatu corrió la cara, con gesto sorprendido. Sin decir palabra ordenó las municiones que le habían comprado y guardó el dinero en su caja metálica ubicada debajo de una mesada cuya tapa no estaba atornillada y se abría con una pequeña palanca. Se sabía que era paranoico en extremo, porque sabía mucho y estaba solo, sin manada (muchos inclusive decían que era un anarquista o un independiente y no un Sabbat, pero él se jactaba de solo servir a la Espada de Caín y asistía a todos los ritae que involucraban a toda la sociedad Sabbat).
Luego de una extensa pausa, entregándoles las municiones y la granada “abre puertas” que le habían pedido, el monstruo sonrió y con tono burlón contestó:
“No sabía que había infiltrado… ¡Cuéntame más!”
Greg sintió ganas de apuñalarlo, pero sabía que en cuanto le pusiera una mano encima, sus perros ghoul (dos rottweiler que dormían serenos a un metro suyo) lo atacarían y nadie podría detenerlos. Mientras el Toreador hacía la diplomacia a duras penas, el Gangrel había intentado hablarle a los canes, pero solo había recibido monosílabos y gruñidos como respuesta. Era mejor no insistir.
“Vamos Ralph. Sabes de lo que hablo… me enviaron a filmar a alguien. Ahora dos ciudades enteras quieren mi cabeza… y NO, no pongas esa cara, NO HAY un precio por mi cabeza, no obtendrías nada…”
Ed golpeó con el codo a Greg, como indicándole que estaba hablando de más. El Nosferatu rió de forma chillona y luego dijo:
“Mejor deja de cavar otra tumba para ti muchacho. Hagamos un trato. Si yo te doy esa información que necesitas, tú tendrías que hacer un favor a Ralph. Ralph necesita una remodelación de su negocio… este local es inseguro para Ralph. Quiero que me prometas al menos ocho mil dólares y te cuento todo lo que yo me acabo de enterar… ¡Esto es reciente chico! ¡Es tu día de suerte!”
“¿¡OCHO MIL DÓLARES!? ¿¡QUÉ DEMONIOS…!? – Greg bajó la cabeza. Contuvo su ira y siguió hablando con más calma- “Bien. No me molesta tener que conseguirte ese dinero y no creo que sea tan difícil. Podría hacerlo, pero no sabría decirte en qué plazo, pues no sé si voy a sobrevivir aún…”
El Nosferatu se puso serio, como si hubiera sentido compasión por el muchacho o como si sintiera estar perdiendo demasiado tiempo con él y quisiera sellar rápido el trato:
“Bien. Exactamente ayer una columna del Sabbat atacó el refugio de una manada….” – Greg sabía que se estaba refiriendo al ataque que él había sufrido allí junto a su manada y a Ed- “El Obispo envió directamente a esa columna de la Mano Negra a que se encarguen de la manada, pues ahora son considerados traidores a la secta” –El Toreador quiso preguntar más, pero el Nosferatu extendió su huesuda mano para callarlo- “Se dice que estaban complotando contra él y probablemente contra el Arzobispo en su reciente llegada…”
Los ojos del Toreador se abrieron de par en par. “¿Ya está aquí el Arzobispo?” –preguntó emocionado-
“Sí, llegó ayer. Se dice que el Obispo se apuró a enviar a la Mano Negra justamente para evitar un atentado o que el Arzobispo se enterara algo de esa situación. Querían hoy en la reunión mostrar las cabezas de los traidores y presumir de la velocidad de reacción ante una conspiración, pero algunos se les escaparon… aunque ya deben estar liquidados a esta altura o en la mira de la columna de asesinos”
Ed vigilaba la puerta, si llegaba a abrirse, dispararía con todo lo recién comprado (que no eran más que balas de un revólver de buen calibre) mientras que Greg continuaba la charla.
“¿Sabes algo más Ralph? Déjame decirte algo… soy inocente. Mi manada me envió a una misión, yo NO TENÍA IDEA de lo que se trataba, me dieron órdenes específicas de filmar a los miembros del Elíseo, supuse que era por un asedio que se estaba planificando sobre el Principado, pero luego me di cuenta que no. Él –dijo señalando a Ed- era el encargado de eliminarme, pero se dio cuenta que había un doble agente que era al cual yo había ido a espiar sin saberlo. Por eso estamos aquí, hay ALGUIEN trabajando para ambos bandos que está creando este conflicto”
El monstruo sonrió, pero escuchó atentamente y dejó a Greg terminar.
“Esto es divertido. Pero no te creo. Es más, tu historia no tiene sentido. Si lo que fuiste a hacer fue a develar a un espía de nuestra secta, eres claramente un traidor…”
“¡No Ralph! El infiltrado es infiltrado de ambas sectas. No trabaja para ninguna, peor aún, trabaja para ambas. Los líderes de ambas sectas en las dos ciudades usan a este infiltrado para acomodar la ciudad a su gusto… esto lo hemos hablado con mi compañero –volvió a señalar a Ed, que estaba de espaldas a ellos, sosteniendo su revólver con cierta tensión- todos los conflictos fronterizos, los ataques a una y otra ciudad, los movimientos de la economía mortal, a nivel social y político, todo está coordinado entre estos dos grandes traidores… estos bastardos mentirosos han creado una red donde ellos dos controlan todo y nos utilizan a todos debajo de ellos para armar la ciudad a su gusto. Tienen el doble de poder y rigen ambas ciudades de forma sincronizada por SU beneficio… ¿Por qué crees que el Sabbat no asedia la ciudad vecina pero siempre hay conflictos que terminan por resolverse sin atacar? ¿Por qué crees que eliminan a los lealistas y hasta han eliminado a los moderados por insistir en medidas más extremas? ¡Eso es debido a que todo en ambas ciudades sirve para exacerbarnos, pero NO para que las ciudades se ataquen, porque a ninguno de los dos les conviene y la noche que haya una guerra, AMBOS ganarán, de una forma u otra… eso es traición a AMBOS bandos…”
El Nosferatu miraba extrañado, sorprendido, pero su deforme sonrisa no expresaba estar tomándoselo todo en serio.
“Aun así, me debes ocho mil dólares joven, aunque me hayas informado más tú a mí que yo a ti, ¡JAJAJAJA!” –el Nosferatu golpeó la mesada de madera que lo separaba de los compradores, acentuando su risa incómodamente aguda-
“Ralph. Que sean quince mil, pero te pido que mantengas el secreto tanto como puedas y que me des todos los detalles que puedas al respecto…”
“¿Seguro que quieres deberme quince mil, muchacho? Deberle quince mil a Ralph es como deberle tu alma al diablo ¡Jajaja!”
