lunes, 29 de agosto de 2016

El Infiltrado - Parte 2

Capítulo 1: El retorno al infierno
Salir de la ciudad fue fácil, pero entrar a la ciudad regida por el Príncipe Leonard, fue otra historia totalmente distinta. El Mini Cooper fue atacado por varios autos de la policía. Por suerte Greg reaccionó de su aletargamiento y pudo huir junto con el Gangrel Ed y el Nosferatu Frank, corriendo, como fugitivos entre callejones, oscuridad y sangre.

El auto casi vuelca, la policía disparó sin dar voz de alto y además Palmer y Leyla, los soldados más devotos (pero por suerte no los más poderosos) a la causa del Elíseo los perseguían. Gracias a los contactos del Nosferatu pudieron entrar en el alcantarillado, donde Frank pidió reforzar la seguridad de todas las entradas, de los guardias ghouls, cambiar todas las llaves, cambiar todas las cerraduras y contraseñas del laberinto subterráneo y cloacal Nosferatu y no abrir a NADIE de la Camarilla, ni aunque fuere el Príncipe. Claro que él solo no podía decidir eso, debía pedir permiso antes a su antiguo.

Alessandra era la única Nosferatu que había decidido no reinar en el oscuro inframundo y había delegado todas las tareas de defensa y organización subterránea a Frank y otros Nosferatu, pero principalmente a él. Ella en cambio, gustaba del glamour, el dinero, las fiestas descontroladas y la mentira de una imagen que no era la suya realmente.

Aún con su espíritu festivo, era tremendamente difícil para negociar y aún más difícil para cualquier cambio inesperado que se le propusiera. Le gustaba pensar que la eternidad iba a ser todo lujo y diversión hasta la última noche.

Pero hoy Frank iba con una propuesta diferente, la llamó y la convocó al subterráneo, al que ella solo visitaba en eventos especiales del clan.

“Alessandra, no tenemos mucho tiempo. El Príncipe quiere liquidarnos. Necesito estado de emergencia para subterráneos y cámaras cloacales. Así como reestructuración de todos los sistemas de seguridad del clan”

La Nosferatu que llevaba un vestido italiano de seda con incrustaciones, perfume importado y maquillaje suficiente como para emular un rostro “normal” en la oscuridad, caminó con sus huesudas piernas de un lado a otro, como confundida con semejante situación de emergencia.

“Pero ¿Qué es lo que está pasando Frank? ¡Sabes que confío en ti, pero necesito que me cuentes todo!”

“Claro que sí. Pero primero necesito hacer el cambio, luego te contaré todos los detalles, ahora solo puedo decirte que el Príncipe no es quien dice ser y que ha estado conspirando contra la ciudad y contra todos nosotros, en SUS narices y como un Gangrel y yo lo hemos descubierto nos va a declarar la caza de sangre y nos eliminará en cuanto pueda. Temo por mí, pero también por todos los hermanos del clan”

“¿Hablas del Gangrel que estaba infiltrado trabajando para el Sabbat? ¡Sobre él ya se ha declarado una caza de sangre! ¿ES CIERTO QUE ERAS TÚ QUIEN LO HA AYUDADO A ESCAPAR DE LA CIUDAD?”

“¡No Alessandra!” –Gritó Frank haciendo eco en los túneles subterráneos que permanecían cerrados e inactivos- “Ed, sobre quien pesa una caza de sangre, ha logrado junto a un Sabbat que había sido enviado a morir en nuestra ciudad y junto conmigo, la siguiente confesión de un traidor” –Acto seguido, en un celular de gran pantalla comienza a reproducirle el video de la lucha contra el zulo, luego de escuchar la confesión del Tzimisce-

Alessandra tenía los ojos abiertos de par en par y no salía de su asombro, quiso preguntar mil cosas ¿Quiénes eran todos esos? ¿Dónde estaba ocurriendo todo eso? ¿Qué demonios era ese monstruo? Y mucho más, pero las palabras no le salían.

“Necesito que presentes este video ante TODO el Elíseo, en una convocatoria de los antiguos para que depongan, juzguen y castiguen a Leonard. Él trataba con este Sabbat y con el Obispo… quiero decir, con el líder de la ciudad regida por el Sabbat, utilizándonos, enviándonos a morir en cada misión que era ante prevista con él. Este monstruo era el comunicador y brazo ejecutor de ambos líderes. El Sabbat está juzgándolo en su ciudad, si nos creemos algo de superiores al Sabbat, deberíamos hacer como mínimo lo mismo. ¡Debe ser castigado!”

Alessandra se sentía superada. Su participación como vástago antiguo de la ciudad, era algo simbólico, solo votaba lo que le parecía bonito, lo que votaran todos y no tomaba realmente ninguna decisión importante, sólo hacía sociales con las arpías, conseguía favores y mantenía su liderazgo bien acomodado en una ciudad poco desafiante, disfrutando la no-vida al máximo como una mortal millonaria en una mansión interminable.

“¿Qué quieres hacer Frank?” –Por fin se puso firme, aunque aún sin saber cómo proceder-

“Necesito que convoques a una reunión en respuesta a la Caza de Sangre que seguramente declarará hoy el Príncipe. En dicha reunión, lleva un proyector y este video. Te daré más información si me dices que vas a hacer eso, por favor”

“Frank. Yo puedo hacer eso. Pero… ¿Luego qué?”

“Luego debemos hacer una votación para un Príncipe temporal hasta una elección más organizada y que el nuevo Príncipe, junto con el concilio de antiguos del Elíseo juzgue y castigue a Leonard. Es sencillo. Además de revocar la Caza de Sangre contra Ed y contra mí, claro… ¡Jaja!” –Estaba tan contento con obtener el apoyo de su antiguo, que por fin pudo reír nuevamente-

La idea resonaba en la mente de la líder Nosferatu. Era prácticamente como iniciar una revolución, como el derrocamiento de un líder. Pero las pruebas eran cuestionables y las alianzas para obtenerlas también. Sería una gran guerra y aún peor, el Sabbat podría aprovecharse de esa gran guerra interna y eso causaría desconfianza o aún peor, un asalto del Sabbat a la ciudad, saqueándola y degollando a todo opositor.

¿Sería prudente iniciar esa guerra? ¿Sería prudente sacrificar tanto por una alianza que en sí mantenía a la ciudad estable más allá de lo corrupta que fuere? En sus centurias, Alessandra habría aprendido que quedarse callada y no iniciar conflictos innecesarios era lo más saludable, podría eliminar a Frank, decapitar a su amiguito Gangrel y presentar la cabeza en el Elíseo. Con eso el problema estaría resuelto y nadie le recriminaría, todo lo contrario, se lo agradecerían. Por otro lado, si algo más grave llegaba a suceder con esa alianza entre el Príncipe y el Tzimisce, ella sería culpable de haberlo sabido y no haber reaccionado a tiempo. Pero de nuevo, podría eliminar a los que saben que ella lo sabe y listo, no más acusadores.

Frank sospechaba que Alessandra no tendría el carácter para oponérsele al Príncipe, por lo que remató la conversación diciendo:

“El Sabbat está juzgando al mismo tiempo al traidor, si lo tenemos aquí, todos se enterarán en cuestión de horas, pero no por tu voz, sino por la del Sabbat y tú lo sabrás y no podrás hacer nada, porque no defenderemos la ciudad si te advertimos y no haces nada. El Sabbat se filtrará por cada rincón, pues el traidor además conoce nuestro laberinto subterráneo. Me necesitas a mí, a Ed y a todas las fuerzas necesarias para evitar un asedio contra la ciudad. Puedes ser una heroína para el Elíseo. El Príncipe perderá fuerzas pues detrás de tu revelación, hablaré yo, hablará Ed e inclusive podremos proponer una estrategia de defensa de la ciudad. Los haremos sentir débiles, frágiles, desprotegidos y luego les daremos la estrategia para ser fuertes, para sobrevivir. Tenemos ambas cosas en nuestras manos…”

Pareció funcionar. Alessanda adoptó una expresión más suspicaz y dijo casi con intención de reír:

“Parece que me conoces bien Frank. Pero quiero méritos por esto. Te doy el permiso, te daré mis códigos de acceso y el presupuesto para que fortalezcas la ciudad, pero debe escucharse mi nombre en el Elíseo como la salvadora. Envíame el video y dame los detalles. Yo haré la presentación cuando la noche esté por finalizar. Una reunión de emergencia y la revelación”

Frank sonrió y le pasó el video en una tarjeta de memoria. Le explicó lo que necesitaba para proyectarla en el Elíseo y discutieron de cómo les convendría proceder. Lo más seguro era avisar de una reunión de emergencia por información de última hora. Debido a los sucesos, Leonard, el Príncipe de la ciudad, sabría que caería el martillo sobre él, así que todo el clan debería estar custodiando a Alessandra, junto con Ed también. Greg quedaría al margen, protegido en el alcantarillado. Se acusaría de cargos de “traición a la mascarada, a los miembros del Elíseo y a los principios de la Camarilla” así como “corrupción y complot contra la ciudad y contra todos los clanes que componen la Camarilla”. Con ello, empujarían al mismo clan Ventrue a decidir si apoyaban a Leonard o no, sin importar si sabían de dicha alianza. De esa manera el Clan Ventrue, rostro máximo de la Camarilla no quedaría como traidor, sino solo uno de sus integrantes y Leonard perdería apoyo.

Inmediatamente y sin derecho a réplica se reproduciría el vídeo, dejándole luego un minuto para explicarse a Frank y otro minuto para explicarse a Leonard. Una vez finalizado, Alessandra propondría un concilio de antiguos (excluyendo a Leonard) y elegirían un Príncipe Temporal, excluyendo al Clan Ventrue, pero permitiéndoles presentarse a las elecciones para un nuevo Príncipe una vez que Leonard sea juzgado.

Hecho esto, debería estar todo terminado. Pero al mismo tiempo, Frank debería estar coordinando la re-estructuración de las defensas de la ciudad, pues el Sabbat podría estar al acecho de cualquier momento de debilidad y el traidor Tzimisce conocía los secretos de gran parte de la seguridad subterránea y quien sabe que más.

Armaron y revisaron el plan varias veces. Se despidieron, sabiendo que cuando se volvieran a ver, sería para dar inicio a un juicio duro, pero tranquilo o a una guerra salvaje en el Elíseo, ya que ninguno de los dos tenía idea hasta dónde llegaba la influencia de dicha alianza. ¿Estarían Palmer y Leyla involucrados? Él no lo creía así, lo veía imposible. Era una alianza demasiado oscura, inclusive para los seres de la noche.

Frank sabía que también debía hablar con el Sire de Palmer, Van Holme, puesto que como jefe de guerra de la ciudad y uno de los representantes del clan Brujah, le convenía tenerlo de su lado. Era un clan opositor natural a los Ventrue, así que no debía ser difícil de tenerlos de su lado.

Frank volvió a su refugio en el alcantarillado, reunió al clan y dio las órdenes de asegurar cada entrada a los túneles, cerrar todas las entradas al subterráneo y al alcantarillado, solo dejando las básicas para el uso de los mortales, pero duplicando la vigilancia en estas, alegarán que hubo disturbios y pedirán duplicar las fuerzas de seguridad. Retomarán el control de las cámaras, cambiarán algunos guardias de seguridad por guardias ghouls, reconectarán los teléfonos de emergencias, sellarán las puertas de acceso solo a personal autorizado y dentro colocarán armas suficientes para detener un posible avance del Sabbat, dando llaves, tarjetas y claves solo a los guardias ghouls y a los miembros del Clan. Así mismo, cada integrante del clan deberá asegurar su zona, cambiar sus contraseñas para ingreso a los equipos informáticos y todas las contraseñas de las puertas del área de acceso solo para no-muertos serán cambiadas en secreto y solo se le informarán a los integrantes del clan, en persona.

Con todo reforzado, el arsenal reabastecido, el sub mundo Nosferatu fue sellado y pronto coordinó con Van Holme para hacer lo mismo en la superficie, pidiéndole una breve reunión para explicarle.

El guerrero Nosferatu se reunió con el decrépito Brujah, que había sido un guerrero en su juventud, pero fue abrazado en su vejez por un loco que había desaparecido hacía ya mucho tiempo. La casa donde vivía el Brujah tenía un gran parque y mucha seguridad, entrar pareció un trámite burocrático, le pidieron credenciales, pero Frank solo tenía su nombre y lo hicieron esperar mucho tiempo.

Finalmente las grandes rejas de metal con afiladas puntas encima se abrieron mecánicamente y dieron paso a un camino de rocas chatas rodeado por un verde prado, que bajo la luz de luna podía apreciarse con tonos pálidos, como si todas las flores fueran de un azul oscuro, apenas brillante por la luz perlada.

Un chillido eléctrico le abrió la puerta de metal, innecesariamente gruesa, vigilada por cámaras de ambos lados. Si algún mortal estaba mirándola, claramente estaría temblando de verlo entrar al retorcido y amorfo Frank.

Un guardia de seguridad vestido de saco y corbata, con anteojos negros, lo guió hacia un estudio con una inmensa biblioteca, donde Van Holme exhibía armas antiguas, cascos, banderas, libros a montones y en la mesada, toneladas de rollos y mapas, algunos modernos otros muy antiguos, las reglas y las piezas de plomo parecían ser parte de un escenario propio de la guerra. Van Holme era conocido por su obsesión con la violencia, con la guerra, que satisfacía con guerras imaginarias, por suerte para todos. Pasaba sus noches planificando batallas, guerras, posibles escenarios, pero sabía que nada de eso podría aplicar en la ciudad, por ello lo mantenían distraído con cualquier conflicto menor que pudiera haber en todo "su" territorio.

Frank debía ser muy cauteloso en no provocar a Van Holme al punto que este quisiera masacrar a todos los Ventrue o no considerara traidores a los Nosferatu y quisiera sus cabezas también. El Brujah estaba sentado y aun cuando el guardia le presentó al invitado, Van Holme no levantó la cabeza. El ghoul no se movía de al lado del visitante, por seguridad, como acostumbraban las normas de ese lugar.

“Es la primera vez que me visitas en décadas Frank. Entiendo que es algo importante. Por tu postura también asumo que vienes a pedirme algo ó a contarme algo tremendo y no quieres hacerme enfadar. Comprendo que es algo secreto, algo caliente” –recién ahí el decrépito viejo de barba gris y poco cabello, levantó su mirada gélida y de ojos azules, casi grisáceos- “¿Entiendo bien? Pasa, pasa. Tú vete Richard. Sella la puerta”

“Sellar la puerta” se refería a montar vigilancia con dos guardias ghoul en la puerta, enfrentados entre sí uno a cada lado del pasillo, con armas de buen tamaño. También se refería a eso a cuando los micrófonos debían ser apagados y recién volvían a ser encendidos cuando Van Holme presionara un botón escondido bajo su escritorio o cuando saliera del estudio. Todo perfecta y obsesivamente calculado, como siempre.

“Entiendes bien. Una vez más el campo de batalla nos llama, pero esta vez es puertas adentro. Hoy se puede desatar un juicio breve y justo o una guerra interna y quiero que estés advertido”

“No me vengas con eso” –acotó el Brujah- “Amigo mío, sé que quieres algo de mí y no estás aquí solo para advertirme. Dime que es lo que pasa realmente”

Frank sonrió y relajó su tono de voz. No tenía sentido utilizar filtros con un ancillae como él. Podía hablar de igual a igual.

“El Príncipe nos mintió. Nos miente desde hace por lo menos un año. Nos ha traicionado y ha vendido su lealtad al Sabbat para mantener el control de la ciudad y no recibir ataques de la ciudad del Sabbat. Hemos pasado unas noches terribles, eternas realmente… pero hemos logrado no solo detener al traidor, que nos ha sido arrebatado, sino también conseguimos pruebas, grabaciones donde el traidor confiesa su alianza con el Príncipe Leonard. Se grabó también la pelea que tuvimos contra él y su increíble poder, legendario de su clan…”

“¿Su clan?” –preguntó el Nosferatu para que le adelantaran algunos detalles-

“Sí Van Holme, su clan era Tzimisce y la famosa criatura que cuentan las leyendas surgió del infiltrado… ¿Recuerdas a Garrick, la mano derecha del Príncipe aunque fuera un recién llegado? Todos sospechamos de él y teníamos razón”

“¿Garrick era el infiltrado? ¿No era un Ventrue? ¿Famosa criatura legendaria? ¿Cuál de todas? ¡Jaja!”

Van Holme parecía no creer mucho en las palabras de Frank, quien continuó explicándole que el infiltrado traicionaba no solo a la Camarilla, sino al Sabbat. Explicó que se infiltró como Ventrue y como Nosferatu y también se tuvieron que aliar con el Sabbat para detenerlo, algo que inquietó un poco al Brujah, que simuló mantener la calma, con poco éxito.

Luego de contarle toda la historia, le mostró el video que pudieron reproducir en una gran pantalla que tenía el Brujah para ver las cámaras de vigilancia, entre otras cosas. El video terminó con ellos yéndose de la casa (ya que ahí fue detenido el video y el sonido durante la grabación) y Frank volteó para ver el rostro del Brujah.

Parecía turbado por lo que había visto, pero más tranquilo de lo que Frank esperaba verlo. Eso inquietó un poco al Nosferatu, que apuró comentarios de su interlocutor, preguntándole qué le parecía.

“Increíble Frank. ¿Cómo pudo estar entre nosotros y que no nos diéramos cuenta? ¡Podría haber más como ese!”

“No Van Holme. No los hay. Si los hubiera ya estarían yéndose de la ciudad, pues esta noche revelaremos el video ante el Elíseo, se elegirá un nuevo Príncipe temporal y se juzgará a Leonard. Luego se revisarán las Cazas de Sangre para anular la de Ed, quien ayudó a resolver esto y es perseguido por ello. El próximo sería yo, sino fuera porque mi antiguo va a hablar por nosotros esta noche y presentar el video. Solo ella y tú lo saben, así que necesitamos tu apoyo por si no resulta tan organizado como lo hemos planeado. Por favor Van Holme, es el momento de deponer al imbécil de Leonard con una causa justa…”

Van Holme meditó un momento, tomó su computadora personal, tipeó unos momentos y luego con el mouse pareció recorrer alguna información, porque luego miró a Frank y le dijo: “Si en este momento el Sabbat se despierta y nos ataca, tú sabes que no podemos reaccionar. No tenemos suficiente fuerza y sin un Príncipe estable el caos reinará… ¿Quién liderará las batallas? ¿Tú? ¿Yo? ¿Anabella? Esta guerra no nos conviene. Estoy revisando el relevamiento de ataques Sabbat, la cantidad que hemos visto de ellos, la cantidad calculada por mis espías y nos superan sin siquiera ir a los números finos. Peor aún, cuando realizan un ataque multiplican sus fuerzas con pobres diablos abrazados en el momento y enviados como hombres-bomba… ¿Crees que podremos contra eso?”