Ed se cansó de tanto juego y golpeó la misma mesada, haciendo saltar algunos de los casquillos de balas que ahí yacían y otras cajas vacías que adornaban la misma. Los perros levantaron la cabeza y gruñieron, mientras el Nosferatu retrocedía un par de pasos con los brazos cruzadas en su pecho.
Ed mantuvo su puño cerrado en la mesada y diciéndole que por favor apurara la velocidad de la información, mantuvo su mirada en el Nosferatu. Greg pasaba su mirada del Gangrel, al Nosferatu, a los perros que lo aterrorizaban y de nuevo a Greg.
“Bien, bien, bien” –y haciendo un gesto a los perros para que se calmaran continuó- “La Mano Negra continúa visitando refugios y patrulla el área. Es la única manada encargada de tu cabeza, ahora que sé que es eso lo que buscan… la reunión de la secta es en unos minutos y yo iré. Pueden seguirme, pero durarían unos minutos antes que el Obispo ordene su ejecución y yo junto con los muchos hermanos que asistirán, deberé obedecer y cortarles la cabeza… pero fuera de eso, creo saber quién es el infiltrado… Eso sí, te costará unos veinte mil dólares. Final. Es una buena oferta, ¿Verdad? Lo que sí, quisiera eso ANTES de decirte el nombre, sino quizás pierda sentido”
Ed y Greg se miraron. Ambos imaginaron por un momento como torturarían allí mismo al Nosferatu, pero sabían que pelear contra los perros y contra el Nosferatu sería una misión al menos, complicada. Aunque lo lograran, sería empeorar su situación.
“Bien” –Dijo por fin el Toreador Antitribu- “La reunión asumo que será en la Catedral. Yo no puedo ir, quizás mi compañero aquí, pero también para él sería un suicidio, por lo que cerremos el trato con el nombre más la información de lo que pase en la reunión, lo que se hable, rostros, sucesos, todo y mientras vamos a conseguirte los veinte mil dólares… ¿Qué dices?”
“Digo que tienes suerte que deba irme al evento, porque de lo contrario te pediría más dinero y negociaría más cómodo. Ahora váyanse y consigan ese dinero. Cuando vuelva, me encontrarán aquí y solo vuelvan si consiguieron el dinero” –El monstruo salió de atrás del mostrador, los invitó con un empujoncito a salir y cerró con sus muchos cerrojos la puerta de metal, gruesa, aunque descuidada, con pintadas y algunas abolladuras poco profundas-
Greg le dijo a Ed que tenía un plan, lo que sorprendió al Gangrel. Le dijo que irían a un edificio desde donde podía verse la Catedral del Sabbat, que era de hecho una catedral católica humana, abandonada y tomada por la secta. Más allá de tener una idea del evento, la idea era también identificar posibles aliados ó el rostro del Arzobispo, para encararlo directamente más adelante si tuvieran que acceder a esa última opción.
Se dirigieron al edificio que tenía muy poca presencia humana y pasaron diciendo que iban a visitar a un tal “Jack”, que no existía, pero que sonaba muy convincente para los pocos que se cruzaron en el hall del edificio de pasillos de madera, empapelado triste y desgastado.
Desde allí, subieron al techo y Greg que era el único de los dos que podía, observó el movimiento en torno a la Catedral.
Ed se encargó de vigilar a su alrededor y pedir algo de información a los pájaros de la noche, que poco le contaron. Mirando sin identificar nada, hubo algo que llamó mucho su atención, un auto. ¿De dónde recordaba ese auto que había llegado a gran velocidad?
Capítulo 8: Misma serpiente, otra piel
Frank se detuvo un momento. Había movimiento extraño en aquella esquina, que no parecía propio de la violencia que ya reconocía de la ciudad, esto parecía distinto. Como un operativo policial, pero sin sirenas ni gritos de aviso, solo disparos hacia la ventana de una planta baja cuya puerta estaba por completo destrozada.
Inmediatamente se dio cuenta, que eran vampiros tal y como él. Pero armados hasta los dientes y lanzando ráfaga tras ráfaga hacia la ventana, mientras que otro entraba a hurtadillas por la puerta, pero era alcanzado por disparos desde dentro. Eso fue lo que le reveló la condición de no-muertos de los presentes, puesto que a pesar de la ráfaga recibida que destrozó la ropa de la pierna del soldado y la sangre que brotaba, el individuo se levantó y rengueando se escondió, riéndose de forma sádica. Algo raro estaba sucediendo.
El Nosferatu era famoso por su manejo en el campo de batalla, por su intuición. Hizo uso de la misma intuición que lo había sacado victorioso siempre y utilizando su capacidad de pasar sin ser visto, se introdujo esquivando ráfagas al interior de la vivienda.
Había una familia arrinconada en un pasillo, con los chicos gritando y tapándose los oídos y los padres haciendo lo mismo, todos en cuclillas, aterrados con algunas balas cayéndoles demasiado cerca.
Defendiéndose desde dentro, había un loco de cabello castaño, delgado y de rasgos afilados, gritando y disparando con una sub-ametralladora hacia la ventana, en todas direcciones. Cargando su pistola automática y cubriéndose detrás de una mesa que ofrecía poca protección, estaba el pálido, delgado y de rulos negros que se hacía llamar Francis. Pero claro, eso Frank no lo sabía, por eso dudó. Pero decidió tomar el riesgo y se acercó oculto al lado del Toreador Antitribu, apareciéndosele de repente, apoyándole el cañón de su 9mm en la cabeza.
El tiempo pareció detenerse para ambos mientras la balacera continuaba:
“Mi nombre es Frank, soy enemigo acérrimo tuyo, pero puedo ayudarte a sobrevivir a esta situación, sólo dime si conoces a un tal Greg, iba acompañado de un Gangrel… ¿Puedes ayudarme?”
Francis le clavó la mirada furiosa con intención de comenzar a luchar contra ese monstruo allí mismo, pero algo le dijo que esa sería su sentencia de muerte, por lo que respondió rápido mientras una ráfaga de balas destrozó lo que le quedaba de protección. Su compañero, el Lasombra que defendía la posición estaba recargando y en ese instante se dio cuenta de la presencia del monstruo, pero antes de poder atacarlo se dio cuenta que Francis estaba conversando con él, por lo que gritó: “¡¡Sigue disparando!!” y se levantó de su protección detrás de un mueble caído para hacer retroceder a balazos a la columna de la Mano Negra que había adelantado su posición hasta la puerta de entrada de la casa.
Francis disparó varias veces en dirección a la puerta y un disparo acertó en el pecho de uno de los sádicos vampiros que estaban entrando, haciéndolo caer y salpicando de sangre la pared, pero un disparo de otra dirección le dio en la mano, estallándole uno de los dedos y haciéndole perder el arma. Chilló de dolor y se tomó la muñeca, mientras de la sangre brotaba una inmensidad de sangre.
Frank supo que en parte era su responsabilidad, así que abrió fuego contra los atacantes, manteniéndolos a raya.
“A la cuenta de tres, van a salir por aquella puerta, ¿Está bien?” –dijo Frank señalando a una puerta del living que era de lo poco que no tenía un agujero de bala o sangre allí- “Eso nos conducirá a la escalera para el primer piso y desde ahí escaparemos…”
El Nosferatu abrió fuego con su pistola e intentó torpemente con la otra pistola en su mano izquierda, al menos distrayendo la atención de los atacantes, mientras gritó: “¡Ahora!”
Francis no dudó, sabía que si no lo hacía lo eliminarían allí mismo, miró al Lasombra quien era reacio a obedecer, pero en la mirada del Toreador vio miedo y convicción, por lo que decidió además respetar su hermandad y seguirlo. La puerta se abrió con un leve movimiento y ambos pasaron.
Atrás se les unió Frank, quien mientras ellos subía corriendo las escaleras al primer piso, disparó varias veces contra los enemigos que ya se habían adentrado a la casa, pero ayudó a las personas que estaban atrincheradas y aterrorizadas a subir también.
En el segundo piso había más gente, todos escondidos y temblando de miedo, Frank empujó a la familia para que se juntara con los demás mortales y luego dijo a Francis y a Dennis (el Lasombra que estaba salpicado en sangre, pues él también había sido herido):
“Ahora saldremos por la ventana, saltarán ustedes primero hacia aquél techo –dijo señalando un techo que apenas se veía debido al reflejo de luz de luna, era de cemento con coberturas de metal curvas para guiar las lluvias- cuando caigan, corran trescientos metros hasta la primer boca de subterráneo, ¡Espérenme escondidos en las escalinatas!” –fue interrumpido por el ruido de la puerta de la escalera que se astillaba en pedazos y los múltiples pasos de las botas de los asesinos que subían frenéticamente-
Los Sabbat hicieron caso y saltaron al techo, con un estruendo de metal siendo golpeado por peso muerto, pero Frank se quedó un poco más, cuando el primer miembro de la columna de la Mano Negra se asomó, lo tomó desprevenido y con una patada frontal lo lanzó hacia el que venía atrás subiendo la escalera y ambos golpearon contra el tercero que también subía desesperado y ahora todos caían de espaldas de nuevo a la planta baja, rodando por el piso y golpeándose fuertemente.
Luego de esa tremenda muestra de poder del Nosferatu, este desapareció del cuarto y no fue encontrado por la Mano Negra. Los dos Sabbat habían sido astutos y habían corrido sin dejar rastros de sangre, pero iban lento por la calle hasta su destino, aunque inseguros aún de si debían confiar en el monstruo, llegaron a la boca del subterráneo minutos más tarde.
Frank se reunió con los dos integrantes del Sabbat. Francis le pidió inmediatamente la pistola y él mirándolo con desdén frunció sus putrefactos labios y se la dio. El Lasombra tenía su arma en la mano y era obvio que desconfiaba, pues la tenía lista para acribillarlo. Fue el primero en hablar: “¿Por qué deberíamos confiar en ti? ¡No eres un hermano!”
El Nosferatu miró hacia atrás por sobre su hombro y luego se acercó a ellos, pasando entre ambos y con una llave maestra abrió el candado de la boca subterránea. Pudieron acceder algunos metros, donde permanecían ocultos por las sombras del túnel, lejos de las luces de la ciudad.
“Son tiempos revueltos. En este momento no se puede confiar en nadie y no se puede desconfiar de nadie que nos ayude… Conocen a Greg. Deben haberlo visto con Ed, mi compañero Gangrel. Sí, pertenecemos a la Camarilla, pero en este momento estamos actuando contra el Príncipe, si eso los deja tranquilos… en este momento actuamos por el bien de nuestra secta y en consecuencia, por el bien de la suya, aunque no lo queramos…”
Los tres se pusieron al tanto de los últimos eventos, ellos le contaron quienes eran esos asesinos (algo que sorprendió a Frank, quien no sabía que había una elite de asesinos dentro de una secta que él pensó anárquica y sin estructuras) y él les contó cuál había sido la motivación de Ed y la situación actual en su ciudad sobre la cual le pesaba una cacería de sangre. Él era aún inmune, pero en ambas ciudades se desataría una guerra interna cuando los eventos salieran a la luz, si en cambio no salían a la luz, todos ellos morirían y el infiltrado seguiría allí, jugando a ser la voz de la traición en ambas sectas.
El Nosferatu dijo que llamaría a Ed para conocer su situación actual y unir fuerzas con ellos. Sería una tregua temporal por un bien mayor en cada una de las sectas, pero acabaría en cuanto comenzara la guerra interna en cada ciudad.
En otra parte de la ciudad, Greg observaba el movimiento abajo y Ed atendía su celular, que por suerte había recordado poner en modo vibrador:
“Frank, que bueno oírte. Esto se ha ido al carajo… tú…” –pero el Nosferatu tenía prisa y lo interrumpió-
“¿Dónde están imbéciles? Estoy con dos amiguitos de Greg. Tenemos que encontrarnos”
“Sí sí, estamos entre la calle 35 y la Dr. Luther King, pero no vengan aquí, es sumamente peligroso”
Los dos Sabbat oyeron la dirección y se dieron cuenta que era justo la esquina donde estaba la Catedral, el Lasombra adoptó un rostro aún más cadavérico, como si se sintiera el peor de los traidores. Su hermandad lo juzgaría por trabajar junto al enemigo. Sentía que un poco merecía ser destruido por la Mano Negra.
“Bien, encontrémonos en la boca del subterráneo de la 35 y la Roosevelt. Eso es suficientemente lejos”
“Sí Frank, hay algo que debo preguntarte sobre una patente. Es LLX472, coincide con un Mini Cooper color…”
“Color azul” –acotó rápidamente Frank-
Todos permanecieron en silencio. Las sospechas se confirmaron. El traidor era Garrick. Pero cómo hacía para que nadie lo reconociera en ninguno de los dos lugares.
El Lasombra pensó un momento y dijo: “El único al que he visto llegar en un Mini Cooper es a ese Tzimisce pretencioso que siempre tiene aprobación del Obispo. Cree que nadie lo ve llegar en su auto maravilla, pero yo siempre he desconfiado de él y una vez lo crucé al llegar. Él no se lo esperaba… ¿Qué problema hay con un Mini Cooper además de una mala elección para no llamar la atención y un pésimo gusto?
Frank calló un momento. Terminó la charla telefónica y se enfrentó a los dos Sabbat.