Frank había pensado en esa posibilidad, pero la descartó consolándose con la idea de que el Sabbat también tendría conflictos con el traidor, pero no consideró la idea de que el Sabbat podría reaccionar de la forma que reacciona una secta de sádicos salvajes, atacando a su enemigo con más fuerza que nunca.

“Entiendo tu punto. Dime entonces ¿Qué sugieres?” –Frank perdía un poco la compostura pues quizás era cierta la expresión que había utilizado Ed diciendo “esta es solo la punta del Iceberg” y quizás una guerra interna declarara sería la debilidad más grande que el Sabbat podría aprovechar-

Van Holme cerró su computadora y con sus huesudos dedos entrelazados se reclinó en su sillón y miró al techo, donde frescos bíblicos mostraban la escena de Miguel enfrentándose a Lucifer, con un estilo muy clásico, aunque exageradamente plasmado en todo el techo.

“Sugiero pedir ayuda al Príncipe Lothar. Es el único en esta región, suficientemente poderoso y suficientemente cerca como para ayudarnos a tiempo. Él ha recibido el asesoramiento de Justicars, la asistencia de Arcontes en el terreno de batalla. Él es el más cercano a su Clan de esta región. Eso sí, jamás me rebajaría a pedirle ayuda a un Ventrue en nuestra propia tierra. Prefiero morir y convertirme en cenizas… ¿Estás tú dispuesto a agachar la cabeza ante otro Ventrue para derrocar a uno de sus hermanos?

Frank no lo dudó. Respondió con una sonrisa, la primera que esbozaba en aquél lugar.

“Estoy dispuesto a no dejarme vencer por el orgullo. Cada cicatriz que tengo es un recuerdo de que el orgullo es el camino más rápido a la muerte definitiva y que la palabra ‘honor’ mal usada puede ser traducida como ‘estupidez’, lo siento mucho Van Holme, pero es lo que yo haré. ¿Puedes ayudarme a hacer el contacto? ¡Lo necesito urgente! ¡Esta misma noche!”

El Brujah quería negárselo y dejar que la ciudad se volviera un terreno de batalla. Sentirse como un espartano con poco número pero con mucha determinación, venciendo o muriendo de una forma gloriosa ante un enemigo más numeroso y de gran poder. Pero en el fondo resonaba la voz que le decía que nada tendría de épico y que sólo sería una forma camuflada de rendición, de dejarse vencer. Quizás era que ser eternamente un viejo se estaba volviendo denso, triste, vacío… Quería una última batalla épica en la cual dejarse ir a las eternas tinieblas, pero no a las que no-vivía actualmente, sino a aquellas que dan paz al alma, cenizas al cuerpo…

Pero no. No era el momento. Se afirmó en su silla, señaló a Frank y le dijo de forma directa pero amigable:

“Te harás cargo TÚ de todo este desastre. Hablarás tú, organizarás tú, serás vocero de este derrocamiento. Mi clan solo te ayudará en combate, Palmer me obedece y se apartará de inmediato, no importa cuánto esté embelesado el muchacho con el Príncipe, él sabe qué sangre corre por sus putrefactas venas. Tienes mi apoyo militar y quizás mi estrategia de guerra si las cosas salen mal, pero NADA MÁS. Aquí tienes el número directo del secretario del Príncipe. Memorízalo, guárdalo en un lugar seguro, pero no conserves ese papel. Es un viejo favor que le debo, él me llamará si me mencionas y lo confirmará… Puedes confiar en él, pero no puedes confiar en que vaya a irse de la ciudad una vez que obtenga el poder aquí… Quizás comience a regir sobre ambas ciudades eh… Tiene el poder para hacerlo…”

“Gracias Van Holme, sigues siendo un gran estratega” –el Nosferatu se puso de pie y se dirigió a la salida, pero las puertas no se abrieron y su anfitrión le habló mientras él permanecía de espaldas, aún con la mano en la puerta -

“Frank. Debemos beneficiar a nuestros clanes. Si convocas a las fuerzas del Príncipe Lothar, tú y yo seguiremos en las sombras, comiendo de los desperdicios de los autoproclamados Altos Clanes y los tuyos y los míos de nuevo serán sirvientes, a pesar que de los nuestros hayan nacido las acciones que liberarán a la ciudad de un traidor. De nuevo te pregunto… ¿Podrás sostener todo esto? Nuestras sangres, siempre en la inmundicia mientras que tú te has sacrificado, los Gangrel se han sacrificado y ellos solo se han posicionado bien. ¿Eso quieres como recompensa? ¿Acrecentar el poder del enemigo que más allá de las luchas entre sectas emerge en el interior de la misma Camarilla? No me malinterpretes, colega. No soy un anarquista. Creo en las bases y fundamentos de la Camarilla, en la Mascarada. Pero eso debería darnos la calidad de iguales ante todos en la secta… ¿Y qué somos? Guardias,  mensajeros, chismosos, agitadores, matones, la escoria descartable. ¿Qué son ellos? ¿Qué han hecho para erigirse como líderes?”

Frank bajó la mano que había estado sosteniendo mientras escuchaba al Brujah. Sonrió de nuevo y le dejó ver esa sonrisa volteando ligeramente su repugnante rostro.

“Van Holme. Mi clan es rey en las sombras. Mi clan conoce su gloria y la guarda como un tesoro en las venas, en los laberintos. No la exponemos, no la sacrificamos, no la tenemos que defender pues se defiende sola por sus meras acciones. Así es igual con los Gangrel, aunque algunos piensan más como tú, pero en su mayoría tienen otra idea de éxito, de riqueza, de supremacía. No confío en ninguna otra sangre, pero respeto a algunos y por ello respeto la tuya y te he venido a hablar. Ed hablará con los Gangrel, yo hablé con mi Clan y con el tuyo y con nadie más. Los Malkavian están absolutamente inaccesibles en este momento y con los pocos que podríamos tener comunicación no nos ayudarían demasiado. ¿Entiendes que esto es gloria para nosotros? Mantenernos firmes, obrar por lo correcto y mantenernos en las sombras, a donde pertenecemos. No necesitamos un Príncipe, un Rey, un Concilio. La secta nos es funcional para la paz que necesitamos, para lidiar con nuestro propio horror, en silencio, en oscuridad. Como debe ser…”

Volvió su rostro hacia la puerta, que esta vez se abrió. Al cerrarse detrás suyo se preguntó si había hecho lo correcto en contestarle así. Quizás Van Holme quería profundizar en algo… pero meneó la cabeza, descartando cualquier duda. Necesitaba estar seguro de lo que iba a hablar con el que llamaban el “Príncipe de Príncipes”, el Señor de la Ciudad del Lago, Lother Kraft.

En el estudio, un Van Holme meditabundo volvió a inclinarse y a mirar el techo, el fresco de Miguel siempre le ayudaba a recordar que su corazón alguna vez había sido humano y que alguna vez había adorado a un dios, en el cual ya casi no creía. De esa calma, propia de un hombre de apariencia anciana, volvió una fuerza que ningún joven mortal podría tener ni en el mejor de sus entrenamientos y golpeó la mesa que utilizaba para desplegar sus enormes planos. La mesa se partió en dos con un crujido fugaz, pero sonoro. Sus guardias entraron de una forma tan sincronizada que hasta él se sorprendió que el entrenamiento funcionara tan perfectamente.

“¡No ha pasado nada! ¡Consíganme un escritorio IDÉNTICO a este y DÉJENME en paz!”


Capítulo 2: Juicio y… ¿Castigo?

En otra parte de la ciudad, Ed volvía con las manos hundidas en su nueva campera negra. Su mente no paraba un segundo. La charla con su clan había sido breve, todos los Gangrel se habían enterado de la noticia de la caza de sangre y habían decidido agruparse en un refugio a las afueras, hasta que la locura pasara.

La decisión del líder, había sido clara. No ayudar a Ed, ni tampoco perseguirlo. Era común que dispusieran ese tipo de medidas, ya que no podían perseguirlo, pero tampoco podían aseverar que fuera inocente. Cada uno debía hacerse cargo de sus actos. Patrick y el resto de los Gangrel, lo recibieron más con alegría que con ganas de entregarlo y más jolgorio causó, la noticia que decía que el Príncipe sería depuesto y que la caza de sangre sería revocada. Decidieron de nuevo mantenerse al margen y esa noche a la convocatoria de emergencia de Anabelle, la antigua Nosferatu, asistió todo el Clan de la ciudad. Era un Ancillae, pero con mucha experiencia tanto en la no-vida como en el combate, por ello era bastante respetado y ‘sus neonatos’ Samantha y “Jem” habían asistido siempre cuando la ciudad tuvo inconvenientes. Los tres, junto con Ed, se dirigieron hacia la reunión, pero le pidieron a Ed que esperara lejos, hasta que Leonard estuviera bajo control.

Los vástagos fueron llegando poco a poco al Elíseo, ubicado en una de las zonas más acomodadas de la ciudad, de lujos y buena iluminación, rodeado de centros de arte, museos, teatros y comercios.

La reunión había comenzado en calma. Pero Leonard estaba más que serio, su postura demostraba estar totalmente a la defensiva. Había más guardias de lo habitual en el Elíseo y todos estaban muy callados, extraño para un Elíseo que acostumbraba a tener rumoreo y discusiones, aunque fueran banales.

Además, las bellas paredes tapizadas, con largos alfombrados, candelabros dorados y múltiples espejos, presentaban esta noche un aura sombría. No todos los miembros de los clanes estaban allí, solo algunos representantes de cada clan, sentados alrededor de una mesa rectangular, donde Leonard estaba a la cabeza, de espaldas a un cuadro de un legendario conquistador inglés y una salamandra sin uso pero de aspecto majestuoso, sus ropas negras eran bastante sobrias y de buen gusto, un pulóver de lana y unos pantalones de vestir, con zapatos al tono. Él era el único de pie e invitaba con un gesto a todos a sentarse.

A su derecha estaba Sarah Stuart. Una bellísima Ventrue, cristiana conservadora que acostumbraba a generar discordia por su discriminación y extremismo religioso, pero a quien Leonard consideraba una gran aliada en el control de la ciudad. Detrás de ella, de pie estaban otros dos Ventrue Leyla (la guardiana) y Charles Optkin (un vástago de apariencia madura con rostro algo deprimido).

Junto a ella, el italiano líder Tremere, Giancarlo Salvattore, era en general un vástago callado, aunque cuando los intereses de la ciudad se ponían en juego, todo su ‘carácter italiano’ salía a la luz, a pesar de su apariencia avejentada. Detrás suyo, su neonata aprendiz Julia Smith, quien se sabía que era tan bella como inteligente, pero de aspecto austero y reservado.

A la izquierda del Príncipe, estaba Kathleen Lamparelli, que si bien era una ancillae Toreador, más joven que su hermano de clan Lawrence Stain, ella era más de asistir a las reuniones del Elíseo y de opinar (casi siempre en favor de Leonard). Detrás de ella, pertenecientes a su clan estaban Claude Smithson (un tipo pelado de ojos claros, algo desalineado) y Ana Watson que si bien su clan decía que era una artista, ella se vestía más como para un Safari de aventura, no muy femenina.

A la derecha de Kathleen, estaba usualmente el Clan Malkavian, pero ninguno de sus miembros había asistido a la reunión o al menos no habían llegado aún, así que su asiento permanecía vacío y en el siguiente estaban los Brujah. Quien se sentaba era Van Holme, cuyo rostro era sombrío y estaba particularmente serio.
Detrás de Van Holme, estaba Tyrese, de aspecto agresivo, con ropas de pandillero, cruzado de brazos, demostrando que toda esa mierda de las reuniones no le interesaba. A su lado Palmer (el guardián) y Tiffany Liesen, una rubia delgada que vivía colgada del brazo de Tyrese, riéndose junto a él y besándolo de tanto en tanto, siempre de forma cargosa encima de su ‘ídolo’. Había por lo menos dos Brujah más en la ciudad, pero como aportaban poco y eran muy irrespetuosos en el Elíseo, no solían invitarlos a las reuniones y más de una vez habían tenido acceso restringido.

Al final de la mesa, sentados unos frente a los otros, el Clan Gangrel y el Clan Nosferatu. El primero, con Patrick torpemente sentado, llevando detrás a su séquito de bestias: Samantha y Jem. Frente a ellos, la antigua Anabella y detrás suyo Manuel Vargas (un robusto Nosferatu de piel verdurca, pero de aspecto pétreo) y un huesudo Liam Stark, bajito, curvado, con rostro monstruoso, sin párpados y con ojos saltones. Además estaba la otra ‘dama’ de los Nosferatu, que era una joven vestida como campesina, de buena figura, pero piel llena de ampollas sangrientas, músculos retorcidos y heridas que parecían siempre abiertas. Faltaba uno de sus miembros, pero que no era habitué de las reuniones formales. Frank fue el último en llegar y cuando él puso un pie en el ‘Salón Real’ (que era el que ni mortales ni ghouls podían pisar dentro del Elíseo, excepto que tuvieran órdenes específicas) y la puerta se cerró detrás suyo, el lugar se puso en silencio absoluto.

La luz era muy acotada ya que las velas eran diminutas y alejadas, más decorativas que de iluminación real. La verdadera luz provenía de pequeñas lámparas prendidas a los lados del salón, en forma de candelabros pero con luz eléctrica. Se podía apreciar los rostros de todos y apenas un poco de sus figuras.

Leonard habló y su voz pareció abarcar cada rincón del lugar. Los más débiles allí sintieron inclusive el pesar del miedo, de la autoridad en esa voz y se encogieron de hombros.

“Dicen que han venido a acusarme de un crimen que no he cometido. Quiero que sepan que todos los que me acusen y todos los que apoyen a aquellos que me acusen, serán juzgados y condenados, con la más dura de las leyes de la Camarilla”

Las caras de los jóvenes mostraban dolor y sufrimiento, algunos se curvaron aún más, otros se paralizaron y otros miraron a sus líderes con terror. Pero los más antiguos y sabios allí permanecían inmutables, entre ellos, Frank que miró desafiante al Príncipe, aunque tuvo que contenerse para no encoger los hombros y asentir como un perro, el aura del Príncipe no relucía siempre con tanto poder, pero esta noche era especial.
El Príncipe continuó:

“Sólo una Asamblea puede juzgarme. Ninguno de ustedes puede. Soy un poder superior al de todos ustedes juntos y sufrirán si se atreven a señalarme”

Nadie se animaba a hablar. Ni los más antiguos allí podían darle tanto poder a cada palabra como Leonard. Pero de pronto, sin que nadie lo esperara, Frank habló.

“Con permiso de mi antiguo, Lady Anabella, quisiera hablar”

Leonard lo miró con odio, su aura irradiaba como una palma intentando aplastar a una hormiga, intentando someterlo sin palabras, lo que obligó a Frank a bajar la mirada. Era difícil resistirse.

“Permiso concedido” –dijo Anabella y los rumoreos comenzaron, así como la mirada del Príncipe se le clavó a la antigua, que agachó la mirada pues tampoco ella podía bajar la guardia ante el poder de Leonard-

“Gracias mi señora” –aún sin levantar la mirada, Frank sonrió ligeramente y comenzó a hablar- “Comprendo que esta reunión merece una explicación y por suerte la hemos acompañado de material para que contenga fundamento…”

Lo siguiente fue la escena de un Frank que se encogía cada vez más, pero sin perder valor, contando detalle tras detalle sobre cómo fue contactado por Ed, de cuando siguió a Ed y vio como le habían mandado a un asesino y también detalló como siguió a ese asesino, al cual vio camino a uno de los refugios de uno de los ghouls que vigilan el Elíseo, así como todo el proceso de cacería incitado por Leonard, la huída, la presencia de Greg, el Toreador Antitribu (que causó revuelo y estuvieron a punto de crucificar a Frank), hasta los eventos en la ciudad del Sabbat, donde con lujo de detalles Frank describió los peligros y los logros, así como admitió las más oscuras alianzas en pos de resolver el asunto. Aseveró no buscar reconocimiento ni heroísmo y también que aceptaría si estuviera equivocado, pero sabía que la verdad estaba allí.

También contó que tenía detalles sobre lo que se enteró del Sabbat, que luego discutiría con el resto de los guerreros que defendían la ciudad, para mejorar las defensas y el conocimiento sobre la secta enemiga que poseían.

Cuando Leonard comenzó a retorcer todos los hechos, a intentar poner a todo el Elíseo en contra de Frank (tildándolo de traidor y de aliado al Sabbat) el Nosferatu vio el momento oportuno para mostrar la grabación, con sonido y todo. Por un momento pensó que no iba ni a llegar a mostrar las grabaciones y que el Príncipe ordenaría que lo ejecutaran allí mismo (lo que podría haber sucedido, pues el poder de Leonard hacía que todos inevitablemente se pusieran más a su favor, a pesar de los hechos). Pero por suerte no sucedió, ya que ni el regente de la ciudad ni nadie se podían imaginar lo reveladoras que eran las pruebas en contra del Príncipe.

Mientras el video comenzó a pasar, llovieron las preguntas, algunos realmente pensaban que Frank era un traidor y sugerían ejecutarlo allí mismo. Otros lo cuestionaban como si no entendieran cómo él había podido aliarse al Sabbat, sin importar la justificación. A los gritos la reunión continuó con el planteamiento de ‘¿El fin justifica los medios?’ a la cual Leonard hizo énfasis para evitar la atención sobre su persona y distraer al grupo, poniéndolo en contra de sus acusadores, que ya habían sumado números entre los bajos clanes. Inclusive los Brujah, que en general estaban divididos en cuanto a opiniones respecto al liderazgo de la ciudad, estaban por primera vez de acuerdo, aunque Van Holme y Tyrese fueran opositores luchando por el liderazgo del clan, esta vez era algo mayor.

Fue una reunión difícil e inclusive el asunto se fue un poco de las manos, el diálogo continuó por más de una hora y si no hubiera sido por la intervención de los pocos antiguos presentes, hubiera sucedido una masacre.

La discusión casi no tenía pausa y Frank no podía creer cuán grande era el poder del Príncipe, que ni aún con pruebas firmes, los antiguos presentes evitaban enfrentarle directamente. Inclusive Giancarlo, antiguo y poderoso Tremere romano decía conocer un ritual a través del cual podría revelar cuál de los presentes hablaba con la verdad, pero cada vez que intentaba llevar a cabo de la idea, el Príncipe ponía algún impedimento y continuaba la discusión. Era claro que el Príncipe no quería ser depuesto y que si era necesario utilizaría todos sus dones para mantener a todos a raya, siendo imposible generar oposición suficiente.