“Su Tzimisce, es para nosotros un Ventrue. Según el Príncipe un Ventrue que recién llegaba a la ciudad, con objetivos temporales. Siempre había sido algo sospechoso, pero pensamos que era algún protegido. Estoy seguro que es la misma persona que se sienta junto a su Obispo”
“¿Cómo podríamos creerte? ¿Cómo sabemos que no intentan confundirnos? ¡No los necesitamos para limpiar la ciudad de traidores!” –El Lasombra se apuró a apuntar con la subametralladora al Nosferatu, pero Francis lo golpeó con el codo, haciéndolo retroceder-
Ambos se pusieron frente a frente y gritándose insultos fueron detenidos por el Nosferatu.
“Una alianza temporal. Es todo lo que os pido” –Por un momento Frank dejó de ser hosco e intentó recobrar la diplomacia que tenía antes de ser un cansado monstruo errante-
El Lasombra aceptó a regañadientes, pero Francis quiso enfatizar más su entrega a la causa y estrechó manos con el Nosferatu.
Fueron al encuentro del Gangrel y del Toreador. Era la boca de subte más sucia que jamás podrían haber imaginado. Había un perro muerto hacía tanto tiempo que poco quedaba de él, pero sí de su olor, mezclado con el hedor de la mugre y la orina. Entendía por qué ni los vagabundos utilizaban esa boca de subterráneo para dormir, aunque era un lugar apartado del frío y el viento que ofrecía la ciudad, era insoportable y a los Toreador que se volvían a reunir con un abrazo les costó trabajo hablar. Aunque los vampiros no tenían la necesidad de respirar, el hablar hacía que el aire se moviera de cierta manera por sus fosas nasales, más que suficiente para que sus agudos sentidos colapsaran.
“Aquí estamos todos” –alcanzó a expresar Ed, mirando a Frank con rostro de haber necesitado un aliado que los sacara de la desesperación-
“No todos” –dijo con pesar Greg- “¿Dónde está el hermano Iosif?
“No logró sobrevivir al ataque de la columna en nuestro refugio, Greg… aunque gracias a él pudimos escapar nosotros. Intentamos alcanzarte pero la balacera adentro fue una locura y la policía venía llegando y tuvimos que cambiar de camino” –Francis dijo esas palabras y meneó la cabeza con el dolor de haber perdido a Iosif, un hermano del clan y de la manada-
“¡Estamos famélicos, necesitamos alimentarnos!” –Dijo el Lasombra intentando movilizar al grupo que intercambiaba información de todos los eventos ocurridos el último tiempo-
“Es cierto” –añadió Frank- “Ellos han sido atacados por una facción de su secta y están heridos. Yo me he movido mucho sin alimentarme y por lo que veo en el color de su piel, ustedes están un poco mejor, pero no mucho mejor…”
Caminaron tan ocultos como pudieron y tan lejos de la Catedral como fue necesario, la cofradía de la secta que ahora parecía vacía a comparación del griterío que sangrientos hijos de Caín habían provocado minutos atrás en llegada del Arzobispo.
“No sé por qué la presentación fue tan breve” –comentó Greg mientras intercambiaba municiones con sus hermanos- “Pero sé que fue multitudinaria, además, Ed identificó el vehículo del traidor, dice que utiliza el mismo vehículo en su ciudad… ¡Ese tipo es un idiota!”
Frank lo observó, tal y como observaría un padre a un niño crédulo y respondió con dureza:
“Un idiota que nos ha estado engañando a todos hace casi un año. El lujo y la vanidad lo han hecho tropezar, pero aún no tenemos como probarlo… Por eso el plan de su manada y el mío de ver las grabaciones no han demostrado nada. No oculta su rostro con poderes propios de mi sangre, tiene algún otro don para pasar desapercibido…”
Dennis el Lasombra rió en voz alta mientras identificaba un grupo de jóvenes rapeando en la puerta de una casa, entre el humo y el alcohol que decoraban todo el tramo de la vereda. Ese fue el alimento del grupo (en tregua) de Camarilla y Sabbat. Poco pudieron reaccionar los raperos ante el bestial ataque que marcó diferencias claras entre cómo se alimentaban Ed y Frank y sus compañeros temporales de la Espada de Caín. La violencia innecesaria parecía ser algo más que un mito que corría en relación al Sabbat.
Ya alimentados, el Lasombra fue el primero en hablar mientras huían: “Es un Tzimisce. Puede alterar su rostro, pero no importa cuán agudos sean tus sentidos, él se ve distinto porque su carne es distinta… algunos lo hacen para jugar, otros para torturar, algunos como este hijo de puta, para traicionar…”
“Necesitamos un refugio seguro” –dijo Ed mientras observaba cada ruido a su alrededor con paranoia- “¿Conocen alguno?”
La manada, ahora limitada a Greg, Dennis y Francis junto a los dos seguidores de la Mascarada, Frank y Ed, se detuvieron un momento y el Toreador Antitribu Francis, indicó un lugar, era su departamento de mortal, pero nunca lo había vuelto a ver desde su abrazo, pero como era suyo, seguro podría entrar… no tenía las llaves, pero había pruebas más que suficiente de que entrar en un lugar para un vampiro era más sencillo que para el resto.
Caminaron hacia una avenida de muy poco tránsito, allí doblaron dos cuadras hacia adentro y llegaron a un edificio completamente de ladrillos al aire, fueron al callejón que quedaba en el pulmón donde decenas de vagabundos rodeaban barriles encendidos o hacían sonar radios viejas, entre ratas, basura y putrefacción, subieron por una escalera que estaba acostada junto al callejón y desde ahí llegaron a la escalera de incendios, por la cual treparon y luego al encontrarse con la ventana tapiada del departamento de Francis, utilizaron los dones del Lasombra para atravesar las maderas y filtrarse al interior.
El departamento era pequeño y tenía olor a humedad concentrado, el polvo podía verse revoloteando por doquier, solo iluminado por la luz de luna que se filtraba por las rendijas de las maderas destrozadas. En la oscuridad, hicieron silencio para asegurarse que nadie los hubiera oído o seguido hacia allí. Sus ojos se acostumbraron las tinieblas y recién luego de eso Francis encendió algunas velas que dieron un corto radio de luz al living de pisos flotantes de madera. El pánico del fuego puso en alerta a todos, pero cuando las velas dieron algo de luz y las tuvieron lejos, se calmaron.
Se sentaron dos en la cama (que tenía un colchón y nada más) y otros dos en el piso, mientras que Francis revisó ligeramente el departamento que milagrosamente no había sido saqueado luego de tanto tiempo de abandono. El barrio era tan marginal, que aún nadie se había dado cuenta de la ausencia del inquilino. Eso sí, no había agua, ni gas, ni luz eléctrica pues todos los servicios habían sido dados de baja. Prestó ropa a algunos de ellos para que pudieran cambiarse las prendas agujereadas o ensangrentadas y se dispusieron a revisar un posible plan.