El Nosferatu que mostraba una y otra vez las pruebas, respondía a las preguntas sin tregua:
“¿Cómo hicieron contacto con el Sabbat?” “¿Cómo sabemos que no han establecido lazos permanentes con el enemigo?” “¿Podría ser esto un montaje?” “¿Dónde está ahora el traidor que estuvo infiltrado aquí?” “¿Qué más saben sobre el Sabbat? ¿Nos atacarán?” “¿El Gangrel es ahora miembro del Sabbat o siempre lo fue?”

Se hizo difícil sostener la credibilidad, aún con todo lo presentado, debido a que la corrupción que irradiaba el regente nublaba las mentes de todos en el Elíseo. Leonard comenzaba a relajarse a medida que pasaban las horas de discusión y el sol estaba por asomarse, cuando oyeron un doble golpe seco contra la puerta, que resonó e hizo callar a todos. La tensión del ambiente hizo que algunos saltaran ante dicho sonido, aunque no fuera amenazante y los que no saltaron, al menos callaron y observaron hacia la puerta.

Se oyó a uno de los ghouls que cuidaban el pasillo que llevaba al “Salón Real” decir firmemente: “El Señor Lothar de la Ciudad del Lago ha venido, amo Leonard”

Antes que el sorprendido Leonard pudiera siquiera quitar su rostro de asombro, un hombre de melena castaña atada en una larga coleta, con un traje de vestir, saco, corbata y zapatos impecables, todo de color claro, muy armonioso y de un andar majestuoso pero sencillo, entró en el salón, mirando directamente a Leonard con una sonrisa bella e inspiradora, que relajó el ambiente de tensión y ahogó todas las voces. Con una voz casi angelical, pero muy masculina dijo cortésmente, con su clásico acento extranjero marcado:

“Leonard, colega. Siento mucho la abrupta interrupción. Me enteré de todo lo sucedido e intenté llegar antes del amanecer. Por poco fue una pésima idea. En el viaje tuve la posibilidad de ver el video para corroborarlo. Si bien hay muchos puntos por los cuales interrogaré luego a quien me convocó…” –y fue interrumpido, aunque más por miedo que por osadía-

Lothar sonrió aún más. Leonard era de mediana estatura y aún inspiraba un inmenso respeto y adoración, pero Lothar era el estereotipo de alemán de gran tamaño, lo que sumaba majestuosidad a su vibrante poder que poco a poco sumía a todos en obediencia y encogimiento.

“Antes que nada hablaremos de las condiciones de tu rendición, para luego ver cómo mantenemos el liderazgo en la ciudad mientras preparemos tu juicio. Es necesario que todos los presentes descansen durante el día en el Elíseo, para mañana apenas la noche nos despierte, podamos seguir discutiendo este importante cambio en la dirección de la ciudad”

Leonard preguntó, agredió verbalmente y se sacudió, dando la idea que perdía poco a poco el control, lo que hizo que los mismos integrantes de su clan comenzaran a dejar de apoyarlo. Todos sabían que si bien Leonard era respetado y muy poderoso, Lothar tenía la verdadera “corona” en la región, por haber siempre trabajado para el clan en Europa. Agachar la cabeza ante los líderes mundiales del clan, le había traído muchos beneficios.

“Por favor Leonard, es tu ciudad. Organiza para que todos puedan tener donde descansar aquí, considérate a mi servicio durante mi estancia, cualquier acto en mi contra o en contra de mis órdenes hará que me presente ante la Justicar Lucinde, a quien he comentado de mis tareas en tu ciudad. ¿Has entendido?”

Si algo no esperaba Leonard, era que lo pusieran en jaque de una manera tan rápida y rotunda. Su clan se alejó de él, sus aliados Toreador y Tremere también y aunque aún les costaba no creerle a Leonard debido a la influencia de sus poderes, Lothar había sabido dispersar la confianza sobre el Príncipe de la ciudad con pequeñas frases, amenazas y hasta consejos hacia Leonard (que hacían que Leonard luciera más como un criminal) y claro, sus grandes poderes de la sangre, que comenzaban a dominar por sobre los de Leonard.

“No soy un criminal. Soy el Príncipe y regente de esta ciudad. Lothar, respeto tu dominio en TÚ ciudad, pero no tienes autoridad en la mía. Podría pedir a mis guardias que te expulsaran si así lo quisiera” –amenazó Leonard intentando recuperar un poco de respeto y autoridad-

Lothar se puso muy serio. Tan serio que pareció que el tiempo se había detenido y que el cuarto había perdido iluminación.

“Leonard. Podría haber venido con un Arconte. Podría haber entrado directamente con mis guardias para empalarte y dejarte al sol. Quiero para ti un juicio justo y eso tendrás. En este momento careces de autoridad pues la acusación en tu contra es dura, pero aún más dura es la evidencia. Yo también me he enterado rumores y coinciden con todo este asunto, pero los discutiremos mañana. Por ahora te recomiendo aquí ante todos, cederme control total sobre toda tu área de influencia en la ciudad y descansar bien. Eres mi sangre, si realmente no atentaste contra la Camarilla y compruebo que tus intenciones tenían algo de nobles, seré el más compasivo de los jueces. Ahora, ¡Transfiéreme tu dominio de palabra y váyanse todos a descansar! Mañana será una larga noche…”

Leonard sintió el peso de las palabras del gran Lothar y tuvo que obedecer.

“Transfiero bajo juramento de obediencia, mi dominio total al Príncipe de la Ciudad del Lago, Lothar Kraft. Mi influencia, persona y medios están a su completa disposición a partir del momento presente…” –Leonard casi sucumbe ante la bestia, pero por su propia supervivencia mantuvo la calma, parecía rendido, ya no tan soberano, sino más bien como un gran hombre que había recibido una muy mala noticia, su mirada se perdió en el vacío y pronto indicó a todos que ocuparan sus habitaciones para descansar en el Elíseo-

Cada clan mantuvo tanto como pudo el silencio, distribuyéndose por todo el lugar. Los más ruidosos, los Brujah, continuaron su griterío hasta la habitación.

Mientras los Gangrel estaban camino a sus aposentos, recibieron el llamado de Ed, a quien le indicaron que entrara y Patrick pidió hablar rápidamente con Lothar, quien junto con Leonard eran los únicos que permanecían en el “Salón Real”.

“Señor Lothar” –dijo el líder Gangrel a su nuevo Príncipe- “Uno más de los nuestros quiere entrar, pero hay una ilegítima cacería de sangre contra él… ¿Podría revocarla y permitirle entrar, asistir al juicio y limpiar su imagen?”

Lothar ya no sonreía. Toda aquella situación, si bien le reportaba beneficios, era contra un hermano de su clan y eso lo estaba agotando, era una pelea de igual a igual, su única ventaja era conocer la verdad y el apoyo que sabía que obtendría desde Europa.

“Déjalo entrar. La cacería de sangre ya no pesa sobre él, pero mañana será juzgado junto con Leonard. Avísale a todos para que no le corten la cabeza aquí mismo…”

Patrick ordenó a su clan que continuaran hacia las habitaciones y que informaran a todos los demás, mientras él iría a buscar a Ed y a hablar con Frank.

Hasta que salió el sol, en las oscuras habitaciones fue todo rumoreo e intriga, pero nadie se animaba a saber cómo continuaría toda esa situación. Por las dudas, nadie bajó la guardia, hasta la siguiente noche.

La noche era más fría de lo habitual y todos los vampiros comenzaron a reunirse en el “Salón Real” de a poco, como si llegaran a un desayuno, solo que en vez de café, había copas frescas de sangre, suficiente para soportar esa noche encerrados allí. Los Brujah hicieron bromas sobre tomar sangre en copa, pero intentaron seguir las indicaciones de Van Holme, guardando silencio luego de beber.
Los demás clanes se fueron ubicando en sus lugares, solo que esta vez la mesa estaba dispuesta distinta, había sillas para todos y un cómodo sillón donde Leonard estaba elegantemente sentado. Junto a él, había otro sillón donde estaba Lothar y en otro costado, Ed, quien había sido esposado, por orden de Lothar, que lo llamó un mero “formalismo”.

Todo observaban hacia el juez, el enjuiciado y el prisionero temporal. El nuevo regente de las dos ciudades habló, haciendo de a poco que todos callaran el rumoreo y las bromas.

“No tengo oportunidad de reunir a tantos hijos de la noche por tanto tiempo en mi ciudad y esto es realmente un gusto. Espero se hayan deleitado con la vitae, finamente seleccionada a gusto de cada uno. He decidido, debido a las normas de seguridad respetadas, hacer el juicio aquí, pero antes quiero aclararles algunas cosas que he oído, me han comentado y también imaginado. Primer aclaración: No me quedaré mucho tiempo como Príncipe de esta ciudad, de hecho, soy Príncipe solo de la Ciudad del Lago y aquí solo tengo una extensión del poderío de Leonard, el cual entregaré apenas termine el juicio, luego de una decisión conjunta con los antiguos, a quien corresponda. No puedo administrar dos ciudades, por mucho que me gustaría. Siguiente punto, NO estoy a favor de los castigos que conlleven la muerte definitiva, pero esa decisión dependerá de todos los antiguos aquí presentes, incluyéndome. Tercer punto, el juicio no tendrá una estructura sólida y Leonard no contará con una defensa más que sí mismo, aunque si quiere alguien hablar en su defensa, podrá hacerlo, pero solo cuando sea en relación a la comprobación de hechos, coartadas y razonamientos coherentes, las defensas fanáticas NO serán admitidas”

Todos asintieron y algunos hasta tuvieron ganas de aplaudir la elocuencia y el carisma de Lothar. El poder de su sangre volvía locos a los más débiles de voluntad.

El juicio comenzó con una revisión de todos los hechos, lo cual bastó para que Leonard se hundiera en su sillón, frustrado, furioso, al borde del frenesí.

Luego siguió el testimonio de Frank que se mantuvo en el mismo discurso, describiendo minuto a minuto sus noches persiguiendo a Ed, al asesino enviado por Leonard que había disparado contra Greg y Ed, destrozando la computadora y siguiendo por toda la odisea en la ciudad Sabbat.  Luego fue el turno de Patrick quien describió el encuentro con Ed y sus sospechas y por último, habló Ed, desde su posición de prisionero sospechado.

Leonard tuvo derecho a réplica por momentos, dirigido por Lothar, se le permitió defenderse, pero quiso quedarse en silencio hasta que todos hablaran, aunque se notaba que estaba a punto de estallar cuando sus acusadores señalaban contra él.

De repente, la puerta del Elíseo estalló en pedazos y todos los vampiros presentes fueron lanzados hacia delante, el ruido de metralla, escombros y humo inundaron el lugar, se esuchaban los silbidos de las balas pasando por arriba y hasta algunas explosiones, que sacudieron a los que estuvieron cerca de la onda expansiva.

Lothar se lanzó sobre Leonard, quien corría en dirección a la balacera, que claramente buscaba sacarlo de allí, forcejearon como bestias, como hace centurias que no combatían, colmillos afuera, ojos enrojecidos por el uso de su fuerza sobrenatural y antes que Patrick pudiera desgarrar al doblemente traidor Leonard, el ex Príncipe lanzó a Lothar contra el Gangrel, cayendo ambos de espaldas. Otra explosión dejó a todos aturdidos y los que intentaban visualizar entre el caos, el ruido, el humo, el polvo y los escombros, vieron como Leonard escapaba con unos hombres que se lo llevaban en moto, mientras se intercambiaban disparos con los guardias de Lothar y otros guardias de Elíseo que aparentemente eran leales al nuevo Príncipe y no al traidor que huía. Vástagos sucumbiendo al frenesí o al rostshreck hicieron más difícil la captura entre humo, llamas, ruidos aturdidores, disparos, rugidos y gritos.


Capítulo 3: Liderazgos

El ambiente era hostil, pero Lothar logró calmarlos a todos, mientras sirvientes ghoul en otra sala del Elíseo, servían copas de sangre, abundante y fresca, para curar a los heridos y calmar los ánimos. El rumoreo fue cesando a medida que Lothar se afirmaba en el centro del nuevo salón donde estaban.

“Eso da por terminado el juicio” –dijo Lothar en una mezcla de humor y realidad- “Por grave que parezca todo esto, solo deja a Leonard más condenado a su muerte definitiva y nos acelera a la necesidad de un nuevo liderazgo para enderezar la ciudad antes que el enemigo aproveche este momento de caos y ante la ausencia de un Senescal definido. Ya he coordinado con Frank y Van Holme para reforzar el apoyo civil para la seguridad de la ciudad y con todos los antiguos presentes para consolidar una votación rápida y una reacción rápida. Esta ciudad ya no será jamás igual, pero por lo que conocemos de la relación entre Leonard y el Obispo del Sabbat, debemos entender que aunque ellos también deben estar sufriendo algo parecido, pueden aprovechar este momento de debilidad y debemos considerar que la ciudad ya no tendrá esa paz controlada a través del conflicto simulado y de los acuerdos económicos y la corrupción. Desde esta noche y por todas las noches venideras, esta ciudad será una VERDADERA CIUDAD DE LA CAMARILLA” –y recibió aplausos y apoyo, aún de sus enemigos naturales del clan Brujah-

Lothar era un carismático líder. Eso era innegable, pero ahora era tiempo de la cacería, por lo que Lothar declaró una Caza de Sangre suspendida, debido a que requería autorización de un Conclave o del Justicar de su Clan.

Se reafirmaron todos los puestos, se exculpó a Ed de sus acusaciones de traidor y la ciudad se reorganizó para capturar y hasta para eliminar al Príncipe traidor.

“¿Cómo has estado ex convicto?” –Bromeó Frank con Ed, mientras le daba una palmada- “Compartir tanto tiempo con otros vampiros puede volverse demasiado estresante… percibo como intentan sondear mis pensamientos, influir mis opiniones, observar mis emociones, atrapar mi atención u ocultar comentarios y susurros. Esto no terminará bien si no salimos de aquí cuanto antes… ¿No lo crees, amigo?

Ed estaba agotado, pero contento de ya no ser el único responsable de toda la situación. Habían sido noches terribles y estaba tan exhausto que ni ganas de perseguir al Príncipe traidor, por ello contestó a su compañero Nosferatu:

“Que se encarguen todos los demás. Yo ya estoy harto… quiero ir a tirarme en el pasto y que Cook se acueste a mi lado… nada más… ya hemos hecho suficiente amigo, no sé si darnos un premio, pero al menos deberían darnos un descanso”

Frank asintió y mientras el grupo se dispersaba y se iba por los pasillos y salones del Elíseo, pasaron por las puertas del “Salón Real” donde decenas de sirvientes limpiaban, acomodaban y ya había varios albañiles liderados por un Nosferatu, que los guiaba en la construcción y remodelación del salón, estallado por los cómplices del ex Principe Leonard.

Los vampiros se fueron despidiendo, algunos más afectuosamente y otros con miradas suspicaces, bromas cínicas o simplemente con saludos indiferentes. Pronto las puertas del Elíseo quedaron selladas y una reunión para el sábado siguiente quedó acordada. Faltaban algunas noches, por lo que Ed se dirigió junto con Frank al alcantarillado, para pasar por Greg, quien debía estar volviéndose loco allí encerrado. Al menos le llevarían buenas noticias.

La llegada al sistema de alcantarillado fue particularmente compleja, los nuevos sistemas de seguridad, el cambio de llaves, contraseñas y todo el sistema de defensas de la ciudad hicieron difícil aún para ellos llegar hasta la oficina subterránea donde estaba el Toreador Antritribu, aunque todas esas dificultades dejaron tranquilos a los dos guerreros que tanto habían sufrido, ya que significaba que el enemigo no tendría fácil una entrada por allí.

“Hey Greg, buenas noticias…” –dijo Ed saludando a un pálido Greg con cara de estar volviéndose loco-

Luego comenzaron a contarle todo lo sucedido y el Toreador Antitribu que estaba hambriento, sólo respondió: “Bien, suficiente para mí de esta ciudad y de todas las demás… quiero irme a donde nadie me conozca. Me iré al norte, me uniré a los anarquistas… al demonio con todos…”

“Pero Greg, puedes quedarte aquí. Una vez que Leonard sea capturado estarás más seguro que nunca… digo, si bien te infiltraste, no sabías para qué y aún mejor, nos ayudaste a resolver todo esto. Podrías inclusive ser bienvenido al Elíseo en poco  tiempo…”

El Toreador lo pensó varias veces pero estaba seguro de querer retirarse, la bestia no le permitía pensar con claridad y pidió alimento.

“Debido a la seguridad reforzada no podremos traer mortales aquí, así que te alimentarás de animales o deberás salir a la superficie…” –dijo Frank con tono sepulcral, pues sabía que el chico no duraría mucho con ellos-

“Sí, saldré un momento y volveré luego de alimentarme” –y ni el Gangrel ni el Nosferatu le creyeron, pero sabían que no podían tenerlo más tiempo capturado-

“Si en este momento los hombres de Leonard o él mismo te encuentran, te hará pagar. Además los vástagos de la ciudad apenas te conocen y no saben cuál es tu posición, si alguno te ve cazando, saltarán sobre ti… ¿Seguro no prefieres esperar o alimentarte de algún animal de por aquí?” –Frank aunque era hosco, intentaba sonar conciliador-

El cainita los miró con cierta furia. Había algo extraño en Greg, claramente veía como su papel era de marioneta, a donde sea que fuera.

“Quiero salir”

Frank y Ed acompañaron al ex Sabbat hasta la salida y le desearon buena suerte, mientras salían, Ed le dio su revolver con seis balas, dinero y le pidió su contacto. No sabían cuando se iban a necesitar mutuamente. El débil Greg agradeció secamente y desapareció en la noche.

“Tendremos que dar explicaciones a Lothar… ¿Verdad? Lo dejamos ir…” –dijo Frank sin mucho énfasis-

“Sí, pero no tienen nada que recriminarnos. Nos merecemos que nos dejen en paz…”

Los dos amigos se despidieron, uno volvió al alcantarillado y el otro a su departamento, que tenía una faja de clausura y la puerta rota, tal cual como cuando fueron atacados por el asesino del Príncipe. La diferencia es que se habían metido en su departamento todos sus vecinos y prácticamente se lo habían vaciado.

Las noches siguientes fueron silenciosas en cuanto a acciones, pero llenas de rumores y cuchicheos, algunos decían que el próximo Príncipe sería Giancarlo, otros Anabella y obviamente los rumores de que los anarquistas tomarían control de la ciudad se esparcieron, como siempre que había conflictos en la cúpula de la ciudad. Eran todas maquinaciones, reuniones secretas y paranoia. Hubo quienes inclusive aseveraron que el Sabbat planificaba un ataque contra la ciudad, lo que mantuvo a los guerreros de la Camarilla atentos y con sus contactos mortales en estado de alerta.