Dieron vueltas y vueltas al tema, pero las propuestas eran variadas y ninguna infalible. El Lasombra Dennis insistió en el método Sabbat, secuestrar al traidor, torturarlo y hacerlo confesar. Pero tenía una desventaja, ¿Ante quién lo harían confesar? ¿Quién les daría el tiempo de hacerlo? Y si lo hacían a escondidas ¿Cómo validarían la confesión? ¿Grabándola? Seguiría siendo improbable. Además, atraparlo sería exponerse y no habría vuelta atrás.
Tenían la prueba del auto, pero fácilmente podría deshacerse del vehículo y no tendrían chance. Podrían sacar fotos, pero la persona saliendo del auto sería diferente debido a esos “extraños dones” (como Ed había indicado) que describieron los otros Sabbat.
Otra propuesta fue la de hablar directamente con el Arzobispo y que él envíe a alguien a seguir al traidor, pero ¿Qué si el infiltrado se daba cuenta que era seguido y mantenía una conducta ejemplar? Ellos serían ejecutados.
Frank sugirió el tema del Aura, pero sólo Francis y Greg pudieron seguirlo en ese tema. Se sabía que los vampiros con dones de percepción podían detectar una “energía extra” que los vampiros irradiaban pálida y moribunda, pero que era igualmente legible. Los buenos lectores de almas podían inclusive saber si su interlocutor mentía o si era una misma persona con distinto rostro. Pero debían pedir al Arzobispo que si él poseía esos dones, detectara las mentiras del traidor y corrían dos riesgos, que no pudiera leer el aura del mentiroso o que el arzobispo mismo no le interesara y los mandara a ser decapitados. En ambos casos, era demasiado riesgo.
Frank había sido astuto y había grabado con una cámara oculta la filmación que había visto de las cámaras del Elíseo. Pero no tenía con qué compararlas, así que fue Francis el que logró marcar la diferencia, consiguiendo una computadora muy vieja que guardaba en su hogar, llena de polvo. Insertaron la tarjeta de memoria de Greg (que había grabado en el Elíseo al comienzo de toda su odisea) y descargaron la información, manteniendo ambas copias. Luego, hicieron lo mismo con la tarjeta de memoria de la grabación de Frank y compararon. Para la filmación, era Garrick, pero había otro detalle, según Greg que lo pudo ver entrar a la reunión en la Catedral del Sabbat, el tipo era monstruoso, como un Nosferatu (y sin poder evitar su venenosa lengua de Toreador Antitribu, señaló riendo a Frank, quien se mantuvo tranquilo pese a querer aplastarle la cabeza allí mismo).
“¿Dices que la misma persona que se baja del mismo auto en el Elíseo lo vemos como un Ventrue, pero cuando te visita, es monstruoso? ¿Podrías indicarme qué tan monstruoso?” –Había algo en la voz de Frank que denotaba un terror asomándose de una posibilidad que había elegido descartar y ahora estaba lamentándolo-
“No” –respondió Greg- “No tengo ninguna foto o filmación, pero tenía el rostro pálido y alargado, como la obra de arte de Edvard Munch ‘El Grito’”
Los ojos de Frank se abrieron de par en par y ahí se dio cuenta que el infiltrado era un triple infiltrado… con razón aparecía tan poco ese visitante del clan. Con razón siempre se enteraban todo de antemano en el Elíseo… él había tenido al infiltrado frente a sus narices todo el tiempo. Robert Chaim, el Nosferatu que lo había acompañado en la organización de la seguridad del alcantarillado el último tiempo. Por estar tan ocupado ni se había preocupado en explorar más sobre el recién llegado.
Ante la reacción de Frank, todos le preguntaron al respecto y él contestó:
“Ya tengo la forma de atrapar al infiltrado. El maldito se ha hecho pasar por Nosferatu de ambas sectas y además por Ventrue, es un genio del disfraz, así que vamos a jugarle el mismo juego. Déjenmelo a mí, aunque voy a necesitar que todos cooperemos por si la cosa sale mal”
Ed notó que el Nosferatu, compañero suyo de batalla se estaba haciendo cargo del asunto porque siendo uno de los guardianes de la ciudad, había tenido al lado al infiltrado y no había podido detectarlo y hasta le había dado algunas claves de la estrategia de defensa subterránea, por lo que dejó que se haga cargo, pero se dispuso a alivianarle la carga:
“Cuéntanos qué planeas hacer y vemos como entre todos podemos ayudarte”
Frank sonrió, con una mezcla de agradecimiento y sadismo pensando la trampa en la que haría caer al traidor:
“Bien. Me convertiré en su Obispo. Deben traerme fotos de él, grabaciones de su voz, deben darme todo el material posible y haré mi disfraz. Luego lo interceptaré en la ciudad, necesito que averigüen donde vive y lo interceptaré para decirle que la situación se ha complicado y que necesito que me de toda la información posible. Así también vamos a grabarlo y poner micrófonos, así es visto y escuchado en vivo y en directo por el Arzobispo, de esa manera no tendrá escapatoria ni excusas. Si mi papel sale mal, necesito alguien afuera para que me ayude a pelear contra él porque desconozco el poder de los Tzimisce, aunque se dice que ellos y los de tu clan –dijo señalando al Lasombra- son de temer para cualquiera de nosotros” –el halago era un viejo truco y aunque eran pensamientos sinceros de un miembro cualquiera de la Camarilla, le serviría para dejar contento al Lasombra al menos hasta que el plan terminase-
Frank continuó: “Necesitamos primero, identificar donde vive eso se lo dejaremos a los que conocen la ciudad” –dijo señalando a los miembros del Sabbat allí presentes- “Luego, instalarle las cámaras y micrófonos, yo puedo hacer eso… además voy a necesitar una camioneta para instalar los monitores y parlantes donde estará el Arzobispo escuchando todo, que eso te pediré que lo consiga alguno de ustedes, aunque sea comprando una usada, no importa siquiera si anda bien o no. Por otro lado, Ed tú estarás afuera por si algo sucede, pero no cerca puesto que sus sentidos agudizados podrían arruinar nuestro plan si te detecta, es más aún no sé si podré disfrazarme ante su ojos. Luego necesito otro punto que quizás sea el más difícil, ¿Quién hablará con el Arzobispo para que acceda a nuestro plan y se asegurará que no nos venga a asesinar a todos?”