Pero nada de eso sucedió y el sábado de la reunión llegó contra todo pronóstico.

Ahora sí todos los vástagos de la ciudad estaban presentes en el Elíseo, un Elíseo renovado tanto en imagen, como en distribución de muebles, salones, seguridad y espíritu. Lothar le había dado un aire más propio de la historia de la Camarilla, con escudos de los clanes en el “Salón Real”, sillones cómodos para los antiguos con pequeñas tribunas detrás para los miembros secundarios de los clanes e inclusive abrió un espacio para los Caitiff, algo que sorprendió a todos, dado que en general la ciudad los había rechazado por completo (Leonard siempre decía que los Caitiff eran la puerta de acceso para el ingreso de anarquistas y del Sabbat, por lo que jamás les daba lugar en la ciudad, al a que le sobraba espacio).

Además de las medidas de seguridad renovadas (tarjetas de acceso únicas) había distintos puntos de seguridad en el Elíseo, que impedían un acceso directo al “Salón Real”, aprendiendo del último evento desgraciado.

Lothar estaba parado en medio, claro que él tenía un sillón central y su clan un sillón con gradas detrás para el representante de clan y los demás integrantes. Estaba vestido particularmente sobrio, pero de forma muy elegante, con camisa, corbata, pantalones de vestir y de fondo se oía música clásica, un toque que según el Príncipe de la Ciudad del Lago, hacía más amena la llegada a todos. Luego la música se bajaba y una vez todos estuvieran en silencio, él hablaría, como por fin lo hizo:

“Bienvenidos todos. Espero les guste la nueva apariencia de este lugar. Gracias al clan Toreador, Tremere y Nosferatu por habernos ayudado en la reestructuración, decoración y seguridad del lugar. Antes que nada, quiero contar las malas noticias y mientras se van sentando, intenten oírme atentamente. Aún no atrapamos a Leonard. Sigue ahí y todos debido a eso, estamos de alguna manera en peligro. Ahora la buena noticia… Leonard está acorralado debido a los grandes esfuerzos de seguridad que hemos realizado las noches previas a esta reunión, es eso o se ha escapado de la ciudad, pero aún mejor, la Justicar de mi clan autorizó la Caza de Sangre sobre Leonard, que queda declarada oficialmente desde este instante. El cargo específico del cual se lo acusa es de ‘Alta traición a los principios de la Camarilla’, así como el cargo secundario de ‘Poner en riesgo la estabilidad de la ciudad, de la región y la no-vida de sus integrantes’ y ‘Complot organizado junto al Sabbat para el sometimiento de los miembros de su ciudad y otros intereses personales’ así como el cargo secundario de ‘alianzas ilícitas’ el cual he intentado negociar, puesto que ese mismo cargo podría aplicarse contra aquellos que resolvieron el asunto, por eso lo he desafectado para ambos lados. También quería hablar sobre aquellos que nos ayudaron a resolver el asunto… deben ser reconocidos como héroes salvadores de esta ciudad. La Camarilla es la secta más grande de vampiros, de hecho, podríamos decir la única gran secta del mundo y gracias a sacrificios como los de Ed y Frank, toda esta situación tuvo su mejor desenlace y serán recompensados con una redistribución de sus dominios, así como las obras que consideren necesarias en sus territorios, con el presupuesto otorgado por el principado y títulos de grandeza para ambos, reconocidos por la Justicar de mi clan. Esto me costó conseguirlo, no solo por lo inaccesible de Lucinde, sino porque fue difícil hacerle entender los riesgos que corrieron, puesto que fueron perseguidos durante un período de tiempo, por ambas sectas, lucharon e intentaron en todo momento resolverlo por la vía de la Mascarada, sin atentar contra Leonard, ni contra ningún otro de los vástagos de esta ciudad, por ello sus títulos de honor, ampliación de dominios, presupuesto para obras a elección y lo que sea que queráis pedirme, pido aplausos para ellos”

- Era la primera vez que en ese Elíseo los aplausos eran totales y sinceros, aunque no todos estaban tan contentos con lo sucedido o aún estaban muy confundidos por los sucesos de las últimas noches, Lothar era inspirador y sus palabras unieron a los vampiros de esa ciudad como jamás Leonard lo habría logrado, porque claro, no eran sus intenciones mantener unida la estirpe de la ciudad-

Ambos ‘héroes’ agradecieron y luego toda la reunión se dedicó a la elección de un nuevo representante para la ciudad. Para sorpresa de todos, Lothar había aceptado la propuesta de Van Holme, Anabella y Patrick quienes sugirieron que todos los vampiros de la ciudad votaran. Serían entonces 29 votos, que permanecerían en secreto.

En una muestra más de humildad (que ya lindaba con la demagogia, pero a nadie parecía molestarle) Lothar pidió él también poder votar. Sorprendidos todos, le permitieron formar parte de la votación, que se hizo bastante en silencio a pesar de algún que otro rumoreo y con prisa.

Los 30 votos, contando el de Lothar quedaron conformados de la siguiente manera:

Sarah Stuart (Ancillae Ventrue): 6 Votos
Giancarlo Salvattore (Tremere): 2 Votos
Lawrence Stain (Toreador): 3 Votos
Van Holme (Brujah): 2 Votos
Tyrese (Brujah): 4 Votos
Anabella (Nosferatu): 5 Votos
Dorothy Broomstick (Malkavian): 2 Votos
Frederick (Ancillae Gangrel): 5 votos

La ganadora había sido Sarah Stuart, pero Lothar se apresuró a hablar cuando los votos terminaron de ser contados.

“Comprendo la situación. Sarah no es un antiguo, la oposición es demasiado grande y si bien ahora estamos trabajando todos juntos, sugeriría hacer una última votación contando a los cuatro que recibieron más votos: Sarah, Tyrese, Anabella y Frederick. ¿Qué les parece? Necesitamos que el liderazgo sea lo más aceptado posible, con firmeza para no flaquear en las noches duras que pueden presentarse”

Todos aceptaron, aunque hubo algún que otro cruce de palabras, pues Tyrese sabía que no ganaría y eso lo enfureció. Insultó y se abalanzó contra Van Holme, quien quería callarlo, pero la situación fue controlada al momento por los demás antiguos.

Se repitió el ritual y esta vez solo podrían poner uno de los cuatro nombres, lo cual demoró mucho más tiempo. Se sabía que Sarah no sería un liderazgo demasiado fuerte, que Tyrese traería la anarquía y que Anabella y Frederick no tenían pasta de líderes. Pero debían escoger bien. Giancarlo era un buen candidato pues para ser un Tremere, era bastante humilde y de perfil bajo, pero justamente su entrega a los estudios, rituales y laboratorios taumatúrgicos, lo hacían un candidato difícil de imaginar en el liderazgo de la ciudad.

La nueva votación se conformó de la siguiente manera:

Sarah Stuart (Ancillae Ventrue): 12 Votos
Tyrese (Brujah): 5 Votos
Anabella (Nosferatu): 12 Votos
Frederick (Ancillae Gangrel): 0 votos

La alianza entre los Nosferatu y los Gangrel había quedado en evidencia y el clan de Ed había cumplido su promesa. Además, el mismísimo Frank no gustaba de la política, por lo que estuvo de acuerdo en darle todos los votos del clan a los Nosferatu. Aunque las cosas no pudieron definirse.

Se realizó una última votación, en la cual todos los votos de los Brujah pasaron a los Nosferatu e hicieron de la antigua Anabella, la nueva regente de la ciudad. El título de “Princesa” le fascinó, pero ahora había una tarea importante y semejante responsabilidad le pareció abrumadora de repente. ¿Podría tener una Senescal Ventrue como Sarah Stuart pisándole los talones? ¿Podría sostener la política de la ciudad? ¿Le quedaría tiempo para el goce y las fiestas?

Mientras la nueva regente de la ciudad sonreía y por dentro sufría, Lothar mientras aplaudía junto al resto, dijo:

“Mi nueva compañera en la región. La poderosa Anabella. Antes que nada, felicitaciones, a partir de este instante, eres la nueva regente de la ciudad. Estaré aquí hasta el lunes, inclusive, para ayudarte en todo lo que sea la transición de poderes, dado que hay muchas cosas que ordenar aquí, muchos huecos que nos ha dejado Leonard. Por otro lado, comprendo que afrontarás muchos desafíos de aquí en adelante, por ello mi consejo es que te mantengas informada como bien sabe hacerlo tu clan, organizada y no dejes de oír a los que están por debajo de ti, pues necesitan tu guía, pero son los que comprenden los detalles de la ciudad. Anabella, es sabido que no somos sangres compatibles, pero debido a la vergüenza que Leonard ha causado a los nuestros, he de pedirte respeto hacia tus inferiores en la ciudad y a todos los presentes les pido respetos a la nueva regente de la ciudad, por su propia supervivencia, debemos hacer un gobierno fuerte aquí, para evitar el avance del enemigo y aún mejor, sacarlos en algún momento de la ciudad del sur desde la cual nos venían estorbando hacía mucho tiempo, quizás sea momento de que nuestra secta avance finalmente para barrerlos, pero ya habrá tiempo para eso. Por ahora organícense, cooperen para asentar el nuevo liderazgo, manténganse unidos y atentos… la ciudad tiene ahora un nuevo rumbo”

-De nuevo brotaron los aplausos, dado que hasta los Brujah, aun cuando Tyrese hubiera deseado estar a la cabeza, estaban contentos de tener un Príncipe que no perteneciera a los altos clanes-

La reunión se tornó un poco más informal, los vástagos rodearon a Anabella, algunos para informar de situaciones precisas, otros para felicitarla, algunos otros para discutir temás de interés general y otros como Frank, Ed y Van Holme, para felicitarla y despedirse.

Los tres se reunieron afuera y una vez alejados del Elíseo, se dispusieron a hablar.

“¿Qué creen que pasará cuando Lothar se retire de la ciudad?” –Disparó la pregunta Frank, preocupado por su líder de Clan, que ahora era además Príncipe-

“Yo creo que Anabella estará bien. Va a hacerte trabajar, dado que es mucho más insegura que Leonard o que Lothar, además, no tiene fama de líder, sino más bien de gustarle las fiestas y los lujos. Mantenla ocupada tú también y no le permitas bajar la guardia. Puede ser una gran líder o puede ser nuestra destrucción” –Van Holme respondió no sin cierta dureza-

“Yo creo que debemos ir con un propuesta formal de defensa de la ciudad, renovada y que le de confianza” –Ed sonaba más relajado-

“Pero vamos, la verdadera pregunta es… ¿Por qué creen que Lothar habló como si fuera nuestro mejor amigo? ¿Por qué creen que ese maldito demagogo y mentiroso nos ha tratado con tanta amabilidad? No creo que sea solo por la vergüenza que le causa Leonard… creo que hay algo más” –Van Holme entrecerraba sus arrugados ojos mientras decía eso-

Con la piel deformada que dibujaba sombras extrañas en el rostro de Frank, este respondió: “Tengo una teoría, basado en hechos que tú y yo hemos presenciado, colega Brujah” –respondió Frank con picardía- “¿Recuerdas los eventos de hace más de cincuenta años? ¿La mafia, la toma de la ciudad?”

“Sí Frank, pero no entiendo por qué lo relacionas con eso…” –Van Holme miraba hacia su costado, haciendo fuerza por recordar, como si le doliera la cabeza recorrer ciertas memorias-

“En 1941,  comenzó una guerra encabezada por las mafias. Los se opusieron al nazismo, pero también al gobierno de los Estados Unidos, marcando su gran poder con atentados a gran escala…. Con el tiempo se supo que los Sicilianos, respondían a una alianza inusualmente poderosa entre Ventrue y Giovanni, pero el enemigo principal no era esta vez el Sabbat, eran ciertos Ventrue que intentaban una vez más independizarse del clan en Europa, aprovechando su gran poder en Estados Unidos y países aledaños. Aprovechando luego también la Segunda Guerra Mundial cuando el conflicto ya se fue de las manos… tanto Lothar como Leonard participaron en esa guerra, pero no del mismo bando. Lothar recibía apoyo del clan en Europa y localmente era apoyado por el Clan Giovanni, mientras que Leonard se vio acorralado y tuvo que detener su avance contra la famosa Ciudad del Lago que ya casi estaba bajo su control. Por supuesto a partir de esas noches el poder de Lothar creció enormemente, pero tuvo que ceder gran parte de los territorios al Clan Giovanni, incluyendo la ciudad que ahora controla el Sabbat. Entonces Leonard que crecía en poder, se vio rodeado de las fuerzas Giovanni y de Lothar, por lo que tuvo que calmar su ansia de poder”

Ed y Van Holme observan con los ojos abiertos como dos lunas llenas, sin poder creer lo que Frank sabía y les estaba revelando. Uno de ellos preguntó:

“¿Pero cómo se mantuvo esa situación sin estallar?”

Frank ensanchó los hombros, enderezando la retorcida espalda que le causaba constantes dolores y dijo: “Es muy complejo y aún mi clan tiene dudas y vacíos  al respecto de todo lo que sucedió en esas violentas noches y qué tanto participaron los líderes de la región. Pero por lo que se rumorea, cuando la Segunda Guerra Mundial terminó, Lothar reivindicó su poder en la Ciudad del Lago, volviéndola un bastión de su Clan y por sobre todo, de su Clan enlazado a Europa, pero tampoco pudo extenderse más allá de eso. Leonard perdió mucho poder debido a que los Ventrue del resto de América comenzaron a desconfiar de las alianzas que mantenía con anarquistas y clanes independientes, además de perder presupuesto y no ver devoluciones por parte de Leonard, por lo que le quitaron casi todo el apoyo. Los Giovanni, que tenían la ciudad del Sur y que hostigaban a Leonard, perdieron la ciudad ante el Sabbat que aprovechó la anarquía y la asaltó. Entonces el poder quedó dividido y una extraña paz surgió, pero claramente de fondo estaba sucediendo algo más y era todo lo que acabamos de experimentar. Se podría decir que lo que comenzó en los años 40’s recién acaba de concluir en esta noche… quien lo diría…”

Ed no salía de su asombro. Para un neonato, por más que tuviera ya casi sesenta años, era una revelación muy grande el poder que trabajaba desde las sombras. No sabía que eventos tan inmensos podían tener detrás titiriteros no-muertos.

“Pero… ¿Por qué entonces el espía, Garrick, Robert o como sea que se llame ese asqueroso Tzimisce llegó hace tan sólo un año? Digo, ¿Qué habría cambiado en este tiempo?”

El ancillae Brujah y el Nosferatu se miraron entre sí, ambos tenían muchas teorías, pero el que habló con más convicción fue Frank.

“Mi teoría personal, desarrollada en las noches previas a todo este caos, es que Garrick era el inicio de algo mucho más grande. Leonard estaba tramando algo a gran escala. Una movida arriesgada pero que implicaría una gran victoria… pienso que quería tomar la Ciudad del Lago. Ha intentado tomarla políticamente varias veces, pero siempre ha fracasado ante la imponencia de Lothar. Pero en este caso me parece que pedía ayuda al Obispo del Sabbat para hacer un doble ataque. Por eso el Sabbat también lo castigó con tal gravedad al maldito mutante...” -La expresión que utilizó, hizo que los tres rieran-

La sed de poder de Leonard lo había hecho tocar fondo, además de su sed de venganza, que combinadas le hicieron perder cordura y pronto, su eterna no-vida.

Mientras cada uno volvía a su refugio, cubriéndose entre las sombras, del viento gélido de la noche y de su misma hambre voraz, que llamaba a la bestia a una nueva cacería. La sangre llamaba.


Capítulo 4: Semilla de la venganza

En la ciudad del Sabbat, una manada recibía en un altillo de gran tamaño, de piso de madera, con una sola ventana circular que asomaba hacia la azulada noche, a un Leonard con el rostro furioso, los ojos hinchados debido a la bestia queriendo salir de su jaula. La manada se hacía llamar “Deep Down Society” ó “DDS” como firmaban en general. Habían sido leales al Obispo Mabaue y aún lo eran, a pesar del juicio que terminó con su no-vida, mientras perros ghouls entrenados le arrancaban pedazos del cuerpo mientras su carne brotaba en frenesí, salpicando sangre y gritos en todas direcciones mientras decenas de Sabbat le gritaban ‘traidor’, le lanzaban cosas o lo pateaban cada vez que se acercaba los barrotes de su jaula. Cuando ya no pudo más, el nuevo Obispo Duncan ‘Razor’ Millner, lo sacó de allí, para beber de su sangre en una diablerie frente a todos, entre aplausos y gritos bestiales.

Ahora la manada rodeaba a Leonard, entre desconfiados y fascinados por su inmenso poder de magnetismo, su carisma y majestuosidad.

“¿Estás seguro que quieres desatar esta batalla aquí dentro Leonard? ¡Ahora no eres más que un Pariah! ¡Solo nos sacrificarás a todos por tu absurda sed de poder!” –Rugió el líder de la manada, un tipo bajo, de torso y miembros anchos con barba rojiza y ojos casi blancos, vestido con una remera roja deshilachada, pantalones de jean en el mismo estado y una gorra de lana negra-

“Tengo más aliados aquí. Podremos tomar la ciudad en cuanto el Arzobispo vuelva a la Costa Este. Pero debemos movernos con cautela y …” –fue interrumpido a los gritos por una Brujah Antitribu de aspecto muy salvaje, llena de tatuajes, algunos piercing, ropa rasgada y rostro pálido como la luna, con maquillaje negro como la noche, en forma de lágrimas brotando de sus ojos-

“¡La ciudad ya es nuestra bastardo de la Camarilla! ¡No necesitamos ‘tomarla’ ni asediarla! ¡Es nuestra!” –la cainita pateó una lata que se utilizaba para quemar notas, por suerte, ahora sin fuego en su interior, que resonó cuando golpeó cerca del Príncipe-

En un abrir y cerrar de ojos Leonard estaba tomando el cuello de la Brujah y elevándola al menos medio metro en el aire, con ojos coléricos y presionándole la gargante, casi quebrándosela. Toda la manada reaccionó (aunque varios segundos tarde) y apuntaron con sus armas o se le abalanzaron, pero el aura de grandiosidad de Leonard detuvo a todos en su lugar, incapaces de reaccionar. El lugar se puso en completo silencio y el tiempo pareció detenerse.

“Podría haberte asesinado en este mismo instante, a ti y a muchos de los presentes. ME NECESITAN puesto que a su manada la van a cazar como a animales, por traición a la secta. Mabaue en su inmenso poder ha caído y pronto irán cayendo todos los que cooperaban con él, en dicha caída, podemos aprovechar para abrirnos paso, liderando una batalla definitiva contra la ciudad de la que alguna vez fui regente y tomándola, como todos aquí siempre quisieron”

De nuevo el ansia de poder y venganza dominaba a Leonard. Su intención de tomar el poder de ambas ciudades rayaba la locura, todos allí se dieron cuenta que cada vez estaba más fuera de sus cabales.

“Comenzaremos por buscar alianzas entre las manadas leales a Mabaue, que están siendo cazadas por la Mano Negra, que ha enviado más columnas ahora que se han enterado de la traición de Mabaue. Es más, podríamos utilizar ese mismo punto a nuestro favor, diciéndoles a las manadas que la Mano Negra quiere tomar la ciudad y que debemos defender al verdadero Sabbat…”

Por un momento la manada sintió terror. Un líder de la Camarilla convenciéndolos de librar una guerra interna. Parecía un sabotaje planificado, pero sabían que lo hacía más por desesperación que por estrategia y al mismo tiempo era difícil oponérsele.

Uno de los más sobrios de la manada, un hombre de gran tamaño, totalmente pelado y de tez morena, vestido con un chaleco sobre una musculosa y unas bermudas desgastadas, sosteniendo un rifle de gran tamaño, miró con los ojos apenas abiertos a Leonard, quien volvía a poner a la Brujah Antitribu con los pies en el suelo, mientras ella lo miraba aterrorizado y el moreno le dijo con vos profunda:

“Imagínese que queremos tomar la ciudad, buscamos alianzas, hacemos una guerra interna. Quedaríamos muy diezmados, suena a un plan para debilitarnos, no para fortalecer nuestra posición. Malabue tenía una alianza con usted, pero era temporal y solo buscaba fortalecer a las facciones lealistas y moderadas en contra de los Ultraconservadores y Status Quo. Una vez el poder de los verdaderos Sabbat se afianzara, iríamos a aplastar sus cabezas en la ciudad que dominabas tú Leonard…”

El ex Príncipe escuchó al Gangrel Urbano y luego miró a todos, que lo observaban en una mezcla de terror, desconfianza y asombro por el inmenso poder que irradiaba. Luego les dijo, dirigiéndose a todos:

“Los planes han cambiado porque la situación ha cambiado. Ahora quien fue un Tzimisce de su secta ya no existe, quien fue su Ductus y Obispo de la ciudad, también ha sido eliminado y pronto ante la llegada de más columnas de la Mano Negra, ustedes también lo serán, sin importar que tan fuertes sean. Aunque sea de forma temporal, únanse a mí, derrotemos al nuevo Obispo temporal, reclamemos el poder junto a todos los lealistas y moderados de la ciudad, sometamos a los más conservadores y obliguémoslos a aceptar nuestro poder o irse de la ciudad. Una vez con el poder consolidado, podremos pactar con la Mano Negra y si nos organizamos, invadir la ciudad que alguna vez fue mía, para que pertenezca a su secta, pues a mí ya tampoco me interesa nadie allí”

La manada obligó a Leonard a participar de los ritos de Vaulderie, así como a un ritual de iniciación al Sabbat, propio de la manada. Aunque querían ser crueles con él, para darle una iniciación cruda a la manada y a la secta, no pudieron, el aura del ex Príncipe y su sangre eran muy superiores a la de los cainitas.

De todas maneras, Leonard fue iniciado en la secta y él juró servirle, aunque difícilmente alguien le creyera, esperaban que la Vaulderie superara su sed de venganza personal y sus motivaciones individuales para hacerlo lentamente un miembro productivo de la manada.

Nada más lejos de la verdad, a medida que pasaron las noches, Leonard fue tomando cada vez más control de la manada, su gran poder hacía que todos de a poco se fueran alineando detrás de sus metas, deseos y ambiciones. Dividió a la manada en tres grupos que durante las noches siguientes se encargaron de tareas específicas:

Los exploradores, a los que llamaban “señuelos” porque eran los primeros que hacían reconocimiento en un área y si la Mano Negra aparecía, avisaban o se encargaban de distraerlos. Así fue como perdieron a uno de los miembros de la manada, en la primer misión de reconocimiento, generando algunos roces entre el actual Ductus de la manada (Desde que Mabaue había sido asesinado).

El siguiente grupo era de diálogo, al que llamaron los ‘diplomáticos’ que eran los que intentaban unir a las manadas lealistas y moderadas a su causa, con un éxito algo limitado, por la gran sensibilidad que había en todos los cainitas debido a la situación de la ciudad y las traiciones.

El último grupo, eran tan solo un par de cainitas guerreros que custodiaban a Leonard a casa uno de los territorios que por alguna razón habían quedado sin manadas o sin vigilancia, territorios que con dinero, sangre, sus dones de la sangre o por la fuerza bruta, Leonard obtenía, manteniendo vigías, informantes, refugios, recursos y aliados en cada zona.

Pasó alrededor de una semana y el Arzobispo se retiró de la ciudad, continuando con su extensa rueda de visitar a toda la Costa Este. Pensó haber dejado a la ciudad con un liderazgo fuerte luego del castigo a Mabaue, pero algunas noches después de retirarse, la ciudad yacía dividida en dos partes, los seguidores de la nueva Obispo Courtney Watson, apoyada por las columnas de la Mano Negra y las pocas manadas Ultraconservadoras y Status Quo que residían fijas en la ciudad. Por otro lado, manadas débiles pero muy numerosas de Lealistas y Moderados se habían alineado con tres líderes diferentes, pero que más o menos orquestaban una oposición en la ciudad:

Uno de los líderes, era Leonard, cuestionado por muchos, pero su carisma y sus discursos inspiraban a los más inexpertos, que eran muchos y tenían una inmensa necesidad de violencia. Otro de los líderes, era “Diamond”, Ductus de la manada “Deep Down Society” desde que Mabaue había sido asesinado, que contaba con un apoyo fanático, pero tan solo de algunos miembros de su manda y otros moderados que lo respetaban por sus éxitos en ritos de sangre. El último de los líderes era José Ruiz, un Malkavian latino, que sufría una sicosis severa, más por su agresividad que por su alienación.

Los tres se llevaban más o menos bien en lo que se refiere a coordinar esfuerzos en la ciudad, aunque no había nadie que de tanto en tanto no desconfiara de Leonard, pero era imposible enfrentarlo o negarse a sus designios. Se lo notaba más ido de lo normal, apurado por destruir toda oposición y ese salvajismo que él mismo había absorbido de su nueva secta lo hacía impredecible y más peligroso que nunca. Su transformación a la secta enemiga era sorpresiva para todos y el rumor no tardó en llegar a la ciudad, ahora regida por Anabella.

La líder Nosferatu en ‘su’ ciudad se había estado moviendo paranoica hasta que se topó con el rumor. Frank y Liam Stark estaban allí cuando recibieron dicho rumor de una red informática Nosferatu.

“Si este rumor es cierto… ¿Qué significa?” –Preguntaba Anabella- “¿Significa que la ciudad enemiga está en crisis o que está aliado a ellos para atacarnos? ¿Cómo podría ser eso posible? Digo… deberían allí también arrancarle la cabeza… ¿Verdad?” –La Nosferatu por momentos recobraba la calma, pero desde que estaba en el poder, su ánimo era cambiante y más temeroso de lo habitual, por ello contaba para que sus dos hermanos de sangre le tradujeran la noticia-

“Entiendo que es bueno y malo a la vez” –El Nosferatu miró a su alrededor, como si buscara respuestas en los rincones húmedos del sistema cloacal- “Si su entrega al Sabbat es ahora definitiva y real, podrá utilizar todo lo que sabe de nuestra ciudad, así como sus viejas alianzas y recursos que no hayamos quitado de su poder, en nuestra contra. Pero momentáneamente no debe estar recibiendo todo el apoyo necesario para atacarnos y hasta quizás esté siendo perseguido o escondiéndose, de lo contrario, tendríamos ya mismo batallas en toda la zona fronteriza y las cosas aún están en calma” –Frank intentaba dejar tranquila a la líder, a la cual ya no veía con desconfianza, porque veía la dependencia que ella tenía de su clan, a la hora de tomar decisiones-

Los Nosferatu decidieron mantener el estado de alerta en el submundo que ellos dominaban y mantener los ojos bien abiertos en cuanto a la seguridad de la ciudad, aprovechando el exceso de recursos acumulados que poseía Leonard en el Elíseo. Se llamó a una nueva reunión, la primera desde que Lothar se había ido de la ciudad.

La noche de la reunión era más fría de lo normal, los labios se resquebrajaban (algo que no se notaba mucho en el putrefacto rostro del actual Príncipe Nosferatu Anabella) y todos en las calles estaban abrigados de pies a cabeza. La cacería en la ciudad se había vuelto más difícil, la gente salía poco y el viento frío los hacía llevar pesados abrigos, difíciles de remover para morder las partes más tiernas de los mortales.

Para los vampiros, sin embargo, el frío no era un problema y la cacería tenía un lado más fácil cuando encontraban finalmente a su presa y era que por el frío y el viento, las personas deambulaban casi sin mirar, con la cabeza hundida en sus bufandas, sin mirar alrededor, solo al lugar donde querían llegar. Eso hacía que aún los menos sigilosos de los vástagos, pudieran cazar tranquilos y alimentarse sin demasiado alboroto.

El Elíseo estaba casi completo, como la noche que se eligió un nuevo Príncipe. Todos habían aprovechado las últimas noches para reclamarle a Anabella una porción de todo lo que abarcaba Leonard, alegando que ella no podría administrarlo o que les había sido negado por el ex líder y que debía ser devuelto.

Si bien en esa reunión se discutió sobre dominios, industrias, ghouls y política local, la reunión se centró en los rumores del ascenso al poder de Leonard en la ciudad enemiga.

La discusión se alborotó, perdiéndose de control. Estaban aquellos que gritaban que la Camarilla debía aliarse con la Ciudad del Lago y destruir la ciudad del Sabbat y otros que era una locura provocar a un Sabbat tan sensible, más sabiendo que el número de cainitas había aumentado en su ciudad, aparentemente, debido al quiebre en la ciudad, se habían reclutado muchos nuevos cabezas de pala y algunos otros con un poco más de formación.

Anabella intentó poner orden, pero otros clanes tomaron las riendas de la discusión. Van Holme, estaba sentado sobre un costado de su sillón de representante de Clan, como si estuviera cansado por su ancianidad, aunque debajo de su apariencia avejentada, escondía una sangre poderosa de un guerrero de antaño, forjado por decenas de batallas. Él habló:

“Leonard sabe que tiene poco tiempo. Debe creer que Lothar envió a un ejército por su cabeza, algo que deberíamos haber hecho. Ahora se está convirtiendo en un monstruo aún peor, revelándose tal cual como siempre fue. Por fin está donde se merece estar, con esos salvajes del Sabbat” –por un momento se contuvo, pero su sangre Brujah lo superó- “Organicemos nosotros una escuadra. Vamos a cazarlo. Si se ha erigido como líder, debemos derrocarlo antes que crezca. Podemos organizar un grupo y…” –pero su ímpetu fue detenido por Patrick, el Gangrel, que ancillae como él, solía apoyarlo a Van Holme, aunque en este caso no pensaba igual y lo interrumpió-

“¿Acaso no viste lo que hizo aquí dentro? ¡Detuvo a casi todos cuando intentamos detenerlo! ¡No podíamos ni mirarlo a los ojos hasta que llegó Lothar! ¿Quieres organizar una cuadrilla? ¿Vas a liderarla tú? ¿¡QUIÉN MÁS QUIERE MORIR!? ¡SIGAN A VAN HOLME!”

El Brujah furioso se puso de pie muy rápido como para alguien que aparentaba ser tan viejo, a lo que el Gangrel también se paró y se miraron furiosos.

“¡Siéntense los dos!” –gritó Anabella y ambos acataron la orden sin mucha vuelta- “Su poder era tan grande que aún peleamos cuando se habla en relación a él” –nadie se había percatado que la energía seductora de Leonard aún pesaba sobre muchos, generando discordias apasionadas aunque sea en una charla contra él- “Si bien me parece que la idea de Van Holme es un suicidio, creo que tiene razón en que deberíamos eliminarlo antes que crezca. Conociéndolo no debe haber revelado nada de su conocimiento sobre nuestra ciudad, dado que ese debe ser su seguro para que lo piensen dos veces antes de eliminarlo. Por otro lado, está creciendo en poder según lo que cuentan los rumores, por lo que debemos actuar pronto. No hace falta un enfrentamiento cara a cara, no lo sugiero en absoluto, pero sí podríamos planificar un atentado. ¿Qué dicen?”

El Elíseo enmudeció y todos se miraron. Las mentes de todos estaban más ocultas que nunca, nadie quería que se supiera lo que se estaba pensando, pero era inevitable esconder los nervios que inspiraba la sola idea de esas acciones.

“Me parece que tienen razón. Si la noble y grandiosa Anabella nos permite un buen plan, tendrán el apoyo del clan Gangrel” –dijo Patrick cerrando los ojos con solemnidad-

“El Clan Tremere pondrá a disposición todos sus rituales, aunque no a su escaso personal, para cualquier tarea que se le necesite” –Dijo Giancarlo asintiendo con su cabeza-

Van Holme no quiso perder su oportunidad de sobresalir como un líder de guerra y de inmediato dijo: “Mi clan cooperará como siempre, poniendo nuestros conocimientos estratégicos así como el cuerpo para pelear contra cualquiera sea el enemigo. No dejaremos que ese traidor arrogante se burle de nosotros mientras coopera con la secta más impura y sicópata, para arrasar con nosotros. PELEAREMOS”

Si bien era un anciano, cuando su voz de guerra salía a la luz, era inspirador aún para los opositores de su clan. Tyrese y el resto de los Brujah asintieron a Van Holme, asemejándose a un video de rap donde con gestos de manos se asiente y aprueba lo que marca el cantante.

El resto de los clanes ofreció lo suyo, cada uno a su manera, mientras que hubo un clan de tan solo dos integrantes que permaneció en silencio:

“Dorothy, ¿Contamos con el apoyo y la aprobación de esta misión por parte de tu clan?”-Anabella preguntó a la líder del Clan Malkavian-

“No quieren ir allí. Realmente es una pérdida de tiempo… morirán todos los que vayan” –dijo con los ojos cerrados y una sonrisa melancólica-

De nuevo el Eliseo enmudeció, pero Giancarlo un poco indignado cuestionó nuevamente a la Malkavian: “¿Por qué dices eso Dorothy? ¿Tienes algún fundamento?”

La Malkavian parecía estar a punto de llorar o de traer galletitas de mazapán, era imposible saberlo, con sus gafas amplias ocultaba la intención de su mirada, sus rulos grises y su delantal de ama de casa. Movió sus labios como los viejos ancianos  hacer para tragar saliva, haciendo algunos ruidos desagradables y luego dijo:

“Lo sé. Puedo verlo ahora mismo” –y antes que alguien preguntara continuó- “Pero de todas maneras morirán todos en sus refugios. Es una catástrofe…”

Si bien no muchos le creían, algunos reían y otros simplemente adoptaban expresión de fastidio por el juego de la trastornada anciana, aquellos que conocían predicciones previas de Dorothy, sabían que había tenido buena cantidad de aciertos en sus indescifrables acertijos.
Anabella se fastidió y algo asustada cuestionó con más fuerza a la Malkavian:

“Bien, supongamos que es cierto lo que dices. ¿Quién nos asesinará? ¿Quién es? ¿Quiénes serán? ¿El Sabbat? ¿Cómo podemos evitarlo? ¿Eh? ¡Habla lunática!”

La viejita se acomodó los lentes y por un momento pudo fijar su mirada en algo, fue en los ojos de la antigua Nosferatu, que inmediatamente tuvo que apartar sus horrendos ojos, pues lo que vio en un segundo fue más horrible que toda su putrefacción y deformación corporal junta.
La flamante Príncipe se tomó el rostro y chilló como un animal. Su mente parecía sacudirse de un lado a otro, por un momento no pudo detenerla, pero pasaron los segundos (que le parecieron una eternidad) y pudo retomar el control. La viejecita sonrió y perdió de nuevo su mirada en el vacío. Antes que se le abalanzaran para asesinarla, la viejita se puso de pie y frotándose las manos dijo:

“No sé mucho más. Son solo imágenes que veo o que me cuentan los chicos. Me están llamando. Se sienten solos. Debo ir a verlos… Eso sí. Si van a la ciudad solo encontrarán la muerte todos los que vayan y harán más poderoso a Leonard. El príncipe negro sabe su plan y los está esperando. Tiene más fuerza de lo que ustedes creen…“ –diciendo eso, dio media vuelta y se dirigió a la salida- “Luka, si no quieres terminar convertido en cenizas junto a estos jóvenes irresponsables, ¡Sígueme y aléjate de este plan suicida!”

Luka Hazlic era un musculoso peleador callejero abrazado hacía décadas por un Malkavian que necesitaba un guardaespaldas para sobrevivir a una persecución. Luego fue de alguna manera abandonado, aunque lo ve de tanto en tanto en las maníacas reuniones que mantiene el clan en la región. Este rudo luchador de vale-todo era también paranoico y no demasiado inteligente ante las manipulaciones de Dorothy, por lo cual él también se paró y se marchó, enseñando su dedo medio insultándolos a todos. Era un provocador y jamás medía sus acciones, hacerle “fuck you” a todo el Elíseo podía ser considerado una ofensa contra la nueva Príncipe de la ciudad y que ordenaran su captura o algo así. Pero Anabella no era Leonard y no le importaba una mierda que le levantara un dedo.

El Elíseo quedó por un momento en silencio y fue inevitable el cruce de miradas, aún, con reacciones divididas. Abruptamente, Anabella da fin a la reunión y propone una nueva reunión para discutir el plan de cacería de la cabeza de Leonard con un grupo comando infiltrado en la ciudad del Sabbat. Golpea el apoyabrazos de su sillón y parándose de golpe dice: “Los representantes de cada clan, quédense. El resto, puede y debe irse. Gracias”

Se la notaba afectada. Quizás la locura de la Malkavian había desatado paranoia en ella o quizás solo la había hecho reaccionar, como una chispa a un barril de pólvora. Fuere lo que fuere, Anabella se reunió a puertas cerradas con los antiguos y ancillae que representaban a cada clan, excepto al Malkavian y se acordó algo que hace mucho tiempo no se trataba allí. El tema de los clanes independientes.


Capítulo 5: Cazadores de cabezas
Las noches que siguieron a esa reunión, fueron aún más raras.
Los guardias de Elíseo, liderados por Palmer no podían comprender cómo tenía frente a sí a dos miembros del legendario clan de asesinos. Les hicieron dejar sus armas, les tomaron una muestra de sangre con una gota depositada en una pequeña tableta de vidrio y los hicieron pasar.