El Lasombra levantó su mano y todos lo miraron. Algo les decía que no podían confiar en un miembro tan vital de la Espada de Caín para un plan conjunto con algunos ‘vástagos’ enemigos. Pero no les quedaba otra opción y además Dennis insistió:
“El Arzobispo es Lasombra. Es de mi sangre. Aunque apenas lo conozca, estoy seguro que me escuchará antes a mí que a cualquiera de ustedes”
Todos asintieron y quedaron repartidas las tareas. Era momento de ponerse en acción. Intentaron acicalarse lo mejor posible y cambiar ropas para no ser reconocidos tan fácilmente y salieron a las calles, cada uno a cumplir su misión. Esa misma noche antes que llegue la luz del sol, debían estar todos en el refugio, si no llegaban, por precaución, los que estuvieran en el refugio se irían a otro lugar decidido en el momento, por si alguno era capturado y torturado para revelar la ubicación del departamento de Francis.
Se separaron con el miedo de no saber si todos volverían, pero la misión era clara, la guerra estaba declarada, aunque aún, era una guerra fría.
Capítulo 9: Manos a la obra
Los hijos de la noche se dispersaron por la urbe fría, ventosa y desolada. Mientras que Greg se encargaba de espiar al infiltrado que de tanto en tanto se movía en su Mini Cooper, Francis se dio cuenta que no encontraría fotos del Obispo, pues se encargó de conseguir retratos y de acercarse lo más posible a él para poder fotografiarlo.
Las noches pasaron y se movían con cuidado, ya que un movimiento en falso y cualquiera allí, sea el Obispo, la columna de la Mano Negra o el infiltrado, podría descubrirlos. Consiguieron la camioneta, ayudaron a Frank a disfrazarse, día tras día, consiguiendo detalles, escuchando a lo lejos su voz y ropa adecuada para el engaño.
Uno de los movimientos más riesgosos del Nosferatu fue, una vez obtenida la dirección del Tzimisce, adentrarse en la casa y colocar cámaras y micrófonos escondidos. La casa era demasiado sencilla, casi sin muebles y el Nosferatu temió que las descubriera fácilmente, arruinando el plan. Pero debía confiar en sus décadas trabajando con sistemas de seguridad e instaló todo lo mejor que pudo.
Como habían faltado muchos elementos, también habían tenido que salir a comprar, antenas, monitores y algunos cables y dispositivos para poder llevar la transmisión hasta la camioneta, sin que nada fuera visible para el Tzimisce.
La última de las noches previas a la ejecución del plan, venía el detalle más delicado. Dennis, el Lasombra había consguido una entrevista privada con el Arzobispo, en la cual el Arzobispo lo mantuvo en secreto, dándole una sola oportunidad para que comprobara todo lo que estaba diciendo.
Todo estaba listo. Era cuestión de que todo coincidiera. Un celular temporal enviaría un mensaje al Arzobispo, quien debía ir hasta la ubicación de la camioneta en cuanto el traidor llegada a su hogar, al mismo tiempo, el Nosferatu Frank lo visitaría en forma de Obispo Mabaue para hacerlo hablar tranquilamente de lo que quería transmitirle al Príncipe y así poner en evidencia lo que estaba sucediendo. Ed esperaría afuera, por si algo malo pasaba, mientras que Francis y Dennis se quedaban en la camioneta escuchando y viendo todo lo que sucedía en el interior con el falso Obispo del Sabbat y el traidor confesando. Greg se uniría a Ed en caso que algo malo sucediera y el impostor reaccionara. Ni los miembros del Sabbat, jóvenes e inexpertos, podían saber cómo era un Tzimisce enojado, pero corrían siniestras leyendas al respecto.
Finalmente la noche en la que todo coincidió llegó.
Garrick, que en esta ciudad trabajaba como Elliot “Cassidy” (otra de sus tantas identidades falsas) un Nosferatu Antitribu que llevaba rumores de un lugar a otro, llegaba con su Mini Cooper, en dirección a su casa, estratégicamente ubicada en las cercanías del cruce a la ciudad de la Camarilla.
El Arzobispo se dirigió con uno de sus guardaespaldas al que llamaban “Azlhahar” hacia la camioneta que le habían indicado, la cual arrancó en dirección a dicha casa también, con el Lasombra Dennis y el Toreador Antitribu Francis al volante.
Ed con su revólver cargado, un pequeño explosivo de contusión y bastantes municiones, se fue acercando a la casa, caminando con un sigilo que lo sorprendía inclusive a él. Greg lo seguía de más lejos, pero con una sub ametralladora, prestada por el Lasombra, rodeando la casa por otro lado. El Mini-cooper llegó y allí en la puerta estaba el Nosferatu, usurpando la identidad del afroamericano Obispo Mabaue. Imitó su sádica sonrisa con los colmillos exhibiéndose (un rasgo que le habían informado era característico del Obispo) y ojos claros y brillantes que contrastaban con su piel negra como el ébano. Al principio le costó imitar la voz, pero pudo simular que hablaba en susurros debido a estar en plena calle, aludiendo que “no era normal encontrarlo así, pero era un tema urgente”.
El Tzimisce agachó la cabeza ante el falso Mabaue y lo invitó a entrar. Frank, desde su papel de Mabaue no dejó de monitorear las reacciones del dueño de la casa, con el miedo de estar siendo descubierto sin darse cuenta, por lo que apuró un poco los eventos.
“Mira Elliot, no tenemos mucho tiempo. Necesito atacar la ciudad, las manadas lealistas y moderadas lo piden…” –toda esa información había sido provista por los Sabbat que conocían la interna de la secta y que habían podido conocer los rumores de reunión en la que se presentó al Arzobispo- “… necesito que el imbécil de Leonard me diga por donde puedo atacarlo sin desatar el caos, ni una guerra. Tenemos asuntos internos que están complicándolo todo”
Al principio la reacción del Tzimisce asustó a Frank, que permanecía compenetrado con su papel, ya que el infiltrado comenzó a reír dándole la espalda. Pero luego Frank se pudo calmar, puesto que su interlocutor no solo no sospechó nada, sino que comenzó su confesión:
“Señor Mabaue. ¿Han podido eliminar a los traidores?” –el Tzimisce tenía tan aprendido su papel de inocente, que hablaba de los traidores refiriéndose a aquellos que habían intentado desenmascararlo-
“Sí, la columna tiene a casi todos, los que quedan no serán un problema. Pero hemos llamado demasiado la atención y el Arzobispo ha preguntado al respecto. ¿Qué sabe Leonard? ¿Está en problemas? ¿Su ciudad también tiene gente investigándote?”
Con cada frase, Frank se arriesgaba un poco más, pero buscaba desentrañar las mentiras del Tzimisce, mientras el Arzobispo, su guardaespaldas, Francis y Dennis oían todo desde los parlantes de la camioneta y veían todo por los monitores precariamente instalados allí. Si bien la imagen no era cien por ciento fiel, evidencia sobraba para que el líder máximo de la región estuviera cerrando su puño con fuerza, mientras que movía su pie nervioso desde su posición reclinado en la silla.