Las órdenes de Anabella, eran precisas. Debía dejar que todo clan que se presentara como nuevo en la ciudad, pasara a negociar con ella, su estadía en la ciudad.

Los Assamitas no titubearon en dejar las muestras, dado que era la condición que Anabella les había comunicado antes que llegaran a la ciudad. La prohibición que Leonard había impuesto a clanes independientes  de ingresar a la ciudad, había sido revocada de urgencia. La líder Nosferatu tenía un plan y los necesitaba, además de cualquier posible defensa con la que pudiera contar en la ciudad. Su primer llamado, fue al clan de los asesinos, a quienes podía necesitar tanto para cazar a Leonard como para defender las fronteras de la ciudad, que estaban abarrotadas de rumores, movimientos extraños y sospechas.

Los dos recién llegados lucían diferente, pero tenían la misma mirada fría y distante en sus ojos. Uno lucía ropa elegante, aunque cómoda, pantalón de vestir con zapatos, camisa y saco, pero sin corbata y la ropa se notaba algo suelta, su cabello era corto, de color castaño y su piel era de un colón café, aunque muy aclarado por la palidez propia de su condición de no-muerto, su nombre era Matthew Collins. Su acompañante, en cambio, era una vieja llamada Ophelia Stiller algo curvada, con ropa harapienta y sucia, con arrugas pálidas, lunares y una gran sonrisa, pero que no transmitía bienestar. Cualquiera hubiera dicho que era una Ravnos, pues sus rasgos parecían muy gitanos, pero estaban seguros que eran dos Assamitas, algo que Giancarlo corroboraría con sus rituales, para los cuales había pedido las gotas de sangre de los visitantes.

Se encerraron a dialogar con Anabella y las puertas se sellaron hasta que salieron nuevamente, tomaron sus cosas y no se los volvió a ver.

Esa misma noche también llegó un misterioso hombre de unos cuarenta años, de rasgos afilados, vestido de forma tan elegante como anticuada, como si fuera un refinado empresario de los años 30 o un conde moderno. Palmer sabía que era del clan Ravnos, pero Jean-Louis Perrotti no le dirigió mucho la palabra. Con algún refunfuñe se dejó extraer la gota de sangre, para luego irse directamente a hablar con los antiguos que lo esperaban sentados en el Salón Real del Elíseo.

De nuevo la puerta se cerró por completo y Palmer intentó imaginar quién sería el siguiente en visitarlos. Debía tener cuidado pues él, los ghouls y Leyla eran la única defensa de un Elíseo que corría peligro de ser atacado en cualquier momento o de sufrir una infiltración, dado que la bienvenida a clanes independientes podía dar lugar a un intento del Sabbat por filtrarse o de alguien más. Sus ojos permanecían abiertos y esa noche no llegó nadie más.

Mientras, en una de las oficinas secretas del alcantarillado, más apartadas que el resto y con pocos accesos, debatían Frank y Ed…

“Es difícil saber que pasará. Nosotros iniciamos esta locura y debemos tener un plan B, pues somos los referentes de todo lo que está sucediendo, aunque hayamos contado todo, necesitamos un buen plan, para sobrevivir y para no comprometer a nuestros respectivos clanes. Tú Ed, dime… ¿Qué piensas que es lo mejor? ¿Mantenernos lejos? ¿Hacer como Greg y huir de la ciudad? ¿Fortalecernos y defender la ciudad? ¿Realizar la incursión y buscar a Leonard?”

El Gangrel pareció reaccionar sólo cuando se mencionó la incursión. La idea lo inquietaba.

“Sí. La incursión me parece necesaria. Dicen que la mejor defensa es el ataque y este caso creo que coincide perfectamente con eso. Por otro lado, no tenemos suficiente poder como para algo así, por lo que estamos obligados a un plan perfecto, un todo o nada”

“Hagámoslo nosotros” –dijo secamente el Nosferatu-

“¿Qué? ¿A qué te refieres Frank?”

“Hagamos nosotros el ataque. Digamos que vamos a hacerlo con la Camarilla, que todos se enteren de la incursión, que todos se enteren los pasos de la incursión y una vez allí nosotros continuamos un plan que sólo tú y yo conozcamos… no confío en nadie últimamente…”

Ed rió, sacudiendo el cuerpo como si lo hubieran golpeado en el abdomen: “¿Últimamente? ¡Desconfías hasta de tu propia sombra! ¡Siempre has sido así! Lo que no recuerdo es que sufrieras de Alzheimer y que hubieras olvidado eso… Jajajaja!” –El Gangrel aprovechó el momento para reírse de su colega y quitarse un poco la tensión que lo agobiaba-

“Hablo en serio Ed, confío en mi líder, confío en Van Holme, hasta quizás  en Giancarlo, pero no en todos. Siento que algo o alguien se nos está escapando de la vista y que nos hace peligrar”

“Mentira maldito. Sabes de quién desconfías, pero eres tan desconfiado que ni confías en que yo pueda mantener el secreto… ¡Bastardo estúpido! Jajaja”

El Nosferatu se puso derecho, pero luego soltó una carcajada, su animalesco compañero lo conocía mejor de lo que él hubiera pensado.

“Así es Ed. No es solo desconfianza, es que no estoy seguro de mis sospechas, por eso prefiero no sugestionarte. Pero créeme, debemos organizar un ataque bifurcado… como la lengua de una serpiente…”
Ed asintió y luego le dijo: “Tú eres el maestro de los planes, por favor, dime qué hacer”

“Ahora no. Primero voy a poner todos mis esfuerzos en localizar a Leonard y en tener una idea de su rutina. Debe tener una rutina. Un territorio preferido de caza, un momento en el que se aparte de su manada, algo… Luego en base a esa investigación, formularemos el plan oficial y el plan secundario, ese que será un secreto y que NO DEBE SER MENCIONADO”

Sin darse cuenta, Ed recibía órdenes estrictas de la mente y sangre de su interlocutor. Si el poder de la sangre de Ed hubiera sido suficiente, quizás se hubiera dado cuenta, pero el poder de Frank haría que fuera más difícil si alguien intentaba manipular, dominar o torturar a su amigo. De alguna manera, lo estaba protegiendo, según su propia observación.

“Ahora separémonos, aquí mis hermanos también comenzarán a murmurar sobre nuestras reuniones secretas. Te llamaré cuando tenga algo… y si tu amigo Greg quiere ser de ayuda, por ahí nos puede dar una mano. Conoce la ciudad del Sabbat mucho mejor que nosotros, aunque no lo podemos hacer volver, quizás nos puede conseguir algo, un refugio, contactos o algo… así que te dejo esa tarea amigo, habla con tu amiguito Toreador indeciso y dile que nos ayude. Te lo debe…”

El Gangrel asintió y ambos salieron. El Nosferatu le abrió la puerta a su colega y este se fue tan raudamente como pudo.

Frank se quedó meditativo mientras caminaba de vuelta al centro de operaciones de su clan…. ¿Podrán ellos dos vencer a un vampiro tan poderoso que salta de una secta a la otra, manipulándolas a gusto? El plan tenía que ser tan fino, tan preciso, que Frank se sintió un poco superado por la situación. Se fue a hacer lo que más le gustaba… armar maquetas de escenas de guerras históricas y pensar en su destino.

El sol comenzó a despertar y todos los vampiros de la ciudad durmieron profundamente. Las horas pasaron y una luna tímida anunció una noche más despejada, pero igualmente fría y ventosa que todas las demás.

En el Elíseo, se habían gestado dos reuniones más, había llegado un Giovanni a la ciudad y otro Assamita, pero este último no pudo concretar nada con Anabella y se fue rápidamente. En cambio el Giovanni que había llegado antes, pareció irse satisfecho. Era un hombre de clase alta, pero charlatán y persuasivo, aunque lo que más llamó la atención a Palmer es que el tipo jamás retraía sus colmillos y que era imposible sostenerle la mirada, un segundo observándolo y uno se daba cuenta que ese locuaz Giovanni era un ser capaz de actos espeluznantes.

Luego de la presentación de todos los clanes independientes, menos de los Setitas que aparentemente no veían necesidad en integrarse a la ciudad, Anabella llamó a otra reunión, esta vez sí, incluyendo a TODOS los vástagos de la ciudad.

La novedad era sorprendente. El “Salón Real” ahora tenía cuatro asientos más, donde los clanes independientes se ubicaron. Los dos Assamitas, el Giovanni y el Ravnos.
Antes que comenzara el griterío de acusaciones, la regente de la ciudad alzó sus manos y pidió silencio.

“Esta reunión tiene dos objetivos. Uno es presentar a los recién llegados. Dos de los cuales se quedarán indefinidamente en la ciudad, con un dominio propio y coto de caza designado y otros dos se irán apenas terminen sus trabajos aquí”

Giancarlo, el líder Tremere se relajó cuando comprendió que serían los Assamitas los que se irían, terminado su trabajo. La líder continuó:

“Los presentaré de a uno y les dejaré presentarse a sí mismos o decir unas palabras, si así lo requieren. Comenzaremos con Luecio Milliner, del Clan Giovanni. Nos acompañará algunos meses, hasta que termine de tomar control de algunos negocios que siguen bajo el control de Leonard. Él quitará la influencia del traidor y a cambio de limpiar esos aspectos, le dejaremos que mantenga contactos en la ciudad, para controlar ese negocio y beneficiarlo”

Como si fuera una estrella en un show, Luecio se puso de pie y saludó a todos con la palma abierta, fue algo ridículo, pero su mirada y su sonrisa eran tan macabras, que no daba ánimos de reír. El Giovanni quiso hablar y lo hizo con una voz algo aguda y ansiosa:
“Por petición de la gran Anabella, estaré detallando todos mis movimientos económicos y mi posicionamiento en la ciudad, documentando todo y entregando la documentación a los presentes. No se admitirán auditorías, pues comprenderán que debemos tomar esos negocios de forma no-tan-legal, pero comprenderán que dada la urgencia debemos utilizar medidas drásticas…”

Giancarlo no pudo aguantar y comenzó su cuestionamiento: “¿Sobre qué negocios específicamente pondrá sus manos señor Milliner?”

El Giovanni lo miró con gesto sorprendido, que convirtió inmediatamente en una gigante y horrenda sonrisa y respondió con cordialidad: “Mi buen Giancarlo, hay dos negocios precisos sobre los que voy a tomar control que manteniéndose en manos de su anterior Príncipe podrían causarles muchos problemas. El Sindicato de empleados de seguridad, asociado al club de armas y el sector financiero de la calle principal, que tiene muchísima influencia sobre el sector político de su ciudad. Mi intención es desmantelar esas vinculaciones para que no puedan ser utilizadas y lucrar con los negocios en sí mismos, invirtiendo y aguardando las ganancias…”
Giancarlo asintió y no hizo más preguntas. Aparentemente, el Giovanni sabía que la ciudad no estaba para aprovechadores, por lo que tenía todo su discurso y su accionar premeditado.
 La Nosferatu prosiguió:

“También ha venido a colaborar con nosotros y formar parte definitiva de la ciudad a Jean-Louis Perrotti, quien recibirá un dominio especial, que está dispuesto a restaurar y además, nos ayudará con la defensa de la ciudad. El líder Patrick, del Clan Gangrel lo ha recibido sin conflictos, a pesar de estar su dominio de forma lindante con el dominio de su clan, esperamos que esto sirva para reforzar defensas y que la paz se haga entre todos”

El Ravnos no se puso de pie, pero hizo un saludo con su cabeza, de forma elegante y cerrando los ojos con solemnidad.

“Además de los recién mencionados, estarán dos miembros del Clan Assamita, que tendrán tareas divididas, pero coordinadas. Presento primero a la señora Ophelia Stiller, quien apoyará al grupo de incursión que tomará parte en la misión por la cacería de Leonard. He decidido pactar con el clan de los asesinos y pedirles a todos apoyo con esta decisión. La misión específica de Ophelia es mantenerse junto al grupo y realizar todo esfuerzo posible por protegerlo, así como por eliminar a Leonard. Su accionar será personal, pero debe comprobarse que en todo momento pensó en el bienestar de su misión y del grupo. Una vez realizado el trabajo con éxito, Ophelia ha pedido el cuerpo de Leonard, pero como no podemos asegurarle que quede algo del cuerpo del traidor, preferimos ofrecerle una recompensa monetaria y nos ha pedido un dominio fijo en la ciudad, que todos los antiguos casi en unanimidad, hemos decidido otorgarle. El tema del dominio se discutirá más adelante, pero por cantidad de votos es seguro que lo tendrá, sólo debemos definir tamaño y locación”

La Assamita se quedó sentada con una sonrisa amarga y habló, elevando el mentón como menospreciando a todos los que la observaban juiciosamente: “Puedo ayudarlos más en esta débil ciudad de lo que ustedes me pueden ayudar a mí. Solo busco tranquilidad, así que solo pido que me dejen tranquila con suficiente espacio para estirar mis piernas cada anochecer. ¿Me tienen miedo? ¡Pues lo bien que hacen! Mi sangre aún arde aunque mi apariencia parezca deshecha. Les conviene mi alianza y no soy aburrida como la mayoría de mis hermanos, tendrán más diálogo conmigo en una noche que en cien noches con Matthew…”

Algunos rieron, otros como Giancarlo presionaron sus mandíbulas con rabia y quizás con algo de temor. Algo en esa mujer era inquietante, aunque su apariencia fuera patética.

“Aprovecho esa introducción para presentar a Matthew, quien está para cooperar con mi clan en el perfeccionamiento de todos los sistemas de seguridad instalados por Leonard en el pasado, hacer los planes de defensa en caso de un asedio junto a Frank y Van Holme y además para eliminar hasta tres objetivos que hemos identificado en las inmediaciones, a quien deberá perseguir, eliminar y traernos al menos un cuerpo para interrogar. Son monstruos del Sabbat, que han sido identificados en los últimos tiempos y que se nos han estado escapando. Matthew Collins es un experto en seguridad, en planificación y él tiene un plazo máximo de tres meses para cumplir todos los puntos de su misión. Su paga será poder quedarse con los tres cuerpos, ya que él es el único responsable de la integridad de esos tres cuerpos. La única condición de nuestro lado, es que aquél cuerpo que nos entregue a nosotros para interrogar, deberá quedarse con nosotros hasta que ya no podamos sacarle ni una gota más de información. Hecho este último acto, el contrato quedará concluido y su paga otorgada. ¿Algo que nos quieras decir Matthew?”
El elegante Assamita se acomodó su cabello corto como si se mirara en un espejo y susurró con su voz apagada

“La serie de noches que me esperan son de arduo trabajo, por lo que espero no llamar la atención de ninguno, dedicarme a eso y no molestar ni ser molestado. Pido nuevamente como lo hice en privado con Anabella, la mayor cooperación de todos para concluir esto y yo también coordinaré mis esfuerzos para el pasaje del grupo que incursione con misión de eliminar a Leonard, volviéndolo seguro y cubriéndoles la espalda, aunque no los acompañaré a esa ciudad. Mis asuntos son aquí adentro exclusivamente”

Todos asintieron o se quedaron callados y Anabella continuó con el siguiente tema de importancia: La misión en sí. ¿Quién conformaría el grupo que iría a eliminar a Leonard? Cuando surgió esa cuestión, comenzaron discusiones acaloradas, algunos sugerían que un representante de cada clan debía ir a cumplir esa misión, otros decían que se debía contratar solo asesinos que no sean miembros de la ciudad y otros hacer un reclutamiento de voluntarios, probar sus habilidades y formar un grupo, pero nadie realmente pudo ponerse de acuerdo. Se oyeron cosas como a Tyresse, el peligroso Brujah gritando: “¿Por qué no van ustedes que dicen ser tan poderosos eh?” haciendo que Van Holme bajara la cabeza y la meneara de un lado a otro en señal de decepción, también Demian, un cínico Ventrue sugerir que los ‘bajos clanes’ debían ir, pues todo el asunto había sido provocado por ellos, lo que causó ira inmediata y hubo que detener a los que querían ponerse a pelear allí mismo. También se gritaron insultos, se dijo que la idea era una locura y otros que era una genialidad, pero el lugar era un caos, ya que en fondo la cuestión era sencilla: Todos pensaban que era una buena idea, pero todos estaban aterrados con la idea de enfrentar a Leonard. Mucho tiempo expuesto a sus dones de Presencia y Dominación, los hacía a todos temer, respetar, agigantar su imagen.

Pero había dos vampiros dispuestos a romper con la discordia interna y retomar el rumbo de la misión:

“Quiero liderar el grupo” –dijo silenciando a todos el deforme Nosferatu de cuya piel se abarrotaban verrugas y piel seca-

“Yo soy el primero en integrar un grupo liderado por Frank” –siguió Ed, sonriendo pero sin mirar a su colega Nosferatu-

“El Clan Brujah cooperará” –quiso sumar Van Holme, aunque él sabía que era complicado coordinar a un grupo dividido como era su clan-

“El Clan Toreador tiene una neonata dispuesta a ayudar. Ana Watson” –Hubo algo de murmullo, pero también gestos de aprobación, dado que clanes como el Ventrue y Tremere no enviarían a nadie, como era habitual y eso molestaba al resto, al menos los Toreador habían jugado una ficha, aunque una poco poderosa, pero una ficha al fin-

Los Brujah no soportaron que los Toreador ya hayan definido a alguien, por lo que Tyresse quiso pasar por encima de su primogénito Van Holme y dijo: “Nuestro clan enviará a ‘Black Death’ Terrel, un gran luchador… eso sí, denle un objetivo claro y no sean idiotas, no lo subestimen, él sabe manejarse muy bien”

Para Frank eso era un dolor de cabeza. Sabía que el Brujah lo único que causaría, sería discordia e intentaría en todo momento cuestionarlo. Pero era cierto que era un temido luchador, salvaje, brutal y muy poderoso para ser el más joven de los neonatos Brujah.

“A Palmer lo necesito en el Elíseo, así que Terrel, tú serás el único enviado de tu clan” –Anabella protegió a Palmer, pues si bien no era muy avispado, supo siempre defender el Elíseo y luchar en la ciudad, además, era cierto, necesitaba alguien poderoso que vigilara el interior de la ciudad.


Luka Hazlic era un poderoso y temido Malkavian. Ya se había pronunciado en contra de la incursión en la reunión pasada, pero esta noche, sorprendió a todos cuando con su remera ajustada a su musculoso cuerpo, elevó su mano y con su mandíbula prominente y ya dura como el cemento dijo: “Yo voy a ir. No me pienso perder una paliza a ese hijo de puta…”

Capítulo 6: El gran golpe

El grupo parecía listo. Frank a la cabeza, un Nosferatu de gran poder. Ed Barner, el Gangrel más activo que había tenido la ciudad, gran luchador, inteligente y protagonista de los eventos que las noches anteriores dieron lugar a toda esta locura. Por otro lado, la dramática Ana Watson del Clan Toreador podría ser útil, además de ser social, se sabía que gustaba de practicar tiro y pelearse en la calle, era una poco común para su sangre. Ophelia Stiller era la Assamita contratada para proteger al grupo y asesinar a Leonard. “Black Death” Terrel sería el gran poder de fuego junto a Luka Hazlic, aunque era un frente de batalla imponente, porque ambos eran luchadores experimentados e imparables, los dos compartían una característica: Eran indomables. Eso preocupó a todos, por lo que Anabella transmitió sin usar sus labios, directo a la mente de Frank, el siguiente mensaje: “Ten cuidado, pueden poner en riesgo la misión, mantenlos entretenidos, contentos, pero que comprendan la importancia del sigilo, no importa por qué medio, pero debes mantenerlos tan bajo control como puedas”

Ahora faltaba un punto muy importante, discutir qué plan se ejecutaría, qué pasos, que papel realizaría cada uno para aprovechar al máximo los recursos. Se obligó a todos que abandonaran el Elíseo, menos a los que harían la misión, la primogenitura y la Princesa Anabella, quedarían para discutir el tema. El resto no tenía por qué conocer los detalles.

Se debatieron varias horas, casi hasta la llegada del amanecer, ideas de ida, ideas de vuelta. Cosas que solo los antiguos podían llegar a conocer sobre los poderes más avanzados de un Ventrue tan poderoso les fueron reveladas, dado que debían saber a qué se estaban enfrentando. Se sugirieron ideas arriesgadas, como utilizar los condicionamientos de la Dominación para ‘escudar’ las mentes de los integrantes del equipo de los poderes de Leonard, pero esto causó gran revuelo y se rechazó la idea.

Los planes iban desde lo más fino como investigar, seguirlo, generar rumores y hacer que el propio Sabbat lo asesine, con meses quizás de conspiración, murmureo y especulación, hasta cosas brutas como atropellarlo con una camioneta y detonarla, todo parecía en un punto viable y al siguiente, imposible. Leonard era más allá de poderoso, muy estratégico, impredecible y tan paranoico que era difícil estarle cerca sin ser descubierto.

Se había instalado una mesa circular traída por unos cansados ghouls, que además instalaron equipos de computadoras, trajeron valijas llenas de mapas, papeles y una pizarra se agregaron algunos reflectores para poder utilizarla bien, porque el salón, como siempre, era bastante oscuro.

La oscuridad parecía haberse intensificado, los reflectores de luz blanquecina dejaban entrever el polvo volando por el salón, no era mucho pero danzaba por la línea de luz que llegaba a la pizarra, donde solo la parte iluminada del cuerpo avejentado de Van Holme y del dibujo que había realizado podían verse, el resto estaba sumergido en las tinieblas, observando el plan y debatiendo.

“Diría de hacer un plan en tres pasos. Primer paso, llegar a la ciudad y buscar un refugio tan seguro como puedan” –al decir eso, en la pizarra traza un cuadrado que simboliza el refugio- “Quedarse allí algunas noches, que ni nosotros sepamos donde están y que confirmen con esto que el lugar es seguro, que no los siguieron y que tengan tiempo para instalar equipos de seguridad, defensas, esconder armas, poner trampas, todo lo que sea vital para su supervivencia. Creo de hecho, que este es el punto más difícil, pero aprovecharemos una información que Anabella ha recibido recientemente… Anabella...”

La Nosferatu se mantuvo en las tinieblas, sólo se veía el contorno de su decrépito rostro y su maníbula moviéndose, informándoles: “He recibido datos precisos sobre el conflicto que DEBEMOS APROVECHAR. El Sabbat se disputa el territorio que dejó el líder traidor que así como Leonard, fue juzgado, solo que ellos sí llegaron a destruirlo, ya que no deben haber sido tan formales como nosotros, se lo deben haber comido entre todos, como suelen hacer esas bestias. Uno de los líderes que disputa ese territorio liberado, es Leonard… el maldito hijo de puta está movilizando tropas e imponiéndose ante otros líderes de la secta enemiga. No sé cómo lo hace, como hace para que no le devoren el cráneo entre todos, pero lo ha logrado. Aunque eso lo tiene muy ocupado. Diría que nos instalemos en el ala oeste de la ciudad, que es el primer territorio que él ganó” –Anabella señaló un mapa de la ciudad dominada por el Sabbat, que desbordaba de indicaciones y marcas de bolígrafo- “Ese mismo territorio lo tiene tan ganado y es tan suyo, que no le está prestando atención. DEBEMOS instalarnos allí y mantener una posición segura. El Clan Ventrue generosamente ha ofrecido una mochila de refrigeración, para llevar algunas dosis de vitae fresca, para evitar que tengan que salir a cazar por algunas noches”

Hubo algunas interrupciones y debates sobre puntos específicos de esto, pero la líder pudo continuar.

“Yo puedo ocultarlos hasta algún punto seguro en el subterráneo de la ciudad enemiga, pero una vez allí, exponerme más sería peligroso, yo daría la vuelta y ustedes contarían con mapas, armas suficientes y alimento hasta que encuentren un refugio. Tendrán dinero en efectivo, dos tarjetas con acceso a más dinero en caso de necesitar comprar equipos de seguridad, de construcción, etc. Sugiero hacerse de algunos esclavos para no exponerse ustedes al trabajo y ganar tiempo durante el día. El Sabbat no presta atención al trabajo y las obras de los mortales allí, por lo que sus trabajadores estarán tranquilos”

La conversación continuó con detalles sobre la llegada, sobre el camino, las posibles defensas del Sabbat en el subterráneo y en la superficie. Posibles vías de escape y estrategias para “plantar” camionetas, refugios temporales y hasta aliados mortales/ghouls en la ciudad enemiga, por si algo salía mal y debían ayudar a escapar al grupo.

Van Holme retomó la planificación: “El paso 2, sería el trabajo de inteligencia. A través de todos los recursos, ya sea rumores, observación a distancia, infiltración a los sistemas de computadoras o de vigilancia, lograr identificar a Leonard y sus movimientos, para saber cuándo y dónde atacar. Cuanto antes se identifique este punto, será más fácil pues no deberán alimentarse tanto tiempo en las calles del Sabbat. Eso sí, recuerden que cuando ustedes observan, también pueden ser observados. No es tan sencillo como parece, deben tener EXTREMO cuidado de no ser descubiertos”

Aquellos que iban a incursionar, estaban particularmente callados, en realidad, aterrorizados. El salvajismo del Sabbat, la brutalidad de sus manadas era famosa y su incapacidad de diálogo o juicios hacían que un error no tuviera retorno ni solución. Era luchar o huir.

Anabella continuó: “Estuvimos monitoreando a ciertos salvajes que eran más dados al diálogo, pero aún ellos tienen el cerebro tan lavado por las enseñanzas de la secta, que no podríamos ni pensar en sobornarlos o utilizarnos a nuestro favor. Por otro lado, hemos constatado que el Sabbat tiene más número de vampiros en la ciudad dado el conflicto interno, el mismo por el cual se han ubicado bajo tres banderas diferentes, una de ellas, la de Leonard. Por lo que pensamos una estrategia más sencilla: Un señuelo. La noche en la que ustedes incursionen en la ciudad, soltaremos en el otro extremo, cerca de donde está la famosa catedral donde nos contaron que se reúne el Sabbat, un señuelo. Algo pesado. Tenemos pensado una camioneta con explosivos ó directamente enviarle un regalito monetario al comisario de ese distrito para que haga una redada con las fuerzas especiales. De esa manera se creará caos y confusión, dándonos ventana en la noche de la infiltración. La contra de esto, es que luego de ese ataque a su centro de reunión, muy probablemente estén más atentos que nunca. Por lo que ustedes decidan… ¿Prefieren que soltemos un señuelo por sutil que sea o prefieren confiar en su sigilo? La primogenitura sugiere el uso de un señuelo, pero ustedes irán allí, así que les dejamos elección”

El diverso grupo intercambió miradas en las tinieblas, el brillo de sus ojos denotaba algo de incertidumbre, pero se apuró a enfriar los miedos:

“Comprendo que un señuelo bien camuflado no sería rastreado hasta la Camarilla o por lo menos se tardaría más tiempo. Podríamos pedirle al Giovanni que acaba de llegar que junto a los Ventrue piensen en como movilizar a la policía a hacer muchas redadas por toda la ciudad, incluyendo la catedral, como si no fuera apuntado directamente a ellos, sino algo propio de la policía local de allí. De esa manera lo relacionarán con una lucha contra el narcotráfico allí y no con nosotros. Las redadas por toda la ciudad harán que el Sabbat baje un poco el perfil, sobre todo si logramos incluir a la DEA o a alguna entidad influyente, que vaya más allá del poder de fuego que el Sabbat pueda tener, porque si les mandamos una patrulla, los van a despellejar y prender fuego… sería fútil”

“Bien pensado, querido Frank” –dijo Anabella paseándose por el salón y dirigiéndose a Sarah Stuart que representaba a los Ventrue allí- “Clan Ventrue, por favor, encárguense de ese tema, si necesitan más apoyo pueden hablar con el Sr Milliner del Clan Giovanni o con nosotros, veremos cómo podemos ayudarlos, pero son los más indicados para algo así. Denos un tiempo estimado ya que el momento en el que puedan dar esa orden será el momento de la incursión. NO se debe filtrar las razones de los allanamientos a nadie más de su clan, solo movilizarlos para que logren ejecutar el plan, que lo sepan luego si es necesario, pero no antes ni durante, debemos ser precavidos”

Van Holme continuó: “La tercera parte del plan, si han hecho todo lo demás bien, debería ser  la más sencilla y está dividida en dos partes. Ejecución y escape. Aquí la señora Ophelia estará de acuerdo en que no es prioridad el cuerpo de Leonard, sino su destrucción” –y dio énfasis en esas palabras, para que la enana y algo gorda Assamita ni pensara en arriesgar el plan por obtener la sangre del traidor- “Por ello la ejecución puede ser con el uso de explosivos, decapitación o la forma más efectiva que resulte. Ya lo tendrán ubicado, ya conocerán sus movimientos, sus tiempos. Deben ejecutarlo y a tantos de la manada que compone como puedan, pero sólo si están en el mismo lugar, pues la segunda parte del tercer punto del plan es HUIR. Se les caerá el cielo encima y no deben dejar rastros. Yo los aguardaré en este punto del alcantarillado…” –Dijo señalando a un punto del mapa, cerca del punto de entrada- “… pero llegar ahí será como escapar de un tornado. Deben tomar todas sus cosas, intentar no dejar rastros, de ser posible volar en pedazos su refugio  e irse de allí cuanto antes ¿Entendido?”

Hubo murmullos, gestos de aprobación y miradas suspicaces, sonada todo muy lindo, pero a fines prácticos era casi un suicidio. La Toreador habló de una forma que la hizo parece aún más Brujah que Toreador:

“¿Cómo mierda nos iremos de ahí luego de matar a un líder del Sabbat? ¡Vamos a necesitar apoyo! ¡Arriesguen su culo un poco más! No pretenderán que además de todos los demás pasos huyamos por nuestra cuenta… ¡Preparen un helicóptero! ¡Algo! Malditos idiotas”

La primogenitura intercambió miradas y hubo algunos que inclusive rieron ante semejante reclamo. Los vampiros sabían escapar, pero es cierto que al menos la manada entera de Leonard los perseguiría y quizás el resto del Sabbat podría fortalecer las salidas de la ciudad, acorralarlos. Necesitaban una esperanza un poco más real de escape.

“Es cierto” –dijo Anabelle- “Necesitamos darles más garantías dado que se están arriesgando demasiado”  -Miró a todo el grupo y continuó hablando- “Digo que tengamos un vehículo de escape preparado y un lugar seguro donde estacionarlo aquí en caso que los sigan. Un blindado podría ser… ¿Pero cómo lo coordinamos?

 Van Holme habló: “Diría que lo plantáramos de antemano en la ciudad, cerca de la frontera, por las dudas. Lo dejamos estacionado unos días antes, vigilado por ghouls armados y cuando ellos estén por ejecutar el plan envían una señal para ser rastreados por GPS. El vehículo comienza el viaje y ellos comienzan su misión, así cuando la completen el vehículo ya habrá llegado, al igual que si fallan, el vehículo ya estará ahí en el momento y no esperándolos de antemano, ya que podría ser emboscado. Sarah, ¿Podrías encargarte de conseguir el vehículo en secreto? Dí que es para ti y prepara dos de tus mejores guaridas para la misión”

La Ventrue odiaba tener al Brujah dándole órdenes, pero por rango, debía callarse y obedecer. Ya no estaban en la época donde Leonard daba todos los beneficios al clan, rigiendo por entre los “bajos clanes”.

Mientras, el mencionado ex Príncipe, salía de un edificio corporativo, bañado en sangre. La calle estaba vacía y él tenía una sonrisa demoníaca. Había unos pocos de sus soldados de manada, vigilando y ordenando el lugar, donde parecía haber habido una matanza. El hall principal era vidriado y cualquiera podría haber visto u oído la balacera, los gritos de dolor de la recepcionista (ahora colgada por los pies, brotando sangre sobre su escritorio, como un bebedero para los vampiros que se reían y gozaban del manjar) dado que la policía había sido distraída y sobornada para evitar el lugar, así como los mortales de los edificios cercanos cerraron sus persianas por miedo a las represalias. La ley del cañón. Leonard sonrió hacia la calle, como anunciando que ese edificio era suyo ahora. Volvió a entrar dejando la noche de luna brillante detrás y limpiándose un poco de la sangre que le caía por el hombro, dijo a los pocos de su manda que limpiaban, ordenaban y tapiaban el edificio:

“Tenemos nuevo refugio muchachos, la nueva y tecnológica cofradía. Ese idiota debería haber aceptado el trato que le propuse y hoy no estaría siendo despellejado por el Sacerdote para nuestro próximo Ritae. ¿Cómo estamos de tiempo hasta que llegue la policía?”

Uno de sus ‘hermanos’ de manada, delgado y narigón, con un gorro de lana y ropa elegante, pero manchada en sangre y algo rota, respondió rápidamente bajando un celular que llevaba siempre sobre su oído: “Dicen que está llegando en dos minutos. Digo que cerremos el lugar y preparemos algún dinero, así como defensas en caso que quieran entrar”

“Bien” –Dijo Leonard, dándose cuenta que tomar aquél edificio conllevaba un gran riesgo- “Los que están en los demás pisos, que ordenen y limpien todo. Ustedes cierren todos los cortinados, que nadie pueda ver hacia adentro. El lugar va a comenzar una prolongada remodelación. Voy a cambiarme y recibir a los polis”

La policía llegó y rodearon el frente, las luces de los autos, rotando en rojo y azul eran la única luz en la calle, que comenzó a llamar la atención de los vecinos. Luego de encontrarse con el oficial de mayor rango, Leonard le dio la mano y sonriendo volvió adentro. La puerta de gruesas rejas de metal se cerró y la policía, para sorpresa de todos, dio la vuelta y emprendió retirada. Estaba todo listo, las ordenes de dominación, el dinero, los llamados extorsivos. La empresa volvería a funcionar a los pocos días, luego de cerrar por un “intento de robo con víctimas fatales”, pero con el nuevo gerente general bajo el control directo de Leonard, así como un recepcionista ghoul, harían de ese refugio una base de operaciones. Era una combinación de las tácticas de la Camarilla, junto a la brutalidad del Sabbat.

Una de las salas de reuniones juntó a toda la manada y el sacerdote presidió un Auctoritas Ritae, donde se combinó la sangre de todos en una gran fuente de metal, mientras se leían pasajes del Libro de Nod. Los cuerpos de varios empleados colgaban del cielorraso de la oficina, algunos desmembrados, otros despellejados, otros decapitados, llenando con el brotar de su sangre, las copas de los festivos miembros de la Espada de Caín.

“Es el inicio de una ciudad más combativa. Es el inicio de un Sabbat más orientado a la dominación. Intenté ayudarlos desde mi lugar en la Camarilla, pues los líderes que tenían antes parecían no querer avanzar, pero ahora les mostraré el camino hacia la verdadera Jihad, tomaremos ciudad tras ciudad hasta dominarlo todo y cuando esos Antediluvianos lleguen, ¡se encontrarán en el mismísimo INFIERNO!”

Los vítores sonaban como rugidos, con colmillos afuera, gritos desaforados, golpes a la mesa y puños en alto. La noche era de festejo y la guerra se desataría en tan sólo algunas noches.

La Camarilla, tenía a un grupo reducido pensando en cómo terminar con ese legado de terror de Leonard. Detenerlo en territorio Camarilla había sacado lo peor de él, habían desatado a su verdadera bestia y sus peores instintos. El grupo terminaba la noche de planes y estrategias, pero volverían a reunirse para los detalles finales, en territorio vigilado por los Gangrel, donde se llevarían las armas, el equipo, las indicaciones, los mapas y todo lo necesario. Luego ya no habría marcha atrás.

“¿Crees que funcionará?” –Preguntó Ed al ancillae Patrick, cuando ya no había más vampiros junto a ellos- “Digo… ¿Crees que saldrá todo tan organizadamente como Van Holme ó Anabella dicen?”

El Gangrel de gran tamaño llevaba algunos animales que lo seguían, un perro sucio, algunas aves que silbaban suavemente por la noche y roedores de campo. Les lanzaba comida y parecía dialogar con ellos en silencio. Hizo una larga pausa y luego observó al neonato que siempre había sido tan fiel a su clan.

“Mira Ed, creo que es una locura, pero una locura inesperada para Leonard. He ahí, la pequeña posibilidad de que funcione perfectamente. No te dejaré solo, pero debes saber que la estructura de poder de esta ciudad está en que cada primogénito cuide su dominio, por ende no puedo ofrecerte demasiada ayuda. Haremos inteligencia, los animales te llevarán información si necesitas, madre Gaia será amigable con tus intentos, pero no puedo prometer que la sombra del Sabbat no caiga sobre todos nosotros, por ende… ve con mucho cuidado”

Ed repasó el plan en su cabeza. Si se hacía todo con cuidado, podría salir bien. Pero sospechaba que había una pieza fuera de lugar que podría desestabilizar todo. Era una intuición, ya que realmente no tenía pruebas de nada. Quizás tantos años de ser desconfiado ya se habían vuelto una costumbre, nublándole el juicio. El mundo de tinieblas turbaba las mentes y los vampiros eran los primeros candidatos a perder la cordura moviéndose entre tantas sombras.