“Señor Mabaue, ya le he dicho, allá sólo un Nosferatu pidió las filmaciones, intuyo que el idiota habrá pensado que yo me escondía como los de su clan y que las cámaras me delatarían, pero tanto el traidor de Greg, sus filmaciones no le han servido de nada más que para hacerlos quedar en ridículo. Leonard ya declaró cacería de sangre sobre el Gangrel que ayudó al traidor y el resto los envió a asesinar usted señor, ya no hay evidencias. Quizás el Nosferatu que lidera al clan en la ciudad del Príncipe Leonard, pero no parecía saber demasiado, simplemente quería mantener unido al clan, pero eso es pura basura… no les servirá para descubrirnos”
“Entiendo” –Frank por un momento se había quedado demasiado estático y sabía que Mabaue tenía una personalidad más avasalladora, por lo que retomó su actuación para dar énfasis y no levantar sospechas-
“Pero necesitamos mejorar la comunicación” –dijo mientras se paseaba con las manos atrás en su papel de Obispo Sabbat- “No puedes ser tú el único vínculo con el Príncipe Leonard. Hemos sufrido infiltraciones debido a esto y hasta tu llegada yo no pude enterarme. La columna de la Mano Negra ha tenido dificultades encontrando a los traidores… Sugiéreme a alguien. ¿Quién puede ayudarte a ser mi lazo con Leonard?”
El Tzimisce dudó con rostro extrañado, por lo que Frank se preparó para lo peor. Quizás había dicho algo equivocado, quizás Mabaue no se hubiera expresado así. Pero su papel era casi perfecto, ¿Qué podría haber fallado? Intentando parecer relajado, separó un poco sus piernas, por si el Tzimisce se le abalanzaba encima o por si debía esquivar alguna ráfaga de disparos. Temía lo peor.
“No señor Mabaue” –respondió el Tzimisce luego de una pausa que pareció eterna- “No confiaría en nadie para un papel tan arriesgado. Otro doble agente moviéndose entre una ciudad y otra ya sería demasiado. Mis papeles como Ventrue del Elíseo, Nosferatu recién llegado y como Nosferatu aquí en su ciudad me cuestan cada minuto de no-vida, es estresante y me requiere estar dedicado a esto. Dudo que otro fuera a ser tan servil como lo estoy siendo yo”
Para el Arzobispo que estaba sentado afuera apretando sus dientes estaba todo dicho. Quería entrar y arrancarle la cabeza al Tzimisce y luego movilizar a toda la ciudad contra Mabaue. Pero él recién llegaba y si bien contaba con muy buena aprobación, el Obispo tenía a muchos de su lado. Sobre todo los más fanáticos y salvajes de la ciudad.
Finalmente, el Arzobispo, que lucía ropa muy poco llamativa, unos pantalones de jean azules, un pulóver de lana negro y botas de cuero negras, dejó caer su cabeza hacia atrás, mirando al techo de la camioneta y entrelazando sus dedos. Sus ojos marrones eran claros y brillantes y su piel, pálida como la luna era solo iluminada por las luces bajas de la camioneta y algo de la luz de luna que se filtraba por las ventanillas. Finalmente dijo sin mirar a ninguno:
“Entren, atrápenlo y tráiganmelo. Si pueden, consciente, sino, como sea, pero déjenle la suficiente vida como para que hable y sufra todo lo que va a sufrir…”
El guardaespaldas del Arzobispo salió con Francis y se dirigieron hacia donde Ed vigilaba la puerta de la casa, pero Dennis se quedó un momento más en la camioneta, tenía un asunto más que hablar con su hermano de clan.
Francis le hizo un gesto a Greg, que también se acercó y pronto estaban el Gangrel, los dos Toreador Antitribu y el Ventrue Antitribu que cuidaba del Arzobispo. Los cuatro se miraron y decidieron entrar cada uno por un lugar distinto, la idea era inmovilizarlo y antes que escapara, empalarlo, por lo que buscaron por la zona una madera la cual pudieron astillas y convertir en una especie de estaca muy afilada (aunque astillada, también).
Mientras el falso Obispo, Frank disfrazado conversaba con el Tzimsice, se dio cuenta que este comenzó a mirar en dirección a la puerta. Parecía haber percibido algo. Iba a decir algo para distraer al traidor, pero pronto la puerta y la ventana estallaron en pedazos por los cuerpos de los atacantes que las atravesaron, cayéndole encima al Tzimisce antes que pudiera reaccionar. Frank quien perdió su disfraz, pero aún tenía la ropa y el maquillaje que se había puesto para ayudarlo en su actuación, retrocedió algunos pasos tapándose la cara para que los pedazos de vidrio no le entraran en los ojos.
Ed y Francis inmovilizaron al Tzimisce, mientras que el guardaespaldas del Arzobispo le asestó un golpe con la estaca (y Greg apuntaba un poco más atrás con la ametralladora), pero justo en el instante antes que pudieran atravesarlo con la estaca, el Tzimisce creció y adoptó una forma bestial, ya ni Francis ni Ed pudieron sostenerle los brazos y es más, la criatura monstruosa desarrolló espinas y brazos tan largos, que sacudió a ambos con dos manotazos, lanzándolos contra las paredes, rompiendo cuadros, adornos y una mesa de madera alejada.
Frank le lanzó un golpe de puño al rostro con todas sus fuerzas y la bestia cayó contra la pared, rompiendo gran parte de la misma, entre cascotes y polvo se levantó rápidamente y mientras recibía una ráfaga de balazos de Greg, pateó al Nosferatu que atravesó una pared de yeso y cayó contra la mesada de la cocina, rompiendo parte de los azulejos.
La criatura monstruosa, llamada “zulo” como conocían las leyendas, forcejeó con el guardaespaldas del Arzobispo, quien con un cuchillo intentaba tajearle los brazos, pero la piel del enemigo era dura y terminó por ser él quien reciba dos cortes con las púas de los brazos del Tzimisce transformado.
Mientras el guardaespaldas volaba, por detrás Ed cortó la espalda de la inmensa bestia con sus garras afiladas, causando que esta chillara de una forma tan macabra, que paralizó a todos allí. El corte era profundo e inclusive las garras de Ed se engancharon cuando no pudo seguir desgarrando, lo que causó que el zulo se diera vuelta y con un manotazo en el rostro, lo cortó y lanzó contra un armario y un espejo, que quedaron destrozados.
Otra ráfaga de Greg hizo que la bestia se cubriera cruzando los brazos delante de su cara, salpicando de sangre mientras las balas perforaban la superficie de su carne y algunas rebotaban contra sus huesos. Manteniendo los brazos cruzados embistió a Greg, quien no pudo sostener el arma y cayó contra el borde de un sillón de madera. La distracción sirvió para que el guardaespaldas le lanzara un cuchillo al a bestia en una rodilla y al mismo tiempo Francis le disparaba en la nuca, a muy corta distancia. La criatura tambaleó y cayó con una rodilla al piso, sosteniéndose con un brazo y con el otro sosteniéndose la nuca. Su espalda aún sangraba y Ed aprovechó para asestarle otro garrazo, ahora en la cara.