Llegó finalmente la noche donde se reunió todo el grupo en uno de los pasillos que llevaban a los baños y vestuarios de la feria abandonada. La noche era particularmente fría y el viento silababa por los túneles, moviendo cortinas harapientas con arandelas de metal, abriendo y cerrando puertas que chirriaban oxidadas, así como sacudían lonas colgantes de lo que alguna vez había sido una divertida feria para grandes y chicos. La oscuridad afuera era total, pero allí en ese pasillo tenían aún funcionando varios de los focos del techo, que daban una luz amarillenta, algo lúgubre, pero suficiente para organizarse a escondidas.

Allí estaban los seis. Frank llevaba una máscara, maquillajes y una mochila con ropa variada, para ayudar su acto de ‘Máscara de las mil caras’, así como un cuchillo, herramientas, una netbook y varios cables que estaba enrollando mientras veía llegar al resto. Ed en cambio cargaba su revólver y contaba las municiones extras para él y para el resto del grupo, agrupando por calibres en cajitas que luego distribuyó en las mochilas de los demás. Ana Watson llevaba un gran celular que los guiaría por GPS a través de la ciudad, además, era la que llevaba más bolsas de plasma para alimentarse sin salir a cazar, todos llevaban una dosis personal por si debían dividirse, pero ella llevaba un pequeño congelador con el plasma dentro. Duraría al menos un par de días. “Black Death” Terrel en cambio llevaba dos pistolas automáticas, una sub-ametralladora, municiones extra, varias granadas, una navaja mariposa y algunos otros elementos para derribar puertas y juegos de ganzúas. Parecía listo como un comando de SWAT. La Assamita gorda llevaba un bolso gastado con quien sabe qué, solo relucía el mango de una daga que parecía con el mango tallado a mano. Luka Hazlic iba liviano de equipaje, pero llevaba su cuchillo de guerra, así como una pistola semi-automática 9mm, su bolsa de plasma y pocas cosas más.

A medida que fueron llegando todos, Frank terminó de cerrar una sus mochilas y llevándola a su espalda curvada, dijo al resto desde detrás de la máscara:

“No somos un grupo de amigos, pero ahora nuestras no-vidas dependen de cada uno de los presentes, por ello he de pediros respeto, atención y cuidado en todos sus movimientos. Un impulso, un instinto fuera de control y podríamos ser sacrificados todos de la peor manera. Si llega a haber disputas internas por decisiones, guárdenlas para el regreso, háblenlas conmigo, pero no iniciemos un fuego entre nosotros que luego nos incendie a todos. Nos metemos en las fauces del lobo, así que debemos estar unidos para no permitir que se cierre sobre nosotros. ¿Entendido?”

Todos asintieron, a pesar del carácter rebelde de todos los presentes, el riesgo que suponía aquella empresa, hacía que un respeto superior surgiera entre todos. Con las mochilas a cuestas y el equipo en mano, caminaron fuera de la feria. El viento sonaba como un coro de demonios, afilándose contra los bordes de los oxidados juegos o las paredes de los depósitos que alguna vez tuvieron material para entretener a miles de adultos y niños.

La desolación era total y a los pocos metros fuera de la feria, ya caminando sobre el pasto de los campos de los Gangrel, se les unió Patrick y luego, Anabella. Esta última dijo:

“Manténganse en silencio, manténganse unidos y quietos, con mi poder los llevaré entre las tinieblas hasta el punto de despacho… Allí comenzará realmente su misión. ¿Tienen todo? Apaguen o silencien sus malditos celulares…” –intentó sonreír cuando lo dijo-

Susurrando, Frank respondió que sí, también intentando sonreír, para luego hundirse de nuevo en un silencio tan sepulcral, que todo el trayecto pareció una marcha fúnebre junto a la Princesa de la ciudad.

Bajaron al subterráneo, pasaron por todos los controles de seguridad del clan Nosferatu y atravesaron la frontera de la ciudad por debajo. Era un único acceso al sur, restringido y sellado, que había sido desbloqueado solo por aquella noche. Ellos eran sombras y no llamaban la atención de nada ni de nadie.

Llegaron al ‘punto de despacho’ y Anabella con voz susurrante les dijo: “Hasta aquí llegamos nosotros. Ustedes cinco serán más que recompensados cuando vuelvan de esta terrible misión. Sepan que es heroico para un puñado de vampiros enfrentar a alguien con el poder de un Príncipe en medio de un territorio dominado por el Sabbat y que estas acciones serán grabadas en piedra en el Elíseo y resonará en los Elíseos de todo el mundo. Si la misión se les va de las manos, reagrúpense y utilicen el plan de escape. ¿Entendido? Una cosa son héroes y otra muy distinta son estúpidos inconscientes. Servirán más aquí con un fracaso que allí con incertidumbre. Sean valientes, pero también astutos”

Se repasó el plan una vez más, con todas las acciones en caso que algo saliera mal, en cada etapa del plan. Además, se sincronizaron los relojes para disparar los señuelos policiales en horarios coordinados y demás acciones que debían tomar para hacer la entrada a la ciudad más sencilla.

Se despidieron y a medida que la antigua Nosferatu desaparecía en la oscuridad junto a otros que la habían acompañado, se sintieron cada vez más solos, más vulnerables. Cada ladrillo bañado en musgo verde sucio parecía estar observándolos. Sintieron terror por un momento y esperaron cinco minutos, como habían pactado. Al cabo de los cinco minutos, la policía ya debería haber sido enviada por  los Ventrue y el Giovanni, buscando drogas, armas y con redadas en todo el territorio central del Sabbat. Quizás no los afectara directamente a los vampiros, pero sí a sus secuaces mortales, ghouls y muy probablemente entorpecerían y distraerían a los monstruos de la secta rival.

El silencio allí, solo con débiles y lejanos sonidos del correr del agua cloacal, era abrumador. Cada paso de ellos, resonaba varias veces en el eco de los oscuros túneles. Para pesar de Frank, no había ratas en esos pasillos subterráneos, por lo que solo las que lo seguían conversaban con él.

La Assamita se adelantó unos pasos (sorprendentemente muchos notaron como su andar emitía poco o ningún sonido) y haciéndoles un gesto les dijo susurrando: “Miren el plano, cuando estemos cerca de una zona con posible población o vigilancia, utilizaré mi sangre para ocultas nuestro sonido, pero deben permanecer juntos…”

El poder de los Assamita era legendario. Corrían las leyendas del frío silencio que rodeaba a las víctimas de estos asesinos, pero jamás lo habían experimentado en carne propia. Aún utilizado a su favor, era aterrador.

Varios cientos de metros luego de recorrer un túnel solitario, llegaron a un cruce entre varios pasillos. Allí era más probable encontrar algún que otro operario de seguridad, muy probablemente vigilando o muchísimo más probablemente, durmiendo. Pero no podían arriesgarse, por lo que la Assamita elevó su mano y haciendo un gesto hacia abajo, como si cortara el aire con su mano derecha, los sumergió a todos en un profundo y aterrador silencio.


Capítulo 7: La ciudad del caos

Un joven vampiro chilló mientras atravesó un vidrio, cayendo sobre algunas cajas de madera. El lugar, un viejo taller que parecía abandonado, tenía muchos hijos de Caín distribuidos por todo el lugar, algunos de un lado, amontonados, otros de pie, formando una pared de vigilancia y algunos cuidando el perímetro. Leonard había golpeado al joven vampiro, que se levantaba con dificultad, pero en cuanto se puso de pie, se lanzó sobre Leonard en absoluto frenesí, babeando sangre, mostrando sus colmillos y rugiendo.

Leonard pareció deformarse y convertirse en un monstruo también cuando ante la avanzada, rugió a su oponente, de una forma tan atroz que resonó en todo el lugar y nadie puedo evitar mirar con cierto temor. Su atacante se había paralizado y mientras Leonard se le acercaba, el joven cainita se fue arrodillando cada vez más, hasta quedar de manos y pies en el piso. El Ex Principe, ahora Ductus caminó hasta él y le puso un pie en la cabeza.

“No necesito tu muerte definitiva, pero la traeré si es necesario. ¿Cómo es que se nos metió la policía en el refugio? ¡Eras el encargado de vigilar las inmediaciones, el movimiento policial!”

El vampiro pareció calmarse de su frenesí y casi temblando respondió entre titubeos: “Llegaron de todas partes, no hubo órdenes por radio, fue un comisario que llamó rápido a todos los comandos… pero pudimos sacar a todos nuestros hombres a tiempo…”

“Sí” –repondió Leonard- “Pero perdimos dos refugios, armas y ahora estamos mucho más vigilados por estos asquerosos mortales con uniforme. ¿Qué dices tú José Ruiz? ¿Respondes por él?”

El Malkavian Antitribu que respondía a ese nombre tenía una enorme sonrisa y una mirada perdida que eran absolutamente inquietantes, hasta para el más inhumano de los vampiros. Sus sonrisa no amainó, hablando con agudez: “Merece su castigo, pero debería dárselo yo, no tú mi querido ex Camarilla”

El lugar entero parecía que iba a estallar en una guerra. Las tres manadas más poderosas de la ciudad, la dirigida por “Diamond” el Lasombra, la dirigida por José Ruiz, el Malkavian Antitribu y la manada de Leonard parecían estar al borde de estallar. Decenas de metralletas desenfundadas, cuchillos, garras, ganchos y hasta explosivos se combinaban allí, podría ser un desastre.

Leonard hizo un gesto con la mano, que detuvo el vociferar de su manada, enderezándolos. Recobró la compostura y dijo: “Bien José Ruiz, te doy la derecha. Tienes razón. No debo ser yo quien lo castigue, pero si alguien de tu manada pone en riesgo a toda la ciudad, creo que deberías analizar mejor a tus unidades. Por mi parte, mi pasado en la Camarilla no es de tu incumbencia dado que he demostrado más valía para la secta en este poco tiempo que tú en tus años de supuesta entrega…”

La manada de José Ruiz pareció estallar y avanzaron, entre rugidos, brazos en alto y el sonido de balas siendo depositadas en la recámara, listas para dispararse.

Jose Ruiz se dio vuelta, hizo un gesto a su sometido Pander que se ponía de pie poco a poco sin subir la cabeza, dado que aún no podía combatir la imponencia de Leonard. Este se reagrupó junto a su manada y cuando cada uno estuvo a punto de irse, “Diamond” habló:

“Esta movida no es casual. Creo que la Camarilla intenta intimidarnos pero no se animan a atacar. Eso solo reafirma su debilidad” –la voz del Lasombra parecía hecha para la oratoria, a medida que hablaba su tono se elevaba y hacía hervir la sangre de sus hermanos- “En cambio nuestra reacción debe demostrar nuestro poderío, nuestra bravura. Demostrarles que pronto su débil ciudad será dominaba por nuestra secta. Me reuniré con todos los Ductus de la ciudad esta misma noche mientras nos dedicamos a investigar cómo fue orquestado este patético golpe a nuestro territorio. Una vez reunidos, definiremos qué sectores de la ciudad del norte atacará cada manada, utilizaremos inteligencia y quiero que al menos una de las más recientes manadas se gane su valía en la secta, visitando al enemigo en su propia casa. Necesitamos información y necesitamos generarles terror. Quiero ver todo eso esta misma noche, listo para caer ¡COMO SOMBRAS INFERNALES SOBRE SUS MALDITAS ESPALDAS! ¿¡ENTENDIDO!?”

Todos los hijos de Caín respondieron al unísono, menos Leonard que no era de dejarse llevar por liderazgos ajenos, pero sí asintió y reagrupó a los suyos. Dividiéndose en distintos autos y volviendo cada manada a sus respectivos territorios.

Debajo de sus pies, se movía el silencioso grupo de seis vampiros, cinco de la Camarilla y uno independiente, contratado para la misma misión: Eliminar a Leonard. Era un símbolo, pero además su ímpetu y sed de venganza hacían necesaria la intervención antes que pudiera reagruparse demasiado pronto y con demasiada fuerza.

Llegaron a la salida clausurada por la que llegarían a la superficie luego de una extensísima escalera de piedra mohosa. La salida daba a un sector del departamento de sanidad, que no se utilizaba desde hacía ya muchos años. Convirtiéndose en una de las zonas más plagadas de vagabundos. Cuando la manada salió, se mantuvo con perfil bajo e intentando camuflarse cada uno a su manera, evadiendo rápidamente a los sin techo que venían a pedirles dinero o a preguntar quiénes eran.

Por fin habían llegado. Estaban en la superficie. Cualquier caminante podía ser un Sabbat y esa idea los traumatizaba en cada paso que daban. Intentando no llamar la atención, miraban a un lado y al otro, buscando por ojos espías, cámaras o lo que pudiera descubrirlos.

Doscientos metros más lejos, llegaron al primer punto de descanso: Un bar clausurado por un incendio. Era el único punto que la inteligencia Nosferatu había considerado como “seguro”. La clausura era reciente, había sido borrado de los documentos del estado, sus planos alterados y la zona no tenía movimiento comercial, por lo que no se afectaría el lugar en absoluto.

Allí se abrieron paso a través de las cintas de clausura, forzaron la puerta que aún permanecía intacta, aunque con el negro del fuego que había crecido allí y se metieron, forzando la puerta detrás para que otros no pudieran abrirla igual de fácil. La primer parte del bar estaba algo derrumbada, por lo que aún la luz de luna entraba y de día eso lo calcinaría, por lo que fueron detrás de la barra, a la parte de la cocina, donde cada uno se hizo un espacio donde desempacar, luego de revisar cualquier posible entrada, por seguridad. Descansaron y revisaron el plano de la ciudad, así como los pasos siguientes de la misión.

“Lo estamos haciendo muy bien. Deberíamos poder seguir esta misma noche hacia el siguiente punto, en el área central del Este de la ciudad. Allí deberíamos conseguir el refugio definitivo. La tienda de productos de construcción está abierta toda la noche, ganaremos tiempo y levantaremos menos sospechas si trabajamos por la noche… Ophelia, ¿Tu podrías utilizar tu poder allí donde queramos construir? El silencio será nuestro mejor aliado para no levantar sospechas… alguien construyendo por la noche no es lo más habitual, pero con tus dones podemos ganar tiempo y hacer la diferencia” –Frank parecía rogar por la ayuda de la Assamita, que le respondió asintiendo de inmediato, para alivio de todos-

Terrence, el agresivo Brujah que se había mantenido en silencio todo este rato, dijo: “No vamos a dedicar demasiadas noches a construir, yo digo que no perdamos tiempo, ubiquémoslo y luchemos contra él cuanto antes…”

“Comprendo tu apuro Terrence” –respondió Ed mientras probaba el martillo de su pistola para cerciorarse que no se atascara en un momento imprevisto- “Pero debemos hacer una buena base. No es un lugar donde podemos correr con las armas en alto. Debemos observarlo, ir y venir por algunas noches hasta que en alguna podamos emboscarlo. Sé que no es tu método, ni el de Luka, pero es el método que necesitamos ahora. Habrá combates amigo, habrá sangre, te lo prometo…”

El Brujah rió como si le hubieran contado tremenda broma y arrojó sus brazos de forma divertida, como diciendo “así se habla”. Luego se dio vuelta y revisó su equipaje. Tenía algo de hambre y fue el primero en beber de las bolsas de plasma, haciendo caras de horror como si estuviera tomando veneno.

Luka Hazlic no hablaba, ni demostraba emoción alguna, al igual que la Assamita que luego se quedó conversando los detalles de la construcción con Ed y Frank.
Ana Watson en cambio, recorrió el lugar, intentando descubrir cómo se podría haber iniciado aquél incendio en el cual ahora estaban descansando. El salón principal del bar, donde aún había sillas bajo los escombros de losa y madera, era grande y la única luz que tenía era la de la luna, a diferencia de la cocina en la cual habían podido encender luces de emergencia, que funcionaban con baterías. Suficiente para verse las caras. Pero ese salón principal tenía todo un sector derrumbado, lo que demostraba el calor excesivo que debía haber quemado las paredes y las vigas del techo. Las maderas carbonizadas crujieron cuando ella las movió, pero muchas aún seguían húmedas de cuando fueron rociadas por los bomberos. La barra del bar tenía la mayor parte de las botellas rotas, el piso pegajoso que hacía que sus botas sonaran a crujidos en cada paso, junto a los vidrios. Observó todo el lugar y no pudo saber qué había causado aquél incendio. Terrence el Brujah se unió a la recorrida de la Toreador, pero casi sin hablar, hasta que ella lo hizo:

“Tú eres fuerte, ¿Verdad?” –su sonrisa era atrevida, aunque no demostraba sensualidad, sino más bien, picardía-

“Depende para qué. ¿Qué necesitas?” –Respondió parcamente el Brujah, sintiéndose puesto a prueba por la joven vampiresa-

“La caja registradora parece algo chamuscada, pero no veo que la hayan abierto… ¿Podrías?”

No completó la frase, que el Brujah dio un fuerte golpe al cerrojo de la caja registradora, abriéndola. Había buen dinero allí, que se lo repartieron entre los dos.

El ruido atrajo la atención de los demás, que rompieron su reunión de organización para la construcción del nuevo refugio en pos de atender al disturbio.

Frank se enfureció con los neonatos que por unos billetes hacían ruido y con un gesto furioso les pidió silencio. Les dio un sermón sobre la importancia de la misión y luego volvieron todos a la cocina, apuntando con linternas el camino en el mapa que debían seguir para llegar al próximo destino. Era un trayecto largo y si hubieran podido, todos hubieran tragado saliva, pues sabían que era internarse cada vez más, en territorio Sabbat.

Al finalizar la noche,  mientras ellos se refugiaban con seguridad quizás por última vez, en su ciudad de origen, se desataba un pequeño caos.

El guardia de seguridad recibió dos de los más de diez disparos que le dedicaron, sacudiéndose mientras caía sobre los vidrios rotos de su cabina de peaje. Otros dos policías se cubrieron y dispararon contra los salvajes que se habían bajado del auto en cuanto se los detuvo en la barrera, abriendo fuego sin mediar palabra.

La balacera era desigual, uno de los vampiros que se había bajado del auto caminaba sin problemas de frente a los policías, asesinando a uno de ellos atravesándole la cabeza de un balazo, quitándole parte del cráneo, salpicando vitae fresca en todas direcciones. El vampiro asesino también recibía algunos disparos, pero que no lo hacían caer. El agente que quedaba con vida se aterró, pero no pudo hacer más que esconderse detrás de la cabina del peaje y esperar su inevitable final. Los vampiros lo rodearon con rostros satánicos y lo devoraron entre los cuatro, mientras el mortal se sacudió cuanto pudo, hasta morir y ser vaciado por completo. Cadavérico y seco, quedó tumbado entre vidrios, sangre y sonidos de alarmas. Otros autos de civiles horrorizados se detuvieron y ya habían llamado a la policía, por lo que las sirenas se escucharon a lo lejos, acercándose con velocidad. El Sabbat entraba a la ciudad, con su sello típico del terror.

Continuará...

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