La bestia cayó un poco más de costado y continuaron disparándole y golpeándola, hasta que su cuerpo comenzó a achicarse, retornando a su forma normal. Ya no tenía ni apariencia de zulo, ni de Garrick el Ventrue, ni de Nosferatu… era su rostro original, de Tzimisce. Un Tzimisce joven, de unos diecinueve años, de cabello corto de color negro, con entradas prominentes para alguien con rostro de tan joven, que ahora exhibía la marca de cuatro garras en el lado izquierdo de su rostro. Su espalda tenía las mismas marcas, aunque más profundas y extendidas, así como golpes por todo su delgado cuerpo que yacía en posición fetal, protegiéndose con sus débiles brazos.
La batalla había terminado y el lugar era un desastre. Polvo, humo, olor a pólvora, sangre, escombros, pedazos de vidrio, de espejo, de madera, de azulejos. El guardaespaldas del Arzobispo no perdió tiempo y empaló al traidor, tomándolo del cuello, elevándolo y luego cargándolo sobre su hombro.
Todos salieron de allí, mientras que sirenas de policía comenzaban a escucharse. Se subieron todos a la parte de atrás de la camioneta, donde estaba el Arzobispo. Ed y Frank estuvieron frente a frente por primera vez ante un líder del Sabbat. Su mirada era increíblemente amenazante, aunque por ahora su actitud era relajada. Le lanzaron el cuerpo empalado a sus pies, sobre el frío metal de la camioneta y el Arzobispo lo estudió con desprecio y detenimiento.
“Francis, Greg, Dennis, Azlhahar, ustedes viajan conmigo. No quiero basuras de la Camarilla cerca, aunque los perdonemos hasta que la tregua termine. Debemos poner condiciones más propicias para la misma… Ya tenemos nosotros al traidor. Pienso presentarlo y dejar que la secta lo juzgue. ¿Quieren volver a su ciudad? Allí tienen el auto del traidor. Es un buen auto y es rápido. Tómenlo y vuelvan a su ciudad. Prometo enviarles este traidor a su ciudad para que hagan lo mismo allí”
Ed dudó un momento. Estaba tan dolorido y confundido por los eventos, que no sabía que decir. Frank en cambio, habló directamente: “No habíamos pensado en qué pasaría después. La camioneta es mía y tiene las pruebas grabadas. Me llevaré las filmaciones y ustedes se llevarán al traidor. Puedo enviarles una copia en cuestión de horas. Lo prometo. Nos han ayudado, no quisiéramos hacer menos por ustedes, aunque al fin y al cabo seamos enemigos”
El Arzobispo rió y por primera vez se levantó de su falsa posición de comodidad allí sentado, mostrando que era realmente muy alto. Parecía como si donde estuviera parado la luz no pudiera alcanzarle pues desde adentro de la camioneta, era solo oscuridad lo que estaba a su alrededor.
“Bien. Hagamos aquí las copias y denle las grabaciones o las copias. Es igual… cada uno sigue su camino en el mismo instante que dejemos de verlos”
Se hizo la copia en el momento y se le pasó en las tarjetas de memoria que tenían Greg y Frank. Ahora todos tenían las pruebas.
Los integrantes de la Camarilla (Frank y Ed) se dirigieron al Mini-Cooper mientras la policía se escuchaba cada vez más cerca. Greg se quedó en medio. No quería ir hacia la camioneta, pero tampoco se acercaba al auto. La policía llegó, pero ellos ya estaban bastante lejos, por lo que la policía entró e hizo toda su actuación de investigar lo que sucedía.
“¿Vas a venir, Greg?” –preguntó Francis a su hermano de clan y de manada, haciéndole un gesto para que fuera a la camioneta junto con él-
Greg dudó nuevamente, estaba como inmovilizado. El Arzobispo no pudo contenerse más y el plan que había estudiado junto al Lasombra Dennis, se puso en marcha. Alzó su mano y las tinieblas comenzaron a envolver a Greg, aplastándolo como tinta negra envolviéndolo desde el piso. Ed y Frank ya se habían subido al Mini-Cooper y gritaron desde allí, intentando bajarse, pero más sombras envolvieron el vehículo, inmovilizando las puertas. Dennis comenzó a disparar con su ametralladora hacia el auto y hacia Greg, que seguía envuelto y recibiendo la constante presión de la fría muerte. Las ráfagas de Dennis interrumpió Francis, que comenzó a forcejear contra el Lasombra, debido al forcejeo, uno de los disparos dio en la espalda del Arzobispo, quien perdió la concentración, permitiendo que Ed saliera del auto y con sus garras destrozara las sombras que envolvían a Greg.
El Arzobispo tomó del cuello a Francis y lo lanzó por la ventanilla de la camioneta, rodó por el piso lleno de vidrios y quedó tirado, sin moverse. Luego los Lasombra junto con Azlhahar se dirigieron hacia Ed, que disparaba con su revolver mientras Frank ponía a Greg en el asiento de atrás y luego encendía el auto.
Las sombras envolvían a Ed con gestos del Arzobispo, que buscaba envolverlo como tela de araña hecha de sombras, mientras que el Gangrel peleaba con sus garras para sacárselos de encima e intentaba acercarse al auto. Los disparos herían a Ed, quien cada vez podía luchar menos contra las sombras y sus fuerzas menguaban a pesar de su formidable resistencia y sus filosas garras, quería mantener su bestia a raya, sus ojos se sulfuraban y perdía el control.Entre los disparos de Dennis y justo cuando el guardaespaldas estaba por dar el golpe de gracia a Ed, este logró zafar una mano, sacó la espoleta a la granada de contusión y la lanzó rodando frente a él, deteniendo la marcha mortal de los tres Sabbat que se acercaban para acabar con él.
La explosión era concentrada y pronto un silbido inundó los oídos de todos, el humo nubló la vista de los presentes y las sombras soltaron a Ed.
Para cuando el silbido se detuvo y el humo se dispersó, el Mini-Cooper con Ed, Frank y un aletargado Greg, se escapaba a gran velocidad por las calles de la ciudad enemiga.
Francis se levantó del piso, los vidrios caían desde su cuerpo al piso y otros habían quedado clavados. Con dificultad se puso de pie, pero vio que los dos Lasombra y el Ventrue Antritribu se acercaban furiosos hacia él.
Las sombras lo envolvieron por completo a pesar de sus gritos de terror, que pronto se ahogaron en las tinieblas.






No hay comentarios:
Publicar un comentario